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Opinión

Norteamérica: De la prosperidad al estado fallido

Por: Colaborador 20 Oct 2020

En menos de cinco años México y los Estados Unidos han tenido retrocesos sin precedentes en muchas áreas importantes. Por momentos pareciera que Canadá es […]


Norteamérica: De la prosperidad al estado fallido
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En menos de cinco años México y los Estados Unidos han tenido retrocesos sin precedentes en muchas áreas importantes. Por momentos pareciera que Canadá es el último reducto de estabilidad en la región

Armando Nuricumbo
Miembro del Consejo Editorial de Mundo Ejecutivo y socio director de la firma de consultoría Nuricumbo + Partners
www.nuricumbo.com

“Siempre voy a preferir estar enterrado en un panteón en Colombia que preso en una celda en Estados Unidos”

Pablo Escobar Gaviria

Hace treinta años, con la caída del Muro de Berlín, los Estados Unidos se consolidaban como el gran vencedor de la Guerra Fría, la última súper potencia, victoriosa y lista para regir sobre el nuevo orden mundial, con suficiente autoridad moral proveniente de sus fuertes instituciones democráticas, de su modelo económico a todas luces exitoso y de su firme compromiso con los valores más altos de libertad y justicia, convirtiéndose en la única nación indispensable que podría asegurar una apropiada gobernanza mundial a través de compartir los valores morales “americanos”. Es el tipo de momento que llevó al politólogo Francis Fukuyama a afirmar que habíamos llegado al “Final de la Historia”.

En ese mismo período, los líderes de Canadá, Estados Unidos y México se embarcaron en un proyecto igualmente ambicioso: La Firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Anticipando un mundo cada vez más inclinado a la globalización, con mercados económicos, comerciales y financieros que se integraban rápidamente, la lógica indicaba que tenía sentido formar una zona económica de libre comercio entre estos tres países, creando uno de los mercados más importantes y competitivos del mundo. El TLCAN fue firmado en 1992, ratificado por Bill Clinton en 1993 y entró en vigor el 1 de enero de 1994.

Aunque el tratado tenía varios objetivos, al final su misión era producir prosperidad para Norteamérica, para los tres vecinos, para los tres socios, para los ahora tres amigos, alineados como nunca antes con una visión común y con la mira bien puesta en un futuro muy promisorio.

Esto sucedió hace menos de tres décadas y, por increíble que parezca, hoy estamos siendo testigos de la implosión política, económica y social de nuestra querida región de Norteamérica. En menos de cinco años México y los Estados Unidos han tenido retrocesos sin precedentes en muchas áreas importantes. Por momentos pareciera que Canadá es el último reducto de estabilidad en la región.

Principales características del estado fallido

  1. Pérdida de control del territorio.
  2. Erosión de la autoridad legítima para tomar decisiones colectivas.
  3. Incapacidad de proveer servicios públicos básicos como agua, luz, teléfono, o de proveer servicios sociales clave como acceso a la salud o acceso a votaciones pacíficas y democráticas.
  4. Incapacidad para interactuar con otros estados como miembro de la comunidad internacional.

En Estados Unidos, la administración de Donald Trump ha dejado saldos negativos en muchos indicadores políticos y sociales, desde la lucha contra el cambio climático, pasando por el incremento de la desigualdad económica, y obviamente el manejo de la pandemia. La reelección de Donald Trump sería un golpe directo a la reconstrucción de las instituciones democráticas en Estados Unidos y continuaría el declive de su vida política y social y de su relevancia, ya no como país líder del mundo libre, sino tan siquiera como un actor internacional importante.

Grupos paramilitares son una realidad

Por otro lado, el surgimiento de grupos paramilitares en diferentes estados es un fenómeno que no hay que dejar pasar desapercibido. Se estima que en el país existen alrededor de 200 grupos paramilitares, muchos de ellos integrados por ex militares en retiro, pero con capacidades y armamento que muchas veces exceden el de las autoridades formales. Muchos de estos grupos han existido por décadas, pero cobraron nueva fuerza a raíz de la elección de Barack Obama, como una respuesta al hecho de tener al primer presidente afroamericano en la historia de la nación.

El FBI y otras agencias federales han declarado recientemente que estos grupos paramilitares constituyen la principal amenaza a la seguridad nacional. Recientemente el FBI detuvo un plan de uno de estos grupos para secuestrar a la gobernadora demócrata de Michigan, Gretchen Whitmer, con el objetivo de “llevarla a un lugar remoto para enjuiciarla”.

El año pasado, otro grupo paramilitar llamado “United Constitutional Patriots” generó polémica al detener por su propia cuenta a cientos de migrantes en algunas áreas cercanas a la frontera con México. Es solo cuestión de tiempo para que comencemos a encontrar los enlaces entre estos grupos paramilitares y los grupos de narcotraficantes mexicanos.

¿Se habla de un narco-estado?

En México, la detención del exsecretario de la Defensa Nacional de México en los Estados Unidos es una cuchillada directa al corazón de nuestro sistema político. Es un hecho que evidencia crudamente el nivel de corrupción que existe al más alto nivel en las instituciones gubernamentales del país y que ilustra la incapacidad o indiferencia del sistema de justicia mexicano, al no haber podido o no haber querido investigar un delito de esta magnitud.

Es una acción que pone en jaque algunos de los pilares sobre los que descansa la Cuarta Transformación: Que el ejército es una de las pocas instituciones confiables y que por lo tanto vale la pena confiarles muchas de las actividades cruciales para el país, y que la corrupción se acabó hace dos años y ahora en esta administración todo acto ilegal se investiga y se castiga.

Un hecho que invita a la reflexión sobre si en México vivimos en un narco-estado: Aunque esa es una teoría que había estado en el imaginario popular desde hace décadas, ahora tenemos pruebas contundentes en una fiscalía en Nueva York. Y también queda claro que el narcotráfico es un poder fáctico, en muchos aspectos, más fuerte que el Estado Mexicano.

Norteamérica no sólo es un país

No cabe duda que la prosperidad de Norteamérica depende de la prosperidad de los tres países integrantes de la región. La caída de México o de Estados Unidos sería un evento catastrófico. Evidentemente Estados Unidos, aun a pesar de Trump, sigue teniendo instituciones políticas y sociales más sólidas que las de México. México es el candidato con mayores posibilidades de convertirse en un estado fallido y no se ve con claridad el mapa de ruta para salir de este problema.

Si alguien pensaba que la Cuarta Transformación era realmente una solución viable, Washington se encargó de romper ese sueño la semana pasada. Habrá que ver los resultados de la elección americana en un par de semanas, pero todo parece indicar que la paciencia en Washington sobre el tema de México se está agotando.

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