El emprendimiento está cambiando

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El reto ahora es apoyarse en todas las herramientas online que existen, quien lo haga, tiene más probabilidades de tener éxito

Desde hace alrededor de cinco años, empezó un fenómeno muy especial en América Latina: el sector emprendedor de la región comenzó a ver, de forma recurrente, un desplazamiento en el estilo de distribuir productos y servicios, utilizando como canal principal el internet. No es casualidad que hoy en día esa tendencia, no sólo esté volviéndose más popular, sino que rápidamente está transformándose en el canal principal de las compañías sobre todo más jóvenes e intrépidas.

Desde aplicaciones móviles que facilitan la interacción con el entorno—como aquellas que te permiten solicitar el servicio de un taxi, reservar hoteles de último minuto o acceder a descuentos exclusivos en diferentes establecimientos—hasta plataformas digitales de colaboración e inversión colectiva, microcréditos a través de redes de confianza, compartir vehículos o vicicletas para realizar viajes y más. Es evidente que el desarrollo de nuevas oportunidades de negocio se torna únicamente un reflejo de la combinación del talento, el acceso a la información y la aplicación de la tecnología como eje principal de sus propuestas de valor.

Sin embargo, el [B]emprendimiento tecnológico[/B] tiene oportunidades claras para consolidarse en nuestra región. Es cierto que la popularidad de los negocios en internet está creciendo y, sin lugar a dudas, se convertirá en uno de los principales canales—si no lo es ya—para comunicar e interactuar con los consumidores, distribuir bienes y servicios y reclutar usuarios y clientes. También es cierto que los individuos que persiguen este camino de desarrollo profesional deben sofisticar su estructura y planteamiento estratégico.

Si algo es fundamental a la hora de desarrollar un negocio es el tamaño del mercado. Pensar localmente es inversamente proporcional al tamaño de éste. Por ello, cuando uno se plantea la identificación de un problema doloroso para un segmento de personas, no sólo se debe identificar si existen varios segmentos de mercado que potencialmente están buscando resolver ese problema en la localidad—por ejemplo, jóvenes independientes con teléfonos móviles inteligentes y parejas jóvenes con hijos entre 6 y 10 años—sino también identificar otras geografías donde esos segmentos también adolecen este problema y están interesados en poner fin a su situación.

[B]La educación de los consumidores[/B]

Otro de los retos existentes entre esta comunidad de entusiastas de los negocios, es la educación de los consumidores. El comercio electrónico cobró popularidad y generó confianza colectiva gracias a la industria del turismo. Hoy en día es más común comprar boletos de avión por medio de internet. Recuerdo que hace unos 10 años, mi padre, que hoy está por cumplir sesenta años de edad, iba al módulo de la aerolínea en un centro comercial para hacer la compra con las señoritas del mostrador.

Ahora, él, como muchos consumidores más, usa su computadora, paga con su tarjeta de crédito y recibe su confirmación en su correo electrónico. De la misma forma, reserva su hotel y elige si quiere una habitación con dos camas, si quiere incluir desayunos y si desea pagar el estacionamiento por adelantado desde la comodidad de su estudio. Esto refleja la familiaridad con que las personas están adoptando el comercio electrónico como parte cotidiana de su acceso a bienes y servicios; sin embargo, este efecto aún no es tan popular para adquirir todo lo que consumen.

Nuestra cultura sigue demandando la interacción física o personal con productos como vestimenta, calzado o alimentos. Lograr que las personas adquieran zapatos por internet requiere, no sólo un cambio de comportamiento importante de los usuarios, sino también una inversión importante en incentivos suficientemente atractivos para afectar la toma de decisión a favor del comercio electrónico.

GUSTAVO ÁLVAREZ MORENO
* Director para Latinoamérica de UP Global

El artículo completo fue publicado originalmente en MUNDO EJECUTIVO, Número 423, mayo 2014