¿Y tú, te haces la víctima?

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El líder de un equipo de trabajo debe ser un buen observador, para poder detectar al colaborador que adopta esta actitud

Raciel Sosa
Experto en Liderazgo del siglo XXI

Hacerse la víctima es una posición existencial. La persona que juega el rol de víctima, lo hace en su casa, con su pareja, hijos, amigos y, además, lo traslada al terreno laboral. Es una posición que él o ella aprendió; ciertamente le genera beneficios, por lo que es algo que va perfeccionando. La característica esencial de estas personas radica en que responsabilizan al 100%, a los demás, de lo que les ocurre.

Es cierto que, a veces, por culpa de alguien más, pasamos un mal rato; que el entorno influye y nos hace vivir situaciones que no son agradables, que no eran necesarias y además son dolorosas, pero, ahora bien, ¿Qué le pasa a la víctima?

La víctima responsabiliza a los demás de lo que le pasa y nunca se hace la pregunta: ¿Cómo contribuí con lo que sucede? En el momento en que asumo que yo contribuí en lo sucedido, tendré la capacidad de hacer una elección, cambiar una conducta y resolver parte del problema, prevenir el peligro y evitarlo a futuro.

El líder puede evitarlo

El líder de un equipo de trabajo debe ser un buen observador, es decir, debe tener lo que se llama “ojo de turista”, inquietud, pregunta y asombro, para poder detectar al colaborador que adopta este tipo de actitud.

No debe tratar de “eliminar” las razones que la persona con pensamiento de víctima le da para “excusar” un determinado resultado, pues, aunque pueden ser ciertas, la pregunta debe ser: ¿Tú qué podrías haber hecho para que el resultado fuera diferente? De esta manera, se comenzará a estimular a la persona, con el fin de que se haga preguntas de proactividad.

La compensación de la víctima

Si buscamos en el diccionario, víctima es la persona que no puede elegir, por lo que no puede cambiar su conducta.

Hay que atender este tipo de actitudes en las organizaciones, ya que, además, son “contagiosas” porque, en cierta medida, resultan “cómodas” al responsabilizar siempre a los demás de lo que está sucediendo.

En conclusión, diría que se trata de una patología social y también organizacional, que, frecuentemente, tiene que ver con el nivel de desarrollo de la persona en cuestión. Es un tema que hay que trabajar sobre todo en los niveles más básicos de una organización.