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La emancipación de Claudia

por El Consejero
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La emancipación de Claudia

La política mexicana atraviesa un proceso de “descompresión” que muchos consideran una purga silenciosa pero sistemática. La administración de Claudia Sheinbaum ha comenzado a trazar una línea de fuego entre la lealtad al pasado y la operatividad del presente.

No es una coincidencia lo que está sucediendo en los últimas semanas al interior del “proyecto” lopezobradorista y el desapego que comienza a gestionar la presidenta de México, quien ha comenzado a jubilar, por la vía de la irrelevancia o la sustitución directa, a los guardianes del testamento político del Peje.

La salida de Adán Augusto López de la coordinación de Morena en el Senado no fue un retiro voluntario, sino el cierre de una válvula de presión. Adán, que operaba como el comisario político del sexenio anterior, se volvió un estorbo para la construcción de una gobernabilidad propia.

A él se suman figuras que parecen caminar sobre la cuerda floja: Alejandro Gertz Manero, de quien su permanencia en la Fiscalía se percibía ya como un anacronismo institucional, y que encontró una salida a través de la diplomacia, ocupando la embajada ante el Reino Unido, provocando el avance de figuras cercanas al eje de seguridad de la presidenta (Omar García Harfuch) sugiere que el control de la justicia está cambiando de manos.

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Mario Delgado y Marx Arriaga: El primero, desplazado por las pugnas internas de un Morena que “implosiona” por la lucha de cuotas; el segundo, víctima de una Secretaría de Educación que busca profesionalizarse frente a la ideologización extrema que marcó el inicio de la década.

Jesús Ramírez Cuevas, cuyo paso de la vocería presidencial a una jefatura de asesores de bajo perfil, confirma que la narrativa nacional ya no se dicta desde la confrontación matutina, sino desde una tecnocracia comunicativa más controlada.

La aparición del nuevo libro de Julio Scherer Ibarra en este 2026 ha actuado como un catalizador de resentimientos. Al revelar las fracturas internas y los métodos de control del círculo íntimo de AMLO, Scherer no solo ajusta cuentas, sino que le otorga a la actual administración el “permiso moral” para distanciarse de las prácticas más cuestionadas del pasado. El libro es, en esencia, la autopsia de un estilo de gobierno que ya no tiene cabida en el nuevo diseño institucional.

El punto más delicado de esta separación es la relación con los hijos del expresidente, particularmente Andrés Manuel López Beltrán (“Andy”), pues se especula sobre el rompimiento con su padre, pero es innegable el distanciamiento con el Palacio nacional.

Estamos ante el nacimiento de un “sheinbaumismo” que, para sobrevivir, debe devorar a sus padres políticos. La separación de estos funcionarios no es un acto de traición, sino de supervivencia. El futuro de Morena dependerá de si logra transformarse en un partido institucional o si sucumbe ante las rencillas de una familia que se niega a soltar el timón de la historia.

Mientras tanto, a quién le hace más falta el complemento, a Morena o a Sheinbaum.

Conservar el manglar o desarrollar Manzanillo

Fundado en la Colonia, Manzanillo es el principal puerto del Pacífico mexicano. Cuatro de cada 10 contenedores entran por el puerto colimense. Sin embargo, dada la urgencia de ampliar su capacidad logística y que la infraestructura portuaria se encuentra rodeada por la ciudad, se planeó el proyecto del Nuevo Puerto de Manzanillo, en el vaso II de la Laguna de Cuyutlán, al este del actual puerto.

En enero pasado, la Semarnat resolvió que se debe presentar una nueva Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) por el proyecto, lo cual no es un impedimento legal para su construcción, de acuerdo a los especialistas del Colegio de Ingenieros Civiles de México, puesto que la resolución se debe al cambio de configuración del proyecto originalmente ingresado, pues la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) a cargo del proyecto envió después una nueva distribución para el puerto, pero no hay un resolutivo en materia de impacto ambiental.

El Comité del Medio Ambiente del Colegio tiene los antecedentes de otras MIAs de proyectos realizados en Manzanillo que han sido aprobados, e identifica varios problemas en la evaluación ambiental, uno de ellos el relacionado con la remoción del manglar del vaso II de la Laguna de Cuyutlán, a lo que es contraria la Ley General de Vida Silvestre en su artículo 60 y la NOM-SEMARNAT-2003, las cuales, de haberse aplicado al pie de la letra, hubieran impedido obras de mayor afectación ecológica como lo han sido el Tren Maya, la refinería Olmeca e incluso la expansión que se realizó en la zona norte del propio Puerto de Manzanillo.

