En el cuento de los hermanos Grimm, el flautista de Hamelin consigue que los niños sigan su música hasta alejarlos de sus casas. En las redes sociales se encuentra un paralelo: los algoritmos seleccionan contenidos, las notificaciones reclaman atención y las recomendaciones conducen a los usuarios de una publicación a otra.
Para niñas, niños y adolescentes, ese recorrido puede terminar incluyendo acoso, violencia, explotación sexual o mensajes que promueven conductas dañinas. El gobierno de Claudia Sheinbaum busca responder a esos riesgos con el decreto de entornos digitales seguros.
La medida, sin embargo, abre una discusión que va más allá de la protección infantil: quién controla el espacio digital y hasta dónde puede intervenir el Estado.
El poder de las plataformas también implica una responsabilidad. Operan en un mercado publicitario en el que captar y retener la atención de los usuarios tiene un valor comercial. Su capacidad tecnológica y económica les permite influir en la forma en que millones de personas se informan, se comunican y consumen contenidos.
El decreto impone nuevas obligaciones a las empresas. No basta con retirar una publicación después de recibir una denuncia: las plataformas deberán establecer mecanismos confiables de verificación de edad, publicar criterios de clasificación y moderación, activar por defecto las opciones de seguridad y privacidad más estrictas disponibles, ofrecer herramientas de supervisión parental y evaluar los riesgos de sus sistemas de recomendación.
El decreto incluye también videojuegos y tiendas de aplicaciones dentro de su definición de plataformas digitales: Roblox, por ejemplo, combina videojuegos creados por usuarios con avatares y chats, una mezcla que ilustra por qué la protección digital ya no puede limitarse a clasificar publicaciones. También debe considerar las relaciones que se establecen dentro de esos espacios.
Ahí comienza la parte delicada. Para impedir que un menor vea material peligroso, las plataformas tendrán que verificar la edad de sus usuarios y determinar qué contenidos puede ver cada uno. ¿Cómo acreditar la edad sin recopilar más datos personales de los necesarios? ¿Cómo impedir que esa información se utilice para otros fines?
También habrá que distinguir entre una publicación que promueve la violencia y una noticia que la documenta, o entre la incitación a una conducta dañina y la información que permite comprenderla. La aplicación de estas reglas requiere criterios transparentes, procedimientos para corregir errores y garantías que eviten que la protección infantil se convierta en una restricción injustificada de la libertad de expresión.
Existe una diferencia entre establecer obligaciones y garantizar que se cumplan. El decreto entró en vigor el día de su publicación y concede a las plataformas un plazo máximo de 30 días para documentar e informar las acciones adoptadas. También exige canales permanentes de contacto con las autoridades, mecanismos de denuncia y colaboración en la preservación de evidencia digital al menos 90 días hábiles cuando se retire una cuenta o contenido.
Sin embargo, el documento no establece un régimen específico de sanciones por incumplimiento. La presidenta ha advertido que, si las empresas no satisfacen las obligaciones establecidas, su gobierno podría impulsar una ley que sí contemple sanciones. La efectividad de la medida dependerá de la supervisión, de la evidencia sobre sus resultados y de convertir las obligaciones en cambios verificables.
En Hamelin, el flautista pudo llevarse a los niños porque nadie consiguió detenerlo a tiempo. En el mundo digital, la respuesta no puede consistir en apagar la música ni en entregar a una sola autoridad el poder de decidir qué pueden escuchar los demás.
Se necesitan plataformas responsables, reglas transparentes y mecanismos que permitan exigir cuentas tanto a las empresas como al gobierno.
Proteger a niñas, niños y adolescentes exige intervenir donde existen riesgos reales, pero también preservar su derecho a informarse, comunicarse y participar en internet. La cuestión es quién pone los límites, cómo se vigila su cumplimiento y qué garantías impiden que, en nombre de la protección, alguien termine controlando de más.
