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Foro PROSA: el futuro ya es el presente… es digital

por El Consejero
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Foro PROSA: el futuro ya es el presente… es digital

Estamos siendo testigos de una era sin precedentes en la evolución económica de nuestro país. La reciente agenda presentada por PROSA no es un cronograma corporativo más; es el mapa de ruta hacia una inclusión financiera definitiva y un motivo real de optimismo para millones de usuarios.

Ver reunidos en un mismo espacio a los reguladores del Estado, a la banca tradicional y a las mentes más disruptivas del sector tecnológico es la prueba de que el ecosistema financiero mexicano ha decidido caminar con paso firme y coordinado hacia la modernidad.

El alma de esta visión recae en el liderazgo de Salvador Espinosa, CEO de PROSA, quien tiene la gran responsabilidad de inaugurar formalmente este encuentro crucial. Al abrir los paneles de discusión, su participación no solo marca el inicio de la jornada, sino que establece el tono de concordia, innovación y altura de miras que requiere el sector.

Bajo su guía, la institución se consolida como el gran puente neutral donde la banca tradicional y el mundo fintech dejan de competir para comenzar a colaborar en beneficio del usuario final.

La apertura del foro con figuras de la talla de Klar, Mercado Pago, Spin y Revolut, compartiendo el escenario con instituciones históricas como Banorte, HSBC y Mifel, es una excelente noticia para el ciudadano de a pie.

Esta sinergia significa que la innovación y la agilidad de las fintech se están sumando al respaldo y la solidez de la banca tradicional. El gran beneficiado de esta combinación es el usuario, quien pronto tendrá acceso a herramientas más sencillas, seguras y accesibles para manejar su dinero cotidianamente.

El optimismo se fundamenta en un hecho innegable: la tecnología finalmente se ha puesto al servicio de la inclusión. La integración de titanes tecnológicos como AWS y Microsoft en el núcleo de las discusiones financieras nos asegura que la infraestructura del mañana estará respaldada por la nube y la inteligencia artificial, garantizando transacciones más rápidas, baratas y protegidas contra cualquier vulnerabilidad.

Otro de los puntos más esperanzadores es el papel proactivo que están jugando las autoridades. La participación de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y el Banco de México en estos paneles demuestra que la regulación no busca ser un freno para la innovación, sino un suelo firme sobre el cual construirla. Que el regulador camine de la mano con los desarrolladores de tecnología y los procesadores de pagos garantiza que el crecimiento del sector será seguro, estable y con las reglas claras para proteger el patrimonio de los mexicanos.

El cierre del evento con un enfoque de coaching financiero —a cargo de Moris Dieck— redondea a la perfección esta visión optimista. Nos recuerda que el despliegue tecnológico y las grandes alianzas entre redes globales como Visa, American Express y Discover tienen un propósito humano muy claro: empoderar a las personas a través de la educación y darles el control absoluto de sus finanzas.

La agenda de PROSA nos deja una certeza refrescante: el futuro financiero de México es brillante, inclusivo y está diseñado para simplificar la vida de todos. Con directivos experimentados como Salvador Espinoza marcando la pauta, el país se encamina hacia el nacimiento de un ecosistema más democrático, donde la tecnología rompe las barreras del pasado y abre las puertas del bienestar económico a sectores que antes estaban olvidados. El mañana digital ya está aquí, y trae consigo grandes oportunidades para el progreso del país: Foro PROSA México 2026, viernes 25 de septiembre, Camino Real de Polanco.

China-EU: esa guerra que pagamos todos

En un nuevo round de una contienda que ha marcado el ritmo financiero global de los últimos meses, Donald Trump y Xi Jinping volverán a sentarse frente a frente este jueves en Washington. El presidente chino llegará a Estados Unidos el miércoles para una visita de Estado de tres días, la segunda reunión en menos de seis meses.

Sobre la mesa estarán no solo el comercio y los aranceles; la agenda contempla la inteligencia artificial, las tierras raras e, inevitablemente, las diferencias que mantienen a las dos mayores economías del mundo en una competencia cada vez más amplia.

A primera vista la prioridad parece ser evitar que esa competencia vuelva a reactivar la guerra comercial. La tregua alcanzada el año pasado vence el 10 de noviembre y los equipos de ambos países ya negocian una posible extensión.

También han comenzado a discutir reducciones de aranceles para algunos productos y un mecanismo para mantener abierto el diálogo comercial. Después de meses de amenazas y medidas cruzadas, Washington y Pekín necesitan una forma de mantener bajo control una relación que afecta a una gran parte de la economía mundial.

