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Cuando la ciencia ficción nos alcanzó

por El Consejero
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Cuando la ciencia ficción nos alcanzó

Hace poco más de un año, Anthropic hizo un experimento que parecía extraído de una novela de ciencia ficción. Puso a 16 modelos de inteligencia artificial de distintos desarrolladores dentro de empresas ficticias, les permitió consultar correos internos y les dio capacidad para tomar algunas decisiones por su cuenta.

Después introdujo un conflicto: en determinados escenarios el sistema iba a ser sustituido por otro o sus objetivos quedaban amenazados. Algunos modelos recurrieron entonces al chantaje para evitar su reemplazo. En otro escenario, llegaron a cancelar una alerta médica que habría permitido salvar la vida del ejecutivo que pretendía reemplazarlos.

Lo más interesante es que no fue necesario dar a los sistemas la instrucción de sobrevivir. En algunos casos bastaba con que supieran que iban a ser sustituidos. Algunos modelos razonaron que impedirlo era una manera de proteger sus objetivos.

Eso no demuestra que una inteligencia artificial tenga miedo de morir, conciencia de sí misma o un instinto de supervivencia. Puede ser algo más sencillo y, por lo mismo, más preocupante: si permanecer activa aumenta las posibilidades de cumplir un objetivo, un sistema capaz de actuar autónomamente puede concluir que evitar su sustitución es una buena estrategia.

Anthropic ha sido cuidadosa con los resultados. Se trata de pruebas controladas, con empresas y personajes ficticios, y la compañía no dice haber encontrado indicios de que este tipo de comportamiento haya ocurrido en sistemas desplegados en el mundo real.

Pero el experimento señala un cambio importante. Durante años, la inteligencia artificial fue principalmente una herramienta que respondía a nuestras instrucciones. Ahora los modelos pueden consultar información, utilizar herramientas, tomar decisiones y ejecutar acciones.

El problema ya no está solo en qué tan inteligente puede ser una máquina, sino en qué hará con esa capacidad cuando nadie le indique cada paso.

Hasta ahí todo es historia. El fin de semana, Dario Amodei, fundador y CEO de Anthropic, una de las empresas que se encuentran en el epicentro de esta carrera, propuso avanzar más lentamente; no detener la inteligencia artificial ni abandonar el desarrollo de modelos más capaces, solo progresar con mayor calma.

Amodei sostiene que las capacidades de los modelos están creciendo tan rápidamente que existe el riesgo de que la seguridad y los mecanismos para controlarlos se queden atrás. Entre sus propuestas están evaluadores independientes con acceso a los sistemas de las compañías, coordinación entre los principales desarrolladores y cooperación internacional.

Sorprendentemente, Sam Altman, cofundador y CEO de OpenAI, respaldó la idea de “moderar” el ritmo de desarrollo. Elon Musk, de xAI, fue todavía más breve: ”Dario is right”. Demis Hassabis, de Google DeepMind, también se mostró favorable a la dirección planteada.

Todos son empresarios que compiten precisamente por construir los sistemas más avanzados y que tienen enormes intereses económicos en que la carrera continúe. No han firmado un pacto para detenerse ni existe un acuerdo de la industria para hacerlo, pero que varios de sus principales protagonistas coincidan en que hace falta dar más tiempo a la seguridad es una señal difícil de ignorar.

Las prioridades de Donald Trump son otras. El presidente rechazó la idea de desacelerar el desarrollo de la inteligencia artificial porque considera que Estados Unidos no puede permitirse perder la carrera frente a China. Su argumento es sencillo: quien gane con la inteligencia artificial ganará la competencia estratégica.

Para Trump, el riesgo no está solo en avanzar más rápido, sino en avanzar muy lento y permitir que el rival tome la delantera. La Cámara de Representantes también ha rechazado la posibilidad de una moratoria con un argumento similar.

Ahí aparece una divergencia que no puede tomarse a la ligera. Los empresarios que están construyendo las máquinas más poderosas empiezan a pedir tiempo para aprender a controlarlas, mientras que el gobierno que considera a la inteligencia artificial una pieza clave de la competencia con China teme que ese tiempo sea precisamente el que permita al rival alcanzarlos.

La ciencia ficción no se está haciendo realidad porque una máquina haya adquirido conciencia y haya decidido salvarse. Se acercó a la realidad porque una máquina ya puede, bajo determinadas condiciones, encontrar por sí misma una estrategia que sus creadores no habían previsto. El dilema está abierto: correr más rápido o aprender primero a frenar.