En la búsqueda de soluciones para desarrollar un proyecto que es indispensable, entre las recomendaciones del Colegio están realizar MIAs individuales que tendrán que ser vinculadas conforme vayan siendo desarrolladas y, en el caso del manglar del vaso II, es inevitable su remoción, pues las medidas propuestas para no afectarlo, no aseguran la protección del manglar e incluso podrían afectar a otras zonas, además generar más costos y mayor tiempo para la ejecución, por lo que sugieren compensar con una inversión significativa en la protección de los vasos III y IV de la Laguna.

Las autoridades locales dicen que quieren un desarrollar el puerto y que no se toque en manglar, lo cual es imposible, y solo agravará los problemas que ya enfrenta el puerto de Manzanillo y que podrían significar, en un plazo no muy lejano, su obsolescencia y declive.

Cuando el empleo deja de ser solo empleo

Durante años, el discurso laboral giró alrededor de una promesa simple: estabilidad a cambio de lealtad. Hoy, las nuevas generaciones ya no conciben el trabajo únicamente como una fuente de ingresos, sino como una extensión de su proyecto de vida, en ese contexto, la campaña “El empleo que conecta contigo”, lanzada en México por Computrabajo, el sitio de empleo líder en Latinoamérica, no solo es una acción publicitaria, sino una lectura puntual de un cambio estructural en el mercado laboral.

Ya no son solo las empresas las que eligen talento; son los candidatos quienes evalúan, comparan y deciden dónde quieren estar, con base en valores, cultura organizacional, reputación y afinidad personal. En este nuevo escenario, la conexión emocional con el empleo pesa tanto como el salario o el cargo. Ignorar esta realidad es, para muchas organizaciones, quedar fuera del radar del talento emergente.

La campaña parte de una premisa contundente: encontrar el empleo adecuado puede “completar” una etapa vital. Bajo el llamado de “aplica, conecta y empieza”, se refuerza una tendencia que ya domina el reclutamiento moderno: procesos ágiles, móviles y centrados en la experiencia del candidato. La facilidad de postularse desde una app no es un detalle tecnológico, es una respuesta a la inmediatez con la que hoy se toman decisiones profesionales.

Pero quizá el elemento más revelador es el énfasis en la transparencia. Las evaluaciones de colaboradores y excolaboradores se han convertido en un factor decisivo. Para las empresas, esto representa un reto incómodo pero necesario: ya no basta con prometer una cultura atractiva, hay que vivirla, porque la reputación laboral se construye desde dentro y se valida desde fuera.

El despliegue de la campaña, que cuenta con presencia en plataformas como YouTube y TikTok, así como en espacios urbanos y universidades de la Ciudad de México, confirma hacia quién va dirigido el mensaje: talento joven, informado y exigente que no busca solo un puesto, sino sentido.

Reconstruir Gaza, redibujar Cisjordania

Pareciera fuera de toda lógica el anuncio del presidente Donald Trump de que los miembros de su Consejo de Paz para la reconstrucción de la Franja de Gaza ya han comprometido fondos por 5 mil millones de dólares. Resulta desconcertante si se considera que los participantes de dicha agrupación tendrán su primera reunión en los próximos días y ese “madruguete” les robará la primera plana de todos los diarios internacionales.

Sin embargo, lo que parece una señal de distensión oculta un trasfondo más oscuro. En coincidencia con el anuncio, Israel aprobó registrar amplias zonas de Cisjordania como propiedad estatal, un movimiento de alto impacto jurídico y político que con el tiempo podría dar paso a una anexión.

Vamos por partes. La reconstrucción de Gaza es una necesidad humanitaria innegable. Pero cuando el financiamiento se canaliza a través de una estructura paralela a la Organización de las Naciones Unidas, el mensaje político es claro. Se está configurando un esquema alternativo de gobernanza posbélica. No es solo ayuda; es liderazgo geopolítico.

Ahora bien, el registro de tierras en Cisjordania no es un acto administrativo neutro. En la práctica facilitará la compra de tierras por parte de los colonos israelíes, consolidando