Morelos en la mira
Hace aproximadamente un mes, fue asesinada en Cuernavaca una estudiante española que se encontraba de intercambio, víctima de robo a mano armada.
El hecho puso la atención mediática internacional en el estado de Morelos por la situación de inseguridad en que se encuentra: el cuarto feminicidio entre el alumnado de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) en lo que va del año, ubicándola como la segunda entidad con más feminicidios (21 de acuerdo a la estadística de incidencia delictiva más actualizada, a agosto).
A este contexto se sumó la semana pasada, varios hechos de violencia en el oriente del estado a raíz de un operativo de autoridades locales en el que fue capturado y luego liberado José David Vergara, alias el “Güero del Gym”, líder de un grupo delictivo local, considerándose un revés para el gobierno morelense.
En la estadística de homicidios dolosos por entidad federativa de enero a septiembre, el estado se encuentra en el séptimo lugar —entre las siete que concentran el 50 % del total de ese delito—, con 673 homicidios, el 5.2 % del total, con una disminución interanual de -19.5 % y sigue disminuyendo. En cuanto a otros delitos, en el mismo periodo, se aprecia una baja en el robo de vehículos, no así en el robo a casa habitación y en el narcomenudeo.
Morelos se encuentra en la ruta del narcotráfico entre Guerrero y la Ciudad de México, además de ser un mercado de droga por derecho propio como destino turístico y de descanso de muchos chilangos. Además de los grupos delincuenciales morelenses, el estado tiene presencia de grupos delictivos de dichas entidades, entrando en contubernio o disputa con los grupos locales y, a su vez, han permeado a las autoridades municipales, sea por acuerdos o vínculos directos.
Ejemplo de ello han sido los dos operativos Enjambre en la entidad, destacando las detenciones del presidente municipal y funcionarios de Cuautla, la segunda ciudad más importante del estado, más los antecedentes de relaciones con grupos delictivos en el sexenio de Cuauhtémoc Blanco, sin detenidos a la fecha.
Como casi todas las policías estatales y no se diga las municipales del país, las de Morelos se encuentran descuidadas y sin continuidad institucional de varias administraciones, con escasos recursos materiales, económicos y humanos; faltas de capacitación y corrompidas, lo cual no extraña cuando se habla de municipios controlados por el crimen organizado empezando por los munícipes.
El jueves pasado hubo una reunión en Palacio Nacional, entre la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Margarita González, junto con sus respectivos gabinetes de seguridad. La instrucción presidencial fue, en lo inmediato, brindar el apoyo de las fuerzas federales, pero también mejorar las policías estatales y municipales en el mediano y largo plazo.
Esto último es fundamental en Morelos y en todo el país. Hay un plazo de un mes para tener una propuesta de seguridad del estado que incluya los recursos necesarios para ello. No es tema que se solucione solo con personal y dinero, se necesita definir una política de seguridad pública con visión de largo plazo, con metas e indicadores definidos, desde capacitación, profesionalización, hasta medidas anticorrupción.
Veremos al 15 de noviembre qué presentan. Urge, porque los delincuentes no se detienen a esperar a que los alcancen.
Organizar los ingresos, clave para alcanzar metas financieras
La administración de los ingresos es una decisión que incide directamente en la estabilidad financiera de los hogares y en su capacidad para concretar proyectos de mediano y largo plazo. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Gasto (ENG) 2025 del INEGI, los hogares destinaron en promedio 4 mil 107 pesos mensuales al ahorro, pago de créditos y otros compromisos financieros, lo que evidencia la necesidad de distribuir los recursos con criterios de planeación y prioridades.
Para Círculo de Crédito, la Sociedad de Información Crediticia (SIC), ordenar los ingresos permite identificar oportunidades para alcanzar objetivos y evaluar el financiamiento como una herramienta, siempre que esté alineado con la capacidad de pago.
El primer paso consiste en establecer cuánto dinero se destina a los gastos cotidianos, las obligaciones financieras y las metas futuras. A partir de esa distribución, es posible definir montos y plazos de ahorro, calendarizar los pagos y anticipar necesidades de liquidez.