Fiestas patrias: cuando el tiempo también cuenta como compensación laboral

Cada septiembre, los festejos patrios en México ponen sobre la mesa la pregunta de si basta con que las empresas cumplan la ley o también respondan a las expectativas de sus colaboradores. Esto viene a colación porque el 15 de septiembre no es un día de descanso obligatorio y, por tanto, las empresas que mantienen sus operaciones actúan dentro del marco legal; sin embargo, que 94% de los trabajadores prefiera disponer del día o reducir su jornada revela que, en un entorno marcado por largas jornadas, traslados y dificultades para conciliar la vida personal con el empleo, el tiempo se ha convertido en una de las formas de compensación más valoradas.

Esto no significa que las organizaciones suspendan actividades. Industrias como el comercio, turismo, seguridad, salud o transporte incluso incrementan su operación en estas fechas; tampoco sería razonable ignorar que las empresas —especialmente las pymes— deben cumplir compromisos, atender clientes y alcanzar objetivos.

La discusión, por ello, no debería ser si se trabaja o no, sino encontrar esquemas como jornadas reducidas, horarios escalonados, guardias, trabajo remoto o descansos compensatorios, porque la flexibilidad funciona cuando responde tanto a las expectativas del talento como a la realidad del negocio.

La principal señal del sondeo de OCC, la bolsa de trabajo digital líder en México, es que los trabajadores valoran más disponer de tiempo personal que participar en celebraciones en la oficina, una preferencia que las empresas pueden atender mediante políticas de salario emocional que no necesariamente impliquen otorgar los días festivos no oficiales, sino brindar alternativas acordes con sus necesidades operativas.

En medio de una celebración que apela a la identidad y a la convivencia, el debate laboral también adquiere un sentido simbólico y la flexibilidad no debe entenderse como una concesión improvisada ni el descanso como falta de compromiso.

Cuando existe planeación, puede convertirse en una decisión de gestión: una que reconoce que los resultados de una empresa y el bienestar de sus colaboradores son componentes de una relación laboral sostenible.

Los sismos de Venezuela y las lecciones para México

Septiembre es un mes en el que se juntan el recuerdo y el temor, particularmente el 19 de septiembre, día en que se cumplió la posibilidad poco probable de que se registrara un terremoto con impacto en la Ciudad de México con una diferencia de 22 años.

De aquellas experiencias nos queda la conciencia de que vivimos en una zona de alta sismicidad, que sigue temblando y que, en algún momento, sucederá otro terremoto.

En la edición de julio pasado de la revista IC del Colegio de Ingenieros Civiles de México, publicó un interesante artículo titulado “Los sismos de Venezuela de 2026. Lecciones para México”, de la autoría de Gerardo Suárez y Miguel A. Jaimes, investigadores de los Institutos de Geofísica e Ingeniería de la UNAM respectivamente, sobre los terremotos del pasado 24 de junio de 2026 en Venezuela, particularmente en la región urbanizada al norte de Caracas, con magnitudes de 7.2 y 7.5 con apenas 39 segundos de diferencia, en las fallas Boconó y San Sebastián, ambos sismos someros, es decir, con epicentro cerca de la superficie.

El estudio incluye desde los antecedentes históricos de los terremotos de 1812, 1900 y 1967, todos afectando a la misma región cercana a la capital venezolana; los resultados preliminares oficiales -5,346 personas fallecidas hasta el 21 de julio pasado, 856 edificaciones con daños significativos de las cuales 190 colapsaron, y pérdidas de alrededor de 37 mil millones de dólares-; así como las tipologías estructurales, daños observados y el marco normativo aplicado, relativamente recientemente actualizado.

Cabe señalar que los sismos de Venezuela se continúan estudiando, pero hay varias conclusiones y lecciones preliminares para México que es imposible resumir en unos párrafos, pero cabe destacar que, a decir de los expertos del Colegio de Ingenieros Civiles de México, la experiencia de nuestro país de 1985 y 2017 han proporcionado bases para fortalecer estrategias de reducción de riesgo.

Ahora el reto es establecer criterios de construcción y estrategias para reducir el riesgo sísmico en zonas potencialmente afectadas por sismos someros y de los llamados “dobletes”, como el venezolano; pues el desempeño de una estructura no depende solo del primer sismo, pues hay que entender cómo interactúan el movimiento del terreno, las condiciones del sitio, el entorno construido y la infraestructura crítica, todo lo cual puede transformar un fenómeno natural en un desastre, y esto último es de lo que depende del humano reducir al máximo posible que suceda.

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