¿Por qué papá y mamá juntos?

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Las aportaciones y diferencias de cada uno son básicas para el desarrollo integral de un niño, por ello hay que asegurarse de que tengan acceso a ambas figuras

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Las aportaciones y diferencias de cada uno son básicas para el desarrollo integral de un niño, por ello hay que asegurarse de que tengan acceso a ambas figuras

LUCÍA LEGORRETA DE CERVANTES*

En la actualidad, el número de hogares mono-parentales va en aumento: los niños viven sólo con la madre o el padre ya sea por divorcio, separación, muerte de alguno de ellos o simplemente decisión mutua.

Se sabe que la situación idónea para un pequeño es crecer al lado de ambos, aunque esto no siempre sea posible. Es importante mencionar que, si bien necesita de la presencia y el cuidado de los dos, la calidad de la relación que exista entre los esposos va a influir profundamente en el hijo y tiene un gran impacto en su proceso de desarrollo: cada uno necesita no sólo del cariño de los papás, también del afecto que su padre y su madre se tienen entre sí.

El padre tiene una tarea imprescindible en la formación de hogar, en su ambiente y en la educación de los hijos, no sólo de los varones, cuyo papel es decisivo para que estos reconozcan su identidad, sino para el desarrollo armónico de las hijas, a quienes la presencia del padre les confirma su feminidad.

La madre tiene una especial relación que la une al niño, sobre todo, en los primeros años de vida. Ella le ofrece el sentimiento de seguridad y confianza que lo llevará a desarrollar su propia identidad y a relacionarse sanamente con los demás. Recuerdo una frase que escuché en el velorio de una mujer, cuando su hijo de 60 años lloraba desconsolado:  “todo hombre deja de ser un niño, hasta el día en que muere su madre”.

Papás y mamás crian a los hijos de manera diferente, pero es cierto que los niños necesitan tanto de la ternura de una mujer como de la rudeza de un hombre; de la equidad de una, como de la competencia del otro; de la seguridad que ella busca, como del riesgo que él quiere tomar.

Basta observar en un parque quién anima a sus hijos a que se columpien más fuerte o trepen más arriba, a que pedaleen más rápido, o avienten la pelota con más de fuerza.   Y quién grita: ¡No vayas tan rápido, no te subas tan alto, no le des tan fuerte!

Las madres y los padres disciplinan de manera diferente: ellos enfatizan la justicia, la imparcialidad y el deber;  nosotras, la compasión, el cuidado y la ayuda. Hasta para enfrentar la vida los padres tienden a ver a su hijo en relación con el resto del mundo; las madres ven al resto del mundo en relación con su hijo, ¿cierto no?

Si él o ella no está disponible, te recomiendo buscar esa figura en alguien cercano  (hermano, tío, abuelo), para favorecer la identidad del menor, que a fin de cuentas es quien tiene el derecho a gozar de unos padres. Y tú, ¿qué opinas?

*Mujer Ejecutiva