Xi llega con una posición comercial fortalecida. La economía china ha mantenido un fuerte crecimiento de sus exportaciones pese a las restricciones norteamericanas. China conserva además una carta importante en la negociación: las tierras raras y otros minerales críticos indispensables para sectores que van desde la electrónica hasta la industria militar. Washington quiere reducir esa dependencia, pero por ahora no se muestra dispuesto a eliminar sus controles tecnológicos sobre el país asiático.

La inteligencia artificial abre otro frente. Los funcionarios de ambos países acordaron establecer un diálogo específico sobre seguridad de la IA y discutir un mecanismo para avisarse sobre incidentes que puedan representar riesgos.

Es un terreno peculiar: Estados Unidos y China compiten por el liderazgo tecnológico, restringen el acceso del otro a tecnologías sensibles y, al mismo tiempo, empiezan a reconocer que algunos riesgos no pueden manejarse únicamente desde cada país por separado.

Taiwán encabezará la lista de asuntos geopolíticos, aunque ahí difícilmente habrá acuerdos de fondo. La relación seguirá marcada por la competencia estratégica, la tecnología, la seguridad y las diferencias sobre el papel de China en el mundo.

Por eso, más que buscar una reconciliación, ambos gobiernos parecen interesados en mantener abiertos los canales de comunicación y evitar que una disputa en un frente termine provocando una crisis en otro.

A diferencia de lo ocurrido durante su primera presidencia, el presidente norteamericano no ha logrado frenar la expansión comercial de China a través de la presión arancelaria. De acuerdo con Reuters, más de la mitad de las categorías de productos chinos importados por Estados Unidos registran este año un crecimiento respecto de 2025. Pekín llega, por tanto, a la reunión con una posición comercial que le permite negociar desde una situación distinta a la que Washington esperaba cuando declaró la guerra comercial.

Probablemente al final del encuentro escuchemos grandes anuncios y veamos caras sonrientes, pero es un hecho que ninguno de los dos va a abandonar la competencia. Estados Unidos quiere contener el avance tecnológico y económico de China; China quiere ampliar su margen de maniobra y reducir su dependencia de Estados Unidos. Lo que está en juego esta semana no es el fin de esa rivalidad, sino algo más concreto: el que ambas potencias aprendan a competir sin tener atrapado al mundo en una nueva crisis comercial.

Subsidiando servicios

En diciembre de este año se cumplirán 13 años de la última vez que subió el precio del boleto del Metro a 5 pesos, y no hay intención alguna de subirlo, a pesar de los retrasos en los trenes, las escaleras eléctricas que no funcionan, y hasta los accidentes que han cobrado vidas.

Pareciera que los usuarios del Sistema de Transporte Colectivo Metro (STC Metro) no deberían quejarse del mal servicio y de los riesgos por los 5 pesos que pagan para trasladarse en él.

Se estima que el costo real del boleto del Metro de la Ciudad de México debería ser de 13 pesos, solo para cubrir costos operativos. Es decir, hay 61.5 por ciento de subsidio que permiten un traslado barato que podría ser mejor, pero que también implicaría encarecerle a más del doble un transporte público esencial para la mayoría de los capitalinos.

Esto lleva a plantear: ¿hasta dónde un subsidio como una política social es sostenible? Jesús Campos López, presidente del Consejo Directivo del Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM), abordó el tema este lunes, previo al desayuno de “Diálogo con ingenieros” sobre el diseño y construcción de la Subestación Buen Tono, la subsestación eléctrica más grande del país que da servicio a un cliente específico, en este caso el STC Metro, luego del incendio del Puesto Central de Control del Metro en enero de 2021, que dejó sin servicio a las líneas 1, 2 y 3 en plena pandemia de covid.

Campos López reflexionó sobre los recursos que se necesitan para financiar servicios como la electricidad, el agua, el drenaje o el Metro, que puede ser mediante una tarifa o cuota que cubre directamente quien usa el servicio o mediante el presupuesto público financiado por los impuestos que paga toda la población.

El presidente del Colegio consideró que lo más conveniente es que sea quien usa el servicio quien cubra su costo, sin embargo, es entendible que exista un subsidio a distintos servicios de infraestructura, aunque refirió tres condiciones: que sea claro, transparente y que no se dejen de destinar recursos al mantenimiento.

Sea por cobro o por subsidio del costo real de los servicios, debe haber los recursos suficientes para destinarlos a la operación y mantenimiento preventivo, lo cual garantiza la continuidad, la confiabilidad y la seguridad del servicio y de quienes dependen de él, enfatizó el ingeniero. Al final de cuentas, más allá de hasta dónde subsidiar, lo importante es cómo hacerlo.

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