¿Cómo impacta el coronavirus entre los inversionistas?

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Las empresas con un crecimiento menos vulnerable al ciclo económico mundial deben reforzar posiciones vulnerables, afirma especialista

Didier Saint-Georges
Director gerente y miembro del Comité Estratégico de Inversión de Carmignac

Ofrecer una respuesta al desafío al que se enfrenta el inversor ante la propagación del coronavirus puede parecer tan inapropiado (es, ante todo, un tema de salud pública) como presuntuoso (los inversores no son epidemiólogos).

Sin embargo, la cuestión es ineludible. Cada cual habrá podido establecer numerosos paralelismos con la crisis de 2002-2003 provocada por el virus del SARS; constatar que al desafío médico se suma otro de índole económica nada desdeñable y que constituye un verdadero rompecabezas para los inversores.

En este caso, la comparación está menos justificada que nunca, dado que ambas situaciones, separadas por un intervalo de 17 años, son profundamente diferentes.

En primer lugar, porque, las autoridades sanitarias en casi todo el mundo, en particular en China, han avanzado mucho en la curva de aprendizaje para la gestión de una situación de esta naturaleza; además porque la envergadura de la economía china, su integración en el comercio mundial, el peso de sus actividades de consumo y el incremento de la movilidad dentro del país han cambiado radicalmente.

Para los inversores, la primera tentación de buscar refugio responde no a la incertidumbre, sino a la imposibilidad de cuantificarla.

Riesgo incuantificable

La incertidumbre es el pan de cada día de los mercados y no hay nada más necio que decir: “a los mercados no les gusta la incertidumbre”. Esta última constituye la razón de ser de los mismos, que prosperan en un ejercicio permanente de previsión incierta del futuro.

Lo que a los mercados “no les gusta” es el riesgo que no puede cuantificarse, es decir, aquel que, en ciertas circunstancias, podría cambiar por completo de dimensión y escapar a cualquier previsión.

Este es el problema al comienzo de una epidemia: la imposibilidad de cuantificar que la emergencia se transforme en pandemia. Sin embargo, es el contexto en el que se está produciendo esta enfermedad, lo que importa a los inversores.

El repunte de los mercados de renta variable desde los mínimos del verano de 2019 se había visto motivado por una mejora simultánea de los tres catalizadores de los que tradicionalmente depende el rumbo de los mercados.

Catalizadores del mercado

En primer lugar, en el ámbito económico se manifestaron en el segundo semestre del año los primeros indicios de una estabilización del crecimiento, tanto en China como en Europa.

Posteriormente, los bancos centrales, con la Reserva Federal a la cabeza, reactivaron políticas monetarias abiertamente expansionistas mediante tipos de interés de referencia en niveles muy bajos y el regreso a la “relajación cuantitativa”.

Por último, la confianza de los inversores se había beneficiado principalmente del final, si bien temporal, de la escalada proteccionista entre Estados Unidos y China.

Así, esta tríada basada en la economía real, la liquidez y la confianza experimentó un refuerzo considerable, lo que explica que los mercados de renta variable a escala global registraran una rentabilidad espectacular desde septiembre.

Catalizadores en crisis

Esta rentabilidad ha situado las valoraciones en un nivel vulnerable ante un nuevo debilitamiento de la famosa tríada. Hasta el momento, el catalizador de la liquidez se ha mantenido intacto, lo que constituye un antídoto potente frente a una corrección masiva de los mercados.

En cambio, la aparición del virus ha deteriorado de forma notable el catalizador de la confianza y este último podría verse aún más erosionado si el proceso de destitución del presidente estadounidense, con independencia de que su desenlace no ofrezca la menor duda, empañara la imagen del candidato republicano a ojos de los indecisos mediante la retransmisión en directo en las cadenas de televisión estadounidenses de un gran número de críticas y bien argumentadas en su contra.

Al mismo tiempo, va tomando forma la perspectiva de un avance del candidato demócrata Bernie Sanders, cuya popularidad en los estados decisivos (los denominados «swing States» o estados bisagra) podría poner en una situación incómoda a Trump.

Queda el catalizador del crecimiento. Lamentablemente, cuanto más eficaz es la actuación de las autoridades chinas para frenar la propagación del virus poniendo en cuarentena a millones de personas —lo cual se hizo tarde y escasamente en 2003—, más aumenta en el horizonte inmediato el riesgo de una drástica ralentización de la actividad económica en China, aunque a cambio de un regreso a la normalidad más rápido. El arbitraje se sitúa a medio camino entre la intensidad de la desaceleración y su prolongación en el tiempo.

Conclusión

Así, la cuestión para el inversor en renta variable no se reduce a cómo reaccionar a la información que le llegará cada día sobre la progresión de la epidemia, sino que obedece a una situación compleja de abordar, que amenaza con arrebatar a los mercados bursátiles, al menos temporalmente, dos de sus tres catalizadores de rentabilidad.

Finalmente, parece razonable responder aprovechando cualquier retroceso para reforzar las posiciones en empresas con un crecimiento menos vulnerable al ciclo económico mundial y recoger beneficios de manera cautelar en las demás.

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