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La desigualdad no es buen negocio

Por: Colaborador 02 Sep 2020

Uno de los principales retos del siglo XXI será la lucha contra la desigualdad Armando Nuricumbo Miembro del Consejo Editorial de Mundo Ejecutivo y socio […]


La desigualdad no es buen negocio
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Uno de los principales retos del siglo XXI será la lucha contra la desigualdad

Armando Nuricumbo
Miembro del Consejo Editorial de Mundo Ejecutivo y socio director de la firma de consultoría Nuricumbo + Partners
www.nuricumbo.com

“Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su Creador de ciertos Derechos inalienables, y que entre ellos se encuentran la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad …”

Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América

Uno de los principales retos del siglo XXI será la lucha contra la desigualdad. A veces se nos olvida, pero hoy vivimos en una versión del mundo que cuenta con niveles de prosperidad nunca antes vistos. No importa el indicador que se utilice: Ingreso per cápita, esperanza de vida, mortalidad infantil, ingesta calórica, desempleo, acceso a la educación. libertad religiosa o conflictos militares. En todos los sentidos, el mundo de hoy es mejor que el mundo de hace 100, 200 o 300 años. Sin embargo, a pesar de los grandes avances científicos y tecnológicos, existen grupos poblacionales en todos los países que han sido marginados sistemáticamente de esa enorme prosperidad. Según el Banco Mundial, aproximadamente mil millones de personas en el mundo sobreviven con ingresos menores a un dólar al día.

Distribución de la riqueza

El problema de nuestra generación no será tanto el cómo generar riqueza, sino cómo asegurar que la misma sea distribuida de forma equitativa. Es cierto que el modelo capitalista de forma natural fomenta la concentración desproporcionada de la riqueza. Karl Marx nos lo dijo hace 150 años. Y recientemente Thomas Piketty nos hace una muy buena observación:

Históricamente la tasa de rendimiento del capital ha sido dos o tres veces mayor que la tasa de crecimiento del PIB y que la tasa de crecimiento de los salarios, por lo tanto los dueños del capital crean y acumulan riqueza a mayor velocidad que aquellos que solo tienen su fuerza laboral para ofrecer.

El primer paso para resolver el problema de la desigualdad es saber cómo medirla y por ellos queremos comentar sobre el coeficiente de Gini. ¿Qué podemos decir de su autor? Corrado Gini nació en Motta di Livenza, Italia, en 1884. Hijo de una familia relativamente acomodada, desde pequeño mostró aptitudes para las matemáticas y fue aceptado muy joven en la Universidad de Bolonia, donde estudió derecho y matemáticas, graduándose a los 20 años de edad con una tesis que trataba sobre el sexo y la estadística.

Coeficiente de Gini como métrica

En 1912, a los 28 años de edad, publica un artículo llamado “Variabilidad y Mutabilidad”, donde expone los fundamentos de la métrica que hasta la fecha lleva su nombre. El coeficiente de Gini es una métrica de dispersión estadística que busca medir la desigualdad de ingresos o la desigualdad de riqueza dentro de una nación o dentro de cualquier otro grupo de personas.

Un coeficiente de Gini de cero expresa la igualdad perfecta, donde todas las personas tienen exactamente los mismos ingresos o la misma riqueza, mientras que un coeficiente de uno representa la desigualdad máxima, donde solo una persona tiene todos los ingresos o toda la riqueza y los demás no tienen nada.

Un paréntesis interesante sobre la persona de Corrado Gini: En los años veinte fue partidario y defensor del fascismo italiano. De hecho tuvo una relación de amistad muy cercana con Mussolini. En 1926 es nombrado Presidente del Instituto Central de Estadística de Roma.

En 1927 publicó un texto sobre “La base científica del fascismo”. En 1929, fundó el Comité Italiano para el Estudio de los Problemas de la Población el cual, dos años más tarde, organizaría el primer Congreso de Población en Roma. En 1932 renuncia a su cargo dentro del gobierno italiano.

Para 1944, ya hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, funda junto con el activista calabrés Santi Paladino y el investigador Ugo Damiani el Movimiento Unionista Italiano, partido político que proponía que los Estados Unidos se anexara a Italia y a todas las demás naciones libres y democráticas del orbe, transformándose en una especie de gobierno mundial que garantizara una paz duradera.

Países con un coeficiente de Gini superior a 50 se consideran como países con una alta desigualdad. Entre ellos encontramos a Sudáfrica, Namibia, Zambia, Lesotho, Honduras y Brasil. Países con un coeficiente entre 30 y 50 se consideran de desigualdad media y aquí se incluye a México, Estados Unidos, Argentina, Rusia y Uruguay. Países con coeficiente menor a 30 se consideran de baja desigualdad y en esta categoría se encuentran Austria, Dinamarca, Noruega, Holanda, Eslovenia, Suecia y Ucrania.

¿Lucha contra la desigualdad social?

En el caso de México, según datos oficiales del Coneval, entre 2008 y 2016 el coeficiente de Gini se mantuvo prácticamente inmóvil, pasando de 0.505 a 0.498. Sin embargo, en 2018 bajó a 0.469, lo cual representó un avance significativo en la lucha contra la desigualdad. ¿Cuáles fueron las causas? Difícil saberlo a ciencia cierta. Quizás años de acciones finalmente comienzan a mostrar algunos resultados. Aún así, la desigualdad en México sigue siendo la más alta de la OCDE y una tarea pendiente para el gobierno y para la sociedad.

¿Cuáles son los factores que más influyen en la lucha contra la desigualdad? Los economistas tienen diferentes puntos de vista, pero muchos coinciden en estabilidad económica, acceso a la educación, sistemas fiscales eficientes, programas de transferencias directas a sectores vulnerables, incrementos progresivos al salario mínimo, e instituciones de seguridad social funcionales, entre otros. Sin duda, este siglo tendremos que explorar otros conceptos que hasta hace algunos años hubieran parecido ridículos, como el ingreso básico universal o el ingreso máximo per cápita.

Como líderes de negocios, tenemos que tomar un rol más activo en la resolución de este enorme problema. Menor desigualdad significa nuevos consumidores, mejores trabajadores, mayor estabilidad política y social, y la construcción de un futuro sustentable para nuestras empresas.

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