Ya tenemos T-MEC. ¿Y ahora qué?

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¿La entrada el vigor del T-MEC se traducirá en beneficios sustanciales para México, Estados Unidos y Canadá? Conoce la opinión de un especialista

Armando Nuricumbo
Miembro del Consejo Editorial de Mundo Ejecutivo y socio director de la firma de consultoría Nuricumbo + Partners
www.nuricumbo.com

“Una sociedad que priorice la igualdad por encima de la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas.”
Milton Friedman

Este pasado 1 de julio entró en vigor el nuevo tratado de libre comercio para América del Norte, ahora llamado tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Una visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Washington llena de simbolismo y mensajes políticos marcó el acontecimiento. Sin embargo, es importante preguntarse qué queda en el fondo después de la celebración y alegría.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) estuvo en vigor durante poco más de 26 años y generó resultados tangibles, interesantes y también controversiales. El comercio regional se incrementó casi 3.8 veces, pasando de 290 mil millones de dólares en 1993 a 1.1 billones de dólares en 2016. La inversión extranjera directa entre los tres países también se incrementó de manera substancial, y las cadenas de proveeduría se integraron como nunca antes.

Sin embargo, todavía existe amplio debate sobre los efectos del TLCAN en el empleo y los salarios: el déficit comercial de Estados Unidos con México y Canadá se incrementó 576% y el Departamento del Trabajo de Estados Unidos reporta que en ese período se perdieron 4.5 millones de empleos relacionados con manufactura en los Estados Unidos.

Si bien, todas esas pérdidas de empleos no son atribuibles, sí coinciden con el proceso de globalización del cual el TLCAN era un fiel representante. Al final del día, es claro que el TLCAN creó riqueza, incrementó la inversión y el comercio, y también trajo prosperidad para ciertos sectores de la sociedad, pero no para la población en su conjunto. Es más. Hubo ciertos sectores de la población que fueron claros perdedores en los tres países.

¿Mejorará la dinámica comercial?

La entrada en vigor del T-MEC se percibe con optimismo, pero es evidente que por sí mismo no será una panacea que resuelva los problemas de la región, ni una fórmula mágica que genere mayor prosperidad de manera automática. Ni siquiera es claro, si realmente mejorará la dinámica comercial en relación a lo que ya se tenía. Quizás lo mejor de la entrada en vigor del T-MEC sea el eliminar un enorme factor de incertidumbre que pesaba sobre la región, lo que innegablemente retrasó ciertas inversiones y restó dinamismo a la economía. Dicha incertidumbre, por cierto, fue generada por el presidente Donald Trump en su campaña política.

El éxito del T-MEC dependerá de su implementación, la cual lamentablemente será influenciada por el proceso electoral de noviembre en los Estados Unidos, así como por el proceso electoral de 2021 en México. Sin los programas estratégicos adecuados, es muy probable que los beneficios del nuevo acuerdo sigan siendo mal distribuidos.

Las grandes empresas con operaciones internacionales, así como los estados y provincias de los tres países que ya participan en cadenas productivas globales, serán los más beneficiados en una primera etapa.

Una pregunta importante en México es qué tenemos que hacer diferente para poder integrar al sureste de nuestro país en las oportunidades derivadas del T-MEC. Hasta el momento, no se percibe ningún programa enfocado específicamente a incrementar la competitividad de la región.

Los problemas ancestrales de educación, salud y marginación seguirán estando presentes y eclipsarán cualquier posible oportunidad originada por este acuerdo. Por lo pronto, México tiene la presión encima para subir estándares laborales, ambientales y de anti-corrupción a los niveles esperados por sus socios comerciales.

Esa presión externa será un buen catalizador para originar un cambio positivo en los próximos años, pero sobre todo, para garantizar que nuestro país no pierda la brújula, independientemente de qué partido político esté en el poder.