Si un proyecto requiere crédito, conviene evaluar previamente el impacto de las mensualidades en el presupuesto, considerar intereses, comisiones y otros costos, y reservar durante dos o tres meses una cantidad equivalente al pago estimado para comprobar si puede sostenerse sin comprometer otros gastos.
Esta previsión ayuda a dimensionar el costo real de una decisión financiera y a reducir el riesgo de asumir obligaciones que excedan los recursos disponibles.
La información crediticia también desempeña un papel relevante en esta planeación. Conocer el Credit Score permite tener una referencia sobre el comportamiento frente al crédito y complementar la evaluación antes de solicitar financiamiento.
En un entorno donde los hogares deben equilibrar consumo, ahorro y compromisos financieros, la disciplina presupuestaria y el conocimiento del historial crediticio contribuyen a tomar decisiones más informadas. Dar dirección al dinero implica convertir los ingresos en oportunidades para cumplir objetivos, sin descuidar la estabilidad financiera presente.
El talento creativo, una ventaja competitiva
El diseño y los servicios creativos han dejado de ser áreas dedicadas exclusivamente a la estética para convertirse en aliados estratégicos de las empresas. En un mercado donde las marcas necesitan diferenciarse, conectar con sus audiencias y adaptarse a nuevas formas de consumo, el talento creativo adquiere un papel cada vez más relevante.
En México, de acuerdo con el INEGI, este sector aporta alrededor del 2.8% del PIB nacional, una contribución que refleja su importancia económica y su capacidad para generar oportunidades profesionales.
Sin embargo, la evolución de esta industria también está transformando las expectativas de las organizaciones respecto a quienes se desempeñan en ella. La creatividad sigue siendo indispensable, pero ya no basta con tener buenas ideas: es necesario convertirlas en soluciones que respondan a objetivos concretos de negocio.
Esto implica dominar herramientas de diseño, comprender los principios del marketing, conocer las dinámicas de las redes sociales y desarrollar capacidades para organizar proyectos, cumplir plazos y trabajar con equipos multidisciplinarios.
El ranking de habilidades más solicitadas en el sector del diseño y las artes, elaborado por Computrabajo, el sitio de empleo líder en Latinoamérica, con base en las estadísticas del primer trimestre de 2026, confirma esta tendencia. El diseño gráfico y el dominio de herramientas de Adobe encabezan la lista, seguidos de la creatividad y los conocimientos de marketing y redes sociales.
También destacan la organización y el seguimiento de proyectos, la comunicación, la proactividad y la atención al detalle. Esta combinación demuestra que las empresas buscan perfiles capaces de integrar sensibilidad artística, dominio técnico y visión estratégica para generar resultados medibles.
Para los líderes empresariales, esta transformación representa una oportunidad para replantear la manera en que identifican, desarrollan y retienen el talento creativo.
Más allá de evaluar portafolios o conocimientos técnicos, es importante reconocer la capacidad de los profesionales para resolver problemas, interpretar las necesidades del mercado y colaborar con otras áreas de la organización.
Al mismo tiempo, las empresas deben impulsar la actualización constante de sus equipos ante la evolución de las herramientas digitales, los formatos audiovisuales y las plataformas de comunicación.
En este contexto, el reto no consiste en elegir entre creatividad y conocimientos técnicos, sino en lograr que ambos se complementen. Las organizaciones que comprendan el valor estratégico del diseño podrán fortalecer su identidad, mejorar la experiencia de sus clientes y responder con mayor agilidad a las exigencias del mercado.
Para los profesionales, el camino está en ampliar sus competencias sin perder aquello que los distingue: su capacidad para imaginar nuevas posibilidades y convertirlas en propuestas de valor.
La creatividad genera ideas, pero es la combinación de talento, técnica y visión de negocio la que permite transformarlas en una ventaja competitiva sostenible.