Tendríamos que echar a andar el cronómetro. Justamente dentro de una semana se habrá de cumplir el plazo fatal fijado por Donald Trump para un proceso que, de tan subjetivo, se acerca más a lanzar una moneda al aire que a una evaluación seria dentro de los parámetros de la formalidad.
Como se recordará, el pasado primero de febrero el presidente estadounidense anunció la aplicación de aranceles de un 25% a México y Canadá, por sus pobres resultados para poner fin al contrabando de fentanilo y sus ineficientes políticas migratorias, fenómenos que sin duda han impactado a su país pero que no podrían existir sin la complicidad de ciudadanos y funcionarios de ambas nacionalidades radicados en los dos lados de la frontera. Con una fingida benevolencia, 48 horas después, el mandatario norteamericano abrió un periodo de gracia para dar a sus vecinos tiempo suficiente para ajustar sus políticas y justificar así la suspensión de las medidas.
Pese a la reticencia marcada por México, en la narrativa interna encuadrada en una defensa de la soberanía, lo cierto es que por lo menos en una primera capa se vislumbra cierto distanciamiento de la política de seguridad fijada por Andrés Manuel López Obrador quien prefirió abrazar a los criminales antes que ejercer las facultades que le otorgaba la Constitución para erradicarlos.
Sabemos que en las últimas semanas han sido capturados más de seis centenares de criminales (el próximo martes habremos de confirmar esta cifra durante el informe de seguridad que se presentará en la conferencia matutina); espectaculares anuncios de detenidos y decomisos forman parte de un discurso que nos recuerda mucho a aquel periodo en que el actual secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, se desempeñaba como comisionado de la Agencia de Investigación Criminal en la FGR y que estarían orientados a “endulzarle” el oído a un insaciable Trump. Mucho movimiento pero pocos resultados porque la violencia, por ejemplo, no cesa en Sinaloa y aún en la distancia sigue vigente la presencia de los grandes capos como Ismael “Mayo” Zambada.
En materia migratoria la política de contención en la frontera sur establecida por López Obrador y seguida a pie juntillas por la presidenta Claudia Sheinbaum, parece estar funcionando. Amén de los diez mil guadias nacionales ofrecidos por la mandataria para resguardar la frontera norte, los albergues instalados en las principales zonas fronterizas se encuentran semi vacíos, como si el flujo fronterizo hacia uno y otro lado se hubiera congelado, muy lejos de los millones de deportados que había prometido Trump, y también muy con pocos osados que pretendan cruzar hacia la Unión Americana.
Hora de definiciones, de sacar el plan B y el C y todos los posibles (una de las “especialidades” de la 4T), medidas de contingencia, de control de daños, frente a la posibilidad, que para muchos suena remota, de que Trump imponga medidas que impactarían a las empresas estadounidenses. Más probable es que el mandatario norteamericano extienda el periodo de gracia un mes más y otro, y otro, para seguir teniendo a sus socios en un puño.
La forma es fondo; ni subordinación ni injerencia
La defensa de la soberanía nacional se ha tomado con mucha seriedad y así lo demuestran las acciones de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Primero, respondió enfática al presidente Donald Trump que ni subordinación ni injerencia. Ahora, envió al Senado una iniciativa de reforma constitucional en la que propone modificar los artículos 19 y 40 para endurecer las penas a quien trafique armas y quien violente la soberanía nacional.
Y aunque en opinión de algunos constitucionalistas resultan innecesarias dichas reformas porque la Carta Magna ya contempla ambos rubros, lo verdaderamente relevante es el mensaje que busca posicionar la mandataria mexicana, quien en ningún momento ha mostrado flaqueza ante los amagos del presidente estadounidense.
Hasta ahora lo que hemos visto es a una presidenta fuerte, segura y con mucho temple que no se ha intimidado con las amenazas y por el contrario, hasta halagos ha recibido de parte del propio Trump. Así las cosas.
Vivienda usada, más accesible en grandes ciudades
Con el alza de la vivienda nueva, la opción de segunda mano se impone en ciudades como CDMX, Guadalajara y Monterrey, donde representa más del 50% de las transacciones. En 2024, Infonavit otorgó más créditos para vivienda usada y el sector creció un 9.2% a nivel nacional, evidenciando su solidez como inversión.
El atractivo de la vivienda usada radica en su accesibilidad, ubicación estratégica y espacios más amplios, en contraste con la reducción de metros cuadrados en desarrollos nuevos. Plataformas inmobiliarias como Tuhabi han impulsado esta tendencia al brindar transparencia y datos precisos, posicionando a este segmento como la opción principal para quienes buscan calidad y valor patrimonial a largo plazo.
Ventas, finanzas y atención al cliente encabezan demanda y oferta laboral
Ventas, finanzas y administración, y atención al cliente, son las principales categorías de empleo de las vacantes publicadas en 2024 por Computrabajo, el sitio de empleo líder en América Latina, de acuerdo al análisis de su base de datos. La competencia en estos puestos es alta por lo que la óptima preparación de los candidatos será fundamental para prevalecer en el mercado laboral.
El área de ventas encabeza la lista de actividades con un 25% de vacantes publicadas destacando la importancia de contar con habilidades como la comunicación efectiva, la negociación y la orientación a resultados. La segunda posición la ocupa el rubro de finanzas y administración con el 16% de las plazas disponibles. En este renglón las empresas buscan expertos con habilidades en gestión financiera, planeación estratégica y un conocimiento sólido de las normas fiscales. Este sector juega un papel crucial en la estabilidad y crecimiento de las organizaciones.
La atención al cliente y call center también presentan una alta demanda con el 10% de las vacantes, la experiencia del cliente ha ido ocupando mayor relevancia dentro de las estrategias de crecimiento de las empresas, por lo que se requiere tener habilidades como escucha activa, resolución de problemas y un manejo efectivo de plataformas que ayuden a las organizaciones a gestionar y analizar las relaciones con sus clientes.
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