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Igualdad de género esencial para el desarrollo económico

Por: Laura Hernández Villegas 06 Nov 2020

No se trata sólo de un derecho humano fundamental, sino la base para conseguir un mundo pacífico, próspero y  sostenible La desigualdad de género y […]


Igualdad de género esencial para el desarrollo económico
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No se trata sólo de un derecho humano fundamental, sino la base para conseguir un mundo pacífico, próspero y  sostenible

La desigualdad de género y la exclusión son condiciones que varían de un lugar a otro, pero en todos los lugares  existen diferentes formas de discriminación de género, estereotipos y una desigualdad en la distribución de poder  entre mujeres, hombres, niñas y niños.

Asimismo, existe la exclusión debido a factores como: religión, raza, clase  social, idioma, discapacidad, edad, orientación sexual, entre otros. La desigualdad de género es un aspecto que impacta en las demás formas de  exclusión, la cual es distinta para las niñas y las mujeres, que son quienes enfrentan mayores obstáculos para ejercer  sus derechos.

En el marco de los Derechos Humanos y los principios como la no discriminación acordados a nivel mundial,  principalmente en la Convención de los Derechos del Niño (CDN) y la Convención para la Eliminación de la  Discriminación en contra de las Mujeres (CEDAW), todas las personas tenemos el derecho humano a la igualdad.

De acuerdo con el artículo 1° de la CEDAW, el derecho humano a la igualdad se encuentra ligado al derecho a la no  discriminación, y sólo habrá igualdad cuando no exista ningún tipo de discriminación directa o indirecta contra las  mujeres.

En este sentido, igualdad de género significa que todas las personas, sin importar su edad, raza, condición social o  género, tienen los mismos derechos; disfrutan del mismo nivel de respeto en la sociedad; tienen las mismas  oportunidades y cuentan con el mismo nivel de poder, para tomar decisiones.

Entre tanto, la inclusión tiene que ver con el proceso de mejorar los términos, las condiciones y las oportunidades  para todas las personas, principalmente para las que son vulnerables y excluidas. Resulta importante mencionar que culturalmente, en nuestro país y varias regiones de América Latina,  las mujeres están obligadas a desempeñar labores no remuneradas  como son el cuidado del hogar, los hijos y los padres.

Existe una marcada desigualdad en la distribución de las responsabilidades entre hombres y mujeres, siendo ellas, las que asumen, en mayor grado, las tareas de cuidado del hogar, condición que les quita la oportunidad de estudiar o incorporarse al ámbito laboral  fuera de casa y que las hace vulnerables.

En algunas entidades, aún prevalecen costumbres que colocan a los hombres como representantes de la familia,  siendo que actualmente existe un gran número de mujeres que son jefas de familia y se encargan de la manutención  de todos sus integrantes.

De esta manera, las mujeres se ven limitadas en su autonomía y la libertad para disponer de los recursos familiares,  elegir sus planes de vida y tomar decisiones. Asimismo, en el ámbito laboral existen factores de discriminación que excluyen a las mujeres para realizar ciertos tipos de trabajo, como los que implican la manipulación de un peso  determinado o desempeñarse en sectores o industrias específicas.

Cabe señalar que el derecho a acceder a los mismos empleos que los hombres, conlleva a ocupar los mismos cargos y  obtener igual remuneración económica. Sin embargo, las mujeres continúan siendo minimizadas y excluidas de los  puestos que requieren de responsabilidad y de la toma de decisiones dentro de las empresas. Derivado de lo anterior,  diversos países trabajan en la formulación de leyes para mitigar las diferencias de género.

Sin embargo, a pesar de los avances logrados en las últimas décadas, todavía existen brechas importantes en lo que  respecta a la participación que tienen las mujeres en el ámbito laboral. Bárbara Ortiz, experta en Empoderamiento  Económico de ONU Mujeres señala:

“La igualdad de género no es sólo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo  pacífico, próspero y sostenible. Si facilitamos la igualdad a mujeres y niñas en el acceso a la educación, a la atención médica, a un trabajo decente y a la representación en los procesos de adopción de decisiones políticas y económicas, estaremos impulsando economías sostenibles y sociedades más equitativas”. 

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