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El mundo según Trump: un año de gobierno por decreto

por El Consejero

Como ningún otro en la historia moderna de Estados Unidos, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha resultado profundamente desafortunado. Con una compulsividad hacia las firmas el mandatario ha gobernado, durante este segundo periodo, a base de órdenes ejecutivas y decretos que barrieron con el debate legislativo. Donde antes había diplomacia, instaló la amenaza; donde existían reglas, impuso ultimátums; donde se hablaba de cooperación, sembró la sospecha. Estados Unidos dejó de comportarse como artífice del orden internacional para actuar como un vecino irascible que necesita golpear constantemente la mesa para recordar su tamaño.

Su estilo reveló un desprecio sistemático por los contrapesos. El Congreso fue tratado como una ventanilla incómoda y la Corte Suprema como obstáculo técnico. Las sentencias adversas se respondieron con descalificaciones; las comisiones legislativas con amenazas presupuestales. El mensaje fue inequívoco: la voluntad presidencial está sobre las instituciones democráticas.

En el escenario internacional, esa misma lógica convirtió a la diplomacia en un mercado transaccional. En Gaza, Washington, sin ningún pudor, abandonó cualquier pretensión de mediación equilibrada para alinearse sin reservas con la estrategia de fuerza del gobierno israelí. En Ucrania, Trump practicó la ambigüedad calculada: promesas expresas de paz, acompañadas de presiones para congelar el conflicto y de dudas sobre el apoyo a Kiev.

El episodio de Groenlandia condensó ese método. La abierta idea de querer comprar la isla o tomarla a la fuerza –contra la voluntad de Dinamarca– no es un exabrupto sino una declaración de principios: los territorios son activos y los aliados, accionistas menores. La Alianza Atlántica hoy luce como un contrato menor, perfectamente revocable.

Los aranceles completaron el paquete. De herramienta técnica pasaron a misiles mediáticos que disciplinan gobiernos y sacuden mercados. La economía global aprendió a vivir pendiente de un calendario de amenazas que sustituyó a la planificación. La cooperación solo sirve si produce ganancia inmediata para Washington.

Con Trump Estados Unidos también tuvo su revolución cultural. Universidades acusadas de adoctrinamiento, programas de diversidad desmantelados, presiones para vigilar a los profesores críticos. No hubo asalto físico a los campus, pero sí una guerra administrativa: auditorías intimidatorias, recortes y campañas para presentar a la academia como guarida de radicales.

La política migratoria se vio transformada en un teatro moral: redadas televisadas, expulsiones exprés y un lenguaje que equipara movilidad humana con invasión. La prensa fue tratada como enemiga y la mentira como recurso legítimo. Trump gobernó como quien necesita crisis permanentes para respirar.

Ninguna nación del orbe ha padecido más la dimensión de este viraje que México. La integración norteamericana, vendida durante décadas como destino natural, se transformó en mecanismo de presión: hoy amenaza arancelaria, mañana exigencia migratoria, pasado mañana revisión del tratado. Nuestro país transita hoy en un limbo entre socio indispensable y rehén perfecto en una relación que dejó de ser estratégica para convertirse en transaccional y asimétrica.

A un año, el proyecto se perfila con nitidez: la construcción de una presidencia imperial, poco interesada en el equilibrio de poderes y abiertamente seducida por el aislacionismo. Pero ese repliegue, lejos de hacer a Estados Unidos más grande, lo va empequeñeciendo: le ha restado liderazgo moral, credibilidad diplomática y capacidad de convocar al mundo en torno a reglas compartidas.

Un país que gobierna por decreto y por amenaza puede imponer obediencia temporal, no respeto duradero. Y una potencia que confunde grandeza con intimidación termina descubriendo que el garrote, usado demasiado tiempo, termina por regresar como un boomerang.

Blue Monday: cuando el desánimo entra a la oficina

El tercer lunes de enero llega con la etiqueta de “el día más triste del año”. Blue Monday no es un diagnóstico médico: es una referencia cultural que, en la oficina, funciona como termómetro del ánimo, la motivación y el peso con el que se retoma la rutina.

Y no es solo una sensación de redes. De acuerdo con el “Termómetro Laboral” de OCC, la bolsa de trabajo en línea líder en el país, 53% de los trabajadores en México afirma sentirse desmotivado al inicio de año, en un contexto marcado por regreso a la rutina, ajustes financieros tras las fiestas y nuevas cargas de trabajo.

Lo más revelador está en las razones: entre quienes se sienten desmotivados, 35% señala el peso de retomar la rutina y 19% lo asocia con la sobrecarga típica de inicio de año. Aun así, no todos viven enero igual: 25% dice sentirse más motivado y 21% no percibe diferencia emocional, lo que sugiere que cambia más la experiencia laboral que la persona.

¿Y cómo se gestiona el bajón? Casi siempre de forma discreta: 56% se toma una pausa para manejar emociones, 26% lo ignora y sigue, 15% lo habla con un compañero y solo 3% pide permiso para ausentarse. Blue Monday no se enfrenta con frases motivacionales, sino con liderazgo básico: prioridades claras, distribución equilibrada y acompañamiento cercano. El problema no es el “lunes”, sino normalizar que la mitad del equipo arranque el año desmotivado.

Sustentabilidad del Golfo de California

El Golfo de California tiene una superficie de 157 mil kilómetros cuadrados, una población de 6 millones de habitantes de cuatro estados del país – Baja California, Baja California Sur, Sonora y Sinaloa-, y 30 millones de habitantes en la cuenca del Río Colorado en Estados Unidos; es Patrimonio Mundial Natural por la UNESCO, tiene 5,700 especies endémicas, 24 áreas naturales protegidas y 42 áreas prioritarias para la biodiversidad terrestre. Se trata de una región clave en la economía del país: ahí se siembra el 50% del trigo y 25% del maíz, se captura el 70% de la sardina nacional y se produce 80% del camarón; tiene una derrama turístic anual de mil millones de dólares y la minería de la región genera el 11% del PIB nacional.

Sin embargo, el Golfo enfrenta cinco amenazas principales, en buena parte debido a estas actividades económicas: una reducción del 80 por ciento de los flujos de agua dulce respecto a 1930, lo que ha incrementado la salinidad del Golfo; se vierten anualmente alrededor de 460 mil toneladas de nitrógeno y otros fertilizantes; pesca desmedida de más de un millón toneladas por año de sardina; 142 presas de jales de explotaciones mineras, muchas de ellas abandonadas, y el incremento de un grado centígrado de la temperatura en la superficie del mar debido al cambio climático en el último siglo.

Actualmente, varias instituciones participan en el proyecto de Acción por la Sustentabilidad del Golfo de California, un esfuerzo encabezado por Fernando González Villarreal, coordinador Técnico Red del Agua UNAM y director General del Centro Regional de Seguridad Hídrica auspiciado por la UNESCO. Se trata de quien fuera el primer director de la Conagua, presidente fundador del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, ha sido presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de México y de la Asociación Mexicana de Hidráulica, así como premio Nacional de Ingeniería Civil y Arquitectura 2013.

González Villarreal estuvo con sus colegas del Colegio de Ingenieros Civiles de México, para hablar de los procesos y soluciones que contempla el proyecto para replantear el desarrollo del Golfo de California y sus cuencas de aportación, con siete líneas de acción: formar la Red de Amigos del Golfo de California; armar el sistema de monitoreo y evaluación, para evaluar la evolución del plan y su impacto, y del cual ya se tienen algunos indicadores; caracterización y análisis de flujos de aguas dulces, saladas y de contaminantes, para precisar fuentes de contaminación; evaluación de impacto de plantas desalinizadoras; programas sectoriales de infraestructura; sistema financiero y de gobernanza; y comunicación y formación de capacidades.

Se trata de un esfuerzo en el que están la UNAM, Banobras, Conagua, y al que se han sumado, a través de la Red de Amigos del Golfo de California, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Banco Mundial, Fundación Alumbra, los distritos de riego, entre otros. A esta plataforma de comunicación y colaboración se puede registrar en la liga https://amigosgolfocalifornia.org/

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