El agua se transforma en alimentos
Por Luis Fernando Haro Encinas | Director General del Consejo Nacional Agropecuario

En la agricultura se ocupa el 70% del agua que se extrae en el mundo y es un tema medular en cualquier debate sobre el uso de los recursos hídricos y la seguridad alimentaria; es de esperarse que la competencia por el uso del agua siga aumentando en el tiempo, lo cual lógicamente generará una presión sobre la agricultura.

Las soluciones para gestionar el agua con mayor eficiencia necesitan adaptarse a las realidades socio económicas de países como el nuestro. En México el 2020 fue un año complicado por la sequía y el 2021 lo seguirá siendo, reflejando en que se prevé una caída del 27% en la disponibilidad del recurso hídrico.

Agua con desarrollo sostenible

En cualquiera de los usos del agua, para poder cubrir un desarrollo sostenible en todos los sentidos, y atender las necesidades actuales que se tengan, sin comprometer las futuras generaciones, habrá que pensar en una mayor eficiencia en su uso y también considerar acciones y destinar recursos para su atención.

  • Desarrollo de infraestructura enfocada en una captación eficiente de las lluvias y de las aguas rodadas
  • Aprovechamiento de las aguas residuales
  • Mantenimiento de la infraestructura hidroagrícola
  • Tecnificación de riego
  • Generación de una estrategia nacional para buscar conciliar los extremos provocados por el cambio climático, donde por un lado tenemos sequías y escasez de agua en algunos lugares y en ciertas épocas del año y, por el otro, tenemos lluvias severas e inundaciones en otros momentos y, en ambos extremos, la poca agua o el exceso de la misma son igualmente inconvenientes.

El agua en la agricultura seguirá cumpliendo una función fundamental en la seguridad alimentaria mundial: se estima que para el 2050 la población en el planeta será de aproximadamente 10 mil millones de habitantes y para ello será necesario aumentar la producción de alimentos en al menos un 50 al 70%.

Lo anterior, como consecuencia del aumento en los ingresos en gran parte del mundo en desarrollo, que se reflejará en incrementos en el consumo de proteína animal, cuya producción dependerá, a su vez, de mayores volúmenes de granos forrajeros y, en general, de la necesidad de mayores volúmenes y variedad de alimentos.

Intensificación de la agricultura

El crecimiento de la producción de alimentos no será a expensas de la expansión de las tierras agrícolas y el consiguiente impacto sobre las emisiones de carbono; la agricultura tendrá que intensificarse y ser más productiva por hectárea de cultivo, por unidad animal y particularmente por metro cúbico de agua utilizado.

La disponibilidad natural del agua depende fundamentalmente del balance entre el agua que entra al sistema por medio de la precipitación y de lo que se pierde por la evaporación en los cuerpos de agua y por la evapotranspiración vegetal.

La diferencia entre lo que llueve y se evapora puede escurrir superficialmente (en arroyos y ríos), almacenarse en los cuerpos de agua superficiales, o bien, llegar al subsuelo y recargar los acuíferos. Asimismo, en el ciclo hidrológico del agua un elemento muy importante es la cobertura vegetal, para la cual todas las acciones que se puedan realizar en contra de la deforestación o para revertirla son claves.

El agua también puede desplazarse virtualmente, a medida que la producción de alimentos, bienes y servicios con alto consumo de agua se concentre en lugares con abundancia de recursos hídricos y los productos se vendan en sitios con escasez de agua.

El derecho del agua y la alimentación

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su Artículo 4º, señala que toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible; este mismo artículo establece el derecho a la alimentación que señala que toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad, lo cual será garantizado por el Estado.

A primera vista, las proyecciones anteriores, tanto para el agua, como para la seguridad alimentaria parecen contradictorias, ante lo cual es fundamental aumentar la eficiencia en el consumo de agua para todos los usos.

La innovación y transferencia de tecnología

Incrementar la eficiencia en el consumo de agua para fines agrícolas dependerá también de hacer coincidir las mejoras fuera de las explotaciones agrícolas, con los incentivos y las transferencias de tecnología para las inversiones dentro de las explotaciones agrícolas destinadas a mejorar la gestión del suelo y del agua y a mejorar la calidad de las semillas.

Existen alternativas como el uso de semillas mejoradas, llamada “labranza mínima” o “labranza de conservación”, la tecnificación del riego, entre otras, pero es necesario ajustar las mejoras de los sistemas de abastecimiento de agua para proporcionar servicios a pedido, usando tecnologías de la información, como sensores de la humedad del suelo y la estimación de la evapotranspiración a partir de datos satelitales, de manera de aumentar la eficiencia y la productividad del uso del agua en la agricultura.

Finalmente, el agua es un recurso fundamental para la vida, al igual que los alimentos, y ante esta realidad que estamos viviendo, de una disponibilidad menor en el tiempo, es mejor prepararnos, en lugar de esperar a que esto suceda, ya que, si limitamos el uso de este vital líquido para la agricultura, los efectos serán también para la población, reflejado en menos disponibilidad de alimentos y a más alto costo.

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