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México, a nadie le gusta un Ángel caído

Por: Colaborador 22 Jun 2020

No debemos permitir que México pierda competitividad y se extravíe en la búsqueda del desarrollo, comenta Armando Nuricumbo Armando Nuricumbo Miembro del Consejo Editorial de […]


México, a nadie le gusta un Ángel caído
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No debemos permitir que México pierda competitividad y se extravíe en la búsqueda del desarrollo, comenta Armando Nuricumbo

Armando Nuricumbo
Miembro del Consejo Editorial de Mundo Ejecutivo y socio director de la firma de consultoría Nuricumbo + Partners
www.nuricumbo.com

“Si fallas en prepararte, te estás preparando para fallar.”
Benjamin Franklin

Desde un punto de vista financiero, un Ángel caído (Fallen Angel) se refiere a un emisor de deuda que tuvo grado de inversión en algún momento, pero que, posteriormente, lo ha perdido y ha caído a grado de bono o inversión basura.

La razón principal por la que un emisor se convierte en Ángel caído es por malas decisiones gerenciales, mal manejo de su modelo de negocio, pérdida de clientes que se traduce en menores ingresos, menores ingresos que se traducen en menores flujos de efectivo y mayor riesgo de incumplimiento frente a sus obligaciones comerciales o financieras. Hay Ángeles caídos a nivel de instrumentos financieros, de empresas públicas o privadas, municipios, estados o incluso países.

No es un país para invertir

Esta semana tuvimos la lamentable noticia de que México ha salido de la lista de países más atractivos para recibir Inversión Extranjera Directa (IED), según el Índice de Confianza de Inversión Extranjera Directa que publica cada año la firma consultora Kearney.

Este resultado no debe de sorprendernos, pero sí, a los empresarios, de ponernos en máxima alerta. Todos sabemos los enormes retos que enfrenta nuestro país: estado de derecho débil, crisis de seguridad pública que lleva ya casi dos décadas y que no tiene perspectiva de solución en el corto plazo, grandes carencias en el sector educativo, corrupción inaceptable e insultante, así como una terrible disparidad en la distribución del ingreso.

El panorama empeora cuando le agregamos una reprobable polarización política, mucha ideología con poco pragmatismo, obsesión por ver al pasado en lugar de ver al futuro (populismo nostálgico), y cambio de las reglas del juego a la mitad del camino. En resumen, nos estamos volviendo expertos, justo en lo que deberíamos de evitar, generar incertidumbre y dudas sobre el rumbo de México y la racionalidad en el diseño de políticas públicas.

IED y el crecimiento  económico

La inversión extranjera puede ser de dos tipos, de portafolio o financiera, que es la que se dirige a invertir en bonos o acciones de emisoras mexicanas, y la directa, que es incluso aún más importante, ya que genera empresas, procesos productivos, empleos y crecimiento económico.

No es coincidencia que los estados que han sabido captar mayor IED, como: Querétaro, Nuevo León, Guanajuato, sean también quienes encabezan la lista en ingreso per cápita y crecimiento económico. Se espera que en 2020, México reciba 19 mil 241 millones de dólares por concepto de flujos de IED. Sin embargo, esta cifra estará muy por debajo de lo que el país ha alcanzado en el pasado.

Según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), durante el período 2013-2018, México alcanzó un promedio anual de 35 mil 330 millones de dólares de IED.

En contraste, en ese mismo período Holanda, un país mucho más pequeño que México, con una economía que no es ni emergente ni tiene la cantidad de recursos naturales o humanos que tiene México, pero que sí tiene estabilidad, certidumbre, tecnología, innovación y respeto al Estado de derecho, se llevó 80 mil 045 millones de dólares al año.

Certidumbre y credibilidad

No debemos permitir que nuestro país se convierta en un Ángel caído. No debemos permitir que México pierda competitividad y se extravíe en la búsqueda del desarrollo. Así como el poder económico no debe de estar por encima del poder político, las decisiones económicas de largo plazo no deben estar sometidas a la mezquindad política de corto plazo.

En la medida en que no seamos capaces de generar certidumbre y credibilidad, cada vez será más difícil convencer a empresas multinacionales a que vengan a arriesgar su capital en México, y eso serán pésimas noticias para todos.

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