El día de mañana en el mundo del coaching

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Metodología difusa y sin definir, superficialidad del método, resultados sólo a corto plazo y el posible impacto negativo en las personas por trabajar aspectos emocionales, preocupan a los profesionales

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Metodología difusa y sin definir, superficialidad del método, resultados sólo a corto plazo y el posible impacto negativo en las personas por trabajar aspectos emocionales, preocupan a los profesionales

FRANCISCO J. FERNÁNDEZ FERRERAS*

Las crisis dejan escenas pintorescas y contradictorias para la galería. Las cadenas de comida rápida aumentan sus beneficios mientras conocidos restaurantes de reconocido prestigio y larga trayectoria cierran. Las líneas aéreas de bajo costo presumen cuentas de resultados mientras que las tradicionales luchan por reinventarse y mantenerse a duras penas en números negros. Sin embargo, el mal llamado sector del lujo continúa con sus crecimientos de 2 dígitos en los últimos años en “subsectores” tan dispares como automoción, retail o inmobiliario.

¿Dónde se posiciona el coaching? O quizás mejor ¿dónde nos posiciona el mercado? ¿Somos un producto de consumo masivo o algo más elitista pero con alta penetración? ¿Tenemos una marca fuerte? ¿Hay algún lugar común donde queremos llegar o acabaremos siendo un servicio “corcho” que llegará donde la corriente nos lleve, siempre flotando?

Mucho se habla del coaching para bien y para mal. Mi aproximación a este tema fue desde el boca-oreja en las áreas de personas (o de recursos humanos para los que se consideren recursos). Decidí que la mejor manera de conocerlo era profundizar con expertos en la materia y cuando me di cuenta, me estaba certificando como coach.

Desde entonces, además de trabajar como tal con personas en el entorno empresarial, he continuado leyendo y hablando con diferentes profesionales de y sobre el coaching, y creo que hay que abordar una serie de cuestiones desde ambos lados del mostrador.

A mi modo de ver, hay 3 elementos que “preocupan” a los que tienen una relación más o menos intensa con esta disciplina, es decir algunos con conocimiento de causa y otros “de oídas” o porque pasaban por allí: una metodología difusa y no claramente definida, superficialidad del método y resultados sólo a corto plazo y, por último, el posible impacto negativo en las personas por trabajar aspectos emocionales. Vamos a ir uno por uno.

Hablemos del primero. Los ingenieros tenemos la etiqueta de estructurados, cuadriculados, metodológicos. El hecho es que la mayoría lo cumplimos, aunque también otros y otras con otro tipo de formación, forman parte de la misma cofradía. Analizándolo objetivamente, el coaching tiene dos facetas. Por una parte, el proceso está claramente definido con unas etapas nítidas, incluso con una procedimentación que sorprende cuando se conoce por el detalle de la misma. Hay pautas para desde cómo presentarse al coachee y cómo y qué explicarle de lo que viene a continuación, como para el proceso de seguimiento y cierre.

Ahora bien, estamos hablando de personas, no de tornillos de cabeza Allen DIN 912. No veo que la metodología del coaching esté más difusa que la que se utiliza para definir un Plan Estratégico, la que se pone encima de la mesa cuando se realiza un proceso de evaluación o la necesaria para explicitar la cultura de una empresa. No lo veo. Si hay intangibles, aparecerá la parte artesanal, que además es la que le da valor.

Vayamos con el segundo. Los resultados a corto plazo son más fáciles de comprobar por razones obvias. En coaching los hay cuando se produce una sintonía entre los objetivos del coachee y el espejo del coach. Normalmente estamos hablando de 6 u 8 conversaciones de unos 90 minutos con personas maduras, formadas y con nuestros carros de manías, fobias, filias, prejuicios y demás obstáculos. Una determinada conducta puede ser redirigida a partir de este proceso. Si estamos esperando que alguien cambie mucho su forma de ser después de estos encuentros y del trabajo realizado entre ellos es que hemos generado unas expectativas excesivas. Si es así, mal hecho. Si el proceso es más profundo (en fondo y en duración) sí se puede generar una transformación personal. Los buenos coaches pasan por ella. Lo notas en tu proceso de formación y luego lo transmites en tu relación y trabajo con tu coachee.

El tercero claro que puede ocurrir. Estas tratando con personas, personas que te cuentan cosas íntimas, personales, que se sinceran contigo. Si lo hacen es porque creen que les puedes ayudar, ayudar a que ellos y ellas consigan lo que se proponen lograr. Aquí no hay recetas mágicas, no hay consejos, hay reflejo y posibilidad de ver otra perspectiva. Y por eso puede ocurrir, porque hablan dos personas que confían: una en recibir toda la información o al menos la suficiente y otra en que hay otra manera de enfocar eso que se le ha atragantado. Lo mismo puede ocurrir entre un responsable y un colaborador o entre un par de amigos. Y siempre hay irresponsables.

Y aquí me gustaría remarcar algo que creo que ayudará a que, si es que ocurre, se minimice. Las crisis generan necesidades y en el coaching parece como un otoño bien llovido en un pinar, que se llena de setas. Aparecen “profesionales” por todos los sitios que, como diría mi abuela, les da igual 5 que 50 pero tanto desde el punto de vista del que ofrece como del que demanda.

Para empezar, el coaching debe asociarse a algún tipo de plan de desarrollo profesional como una herramienta más para cubrir las diferencias entre el nivel objetivo de una competencia y la situación real. No vale para todo ni para todos. Tiene que tener un marco de actuación. Si las sesiones se sujetan en el aire, los resultados se los llevará también el aire.

También estoy de acuerdo en que para conseguir objetivos dentro del entorno profesional sea condición necesaria tener unos elevados conocimientos técnicos del proceso de coaching. Pero ser un buen coach ejecutivo es algo más. La suficiencia la da la afinidad con el coachee de su entorno profesional. Creo que es muy importante que se tenga el mismo lenguaje que la persona que se va a abrir a ti porque empatizará antes y os entenderéis mejor.

Para terminar, el sector debe tender a una homologación y homogeneización de nivel de servicio ayudándose de certificaciones que garanticen un mínimo. Hay organismos que lo hacen ya (a nivel internacional, por ejemplo, tenemos a ICF, ICC, IAC y ECI). Evitar el intrusismo y separar la paja del grano va a ser imprescindible para posicionar el coaching donde tiene que estar, como algo serio, profesional y controlado. Luego si alguien quiere ir a ponerse botox y lo hace en una peluquería en vez de en una clínica con un médico estético acreditado por el Colegio de Médicos, es problema de cada quien.

En la película de Roland Emmerich “El día de mañana”, el climatólogo Jack Hall predice y advierte sobre un repentino cambio climático a escala mundial debido al calentamiento global. La inercia del planeta era ya incontrolable y la película nos deja unas imágenes impactantes sobre el tamaño de la catástrofe. No sería inteligente dejar generar esa inercia en nuestro negociado. Mucho mejor sería que ocurriese más a menudo lo que vi el otro día en la última gala televisada de los Premios Anuales de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, los más conocidos como Premios Goya, en la que al menos dos actores premiados dieron las gracias por el éxito logrado a sus equipos, a sus familias y a sus coaches.

*Socio Responsable proyectos de consultoría en Organización y Personas, Everis Executive Coach ACTP