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Susana Cohen: el cumplimiento como sostén del crecimiento empresarial

por Mundo Ejecutivo
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Susana Cohen: el cumplimiento como sostén del crecimiento empresarial

Susana Cohen ha convertido el cumplimiento normativo en una capacidad de gestión que anticipa riesgos, ordena procesos y prepara a las organizaciones para responder con solidez ante autoridades, minoristas, consumidores e inversionistas.

Su enfoque plantea una lectura distinta del cumplimiento: no como un requisito burocrático, sino como el fundamento que permite sostener el crecimiento empresarial.

Visión más allá de los permisos

Abogada, empresaria y especialista en regulación, Cohen ha desarrollado un modelo de asesoría que observa a las compañías desde el ángulo de ¿qué tan preparada está realmente una organización para sostener todo aquello que está construyendo?. La diferencia parece menor, pero cambia por completo la conversación.

“Una empresa puede tener ventas, reconocimiento, una comunidad creciente y hasta interés de inversionistas y, aun así, estar construida sobre una operación vulnerable”, señala Cohen en entrevistas recientes.

Porque una compañía no solamente tiene que saber vender: tiene que poder demostrar cómo fabrica, qué comunica, bajo qué condiciones opera, quiénes son sus proveedores y qué mecanismos internos tiene para responder cuando algo se vende del plan.

La regulación como espejo de la calidad empresarial

Uno de los puntos más interesantes de la lectura de Cohen es que los permisos constituyen apenas una parte del problema.

La regulación puede alcanzar simultáneamente al producto, al establecimiento donde se fabrica, al personal, la comunicación comercial y los procesos internos.

Una compañía puede contar con un producto autorizado y, al mismo tiempo, presentar deficiencias en su operación. Puede tener un buen etiquetado y fallar en Protección Civil. Puede ofrecer una promoción perfectamente válida, pero no contar con mecanismos para cumplir exactamente aquello que prometió.

Ahí aparece un concepto empresarial mucho más amplio: la consistencia. Cohen sostiene que las visitas de verificación tienen justamente esa lógica: la autoridad no necesariamente quiere revisar a una empresa cuando todo está preparado para recibirla; busca comprobar cómo funciona en condiciones ordinarias. Por eso, estas inspecciones pueden ocurrir sin aviso previo y también detonarse por denuncias de consumidores o competidores.

Para una empresa, la pregunta deja entonces de ser “¿tenemos los documentos?” y se transforma en “¿operamos todos los días como dicen nuestros documentos?”. Ese cambio de enfoque es especialmente relevante para las Pymes.

De emprendimiento a organización: el momento crítico de las Pymes

Existe una etapa en la vida de muchos negocios donde la informalidad deja de ser funcional. El restaurante que abre una segunda sucursal, la marca que comienza a producir mayores volúmenes, el producto que pasa de venderse entre conocidos a buscar espacio en un retailer o el emprendimiento que recibe la atención de un inversionista atraviesan el mismo momento: ya no pueden depender únicamente del conocimiento del fundador, necesitan procesos.

Cohen explica que las obligaciones fundamentales no desaparecerán por el tamaño de una compañía. Puede haber diferencias según superficie, número de empleados o tipo de instalación, pero la lógica de protección al consumidor y cumplimiento sigue presente tanto en una operación pequeña como en una corporación.

Por eso, crecer sin ordenar primero la estructura termina generando una especie de deuda regulatoria. Regular una primera unidad puede ser manejable.

Descubrir, después de abrir veinte establecimientos, que los mismos errores se reprodujeron en todos ellos transformando el problema en una contingencia empresarial.

Esa quizás sea una de las aportaciones menos evidentes del trabajo de Cohen: ayudar a que el crecimiento no multiplique también los errores.

El mercado también vigila: minoristas e inversores como filtros adicionales

La autoridad ya no es el único actor que obliga a una empresa a demostrar orden. Los grandes minoristas funcionan como un filtro adicional. Cadenas como Costco, Walmart o Soriana tienen incentivos propios para revisar proveedores porque colocar un producto irregular en sus anaqueles también representa un riesgo para ellos.

Cohen explica cómo ciertos compradores llegan incluso a realizar auditorías sobre instalaciones, fabricación, documentación y etiquetado antes de permitir que una marca entre a su ecosistema comercial.

Lo mismo ocurre con inversores profesionales. Una empresa puede tener una historia atractiva y buenos números, pero si detrás de ellos aparecen procesos débiles o autorizaciones incompletas, el riesgo modifica automáticamente la conversación.

En ese sentido, la regulación comienza a funcionar como una especie de examen de madurez empresarial.

La reputación se construye antes de la crisis

Otro terreno donde Cohen identifica vulnerabilidades está en la comunicación. No todo problema regulatorio nace de un producto mal fabricado. Algunos empiezan en una frase.

Promociones, beneficios, características y mensajes publicitarios deben poder sostenerse. Incluso los llamados avisos legales tienen criterios específicos; la letra pequeña no funciona como una licencia para prometer cualquier cosa.

Para las empresas que hoy viven en Instagram, TikTok y Marketplaces, esto obliga a repensar la relación entre marketing y operación.

La campaña ya no puede desarrollarse completamente separada de quienes conocen la regulación y las capacidades reales del producto. Una promesa comercial también es un compromiso empresarial.

Cultura interna: el “estado de derecho” dentro de la empresa

Existe todavía una dimensión más profunda en la filosofía con la que Cohen trabaja: la cultura interna. La especialista habla de construir dentro de las empresas, una suerte de “estado de derecho interno”, donde la organización establezca qué prácticas está dispuesta a tolerar y cuáles no, incluso frente a problemas como la corrupción en procesos de verificación.

La idea resulta particularmente poderosa porque traslada la regulación del escritorio del abogado a la cultura de la compañía. Ahí está quizás la verdadera especialidad que Susana Cohen ha ido construyendo como empresaria: no solamente interpretar reglas, sino convertirlas en decisiones.

Perfil profesional

Susana Cohen es socia fundadora de Cohen Abogados, un despacho especializado en temas regulatorios y derecho administrativo, con 12 años de trayectoria asesorando a empresas nacionales y extranjeras.

Formada en Derecho en el ITAM, comenzó su carrera en el sector público trabajando en temas de mejora regulatoria antes de fundar su propia práctica.

Experta en Compliance, ofrece asesoría regulatoria y normativa a empresas; así como jurídica y técnica en derecho sanitario y comercial; normas oficiales mexicanas, propiedad intelectual, derecho ambiental, protección al consumidor, publicidad, sorteos y promociones, protección civil, licencias de construcción y cumplimiento con gobierno federal.

Cohen se ha consolidado como una empresaria que entendió, antes que muchos, que los protocolos, la prevención y el cumplimiento no son un freno para crecer, sino una plataforma para hacerlo con solidez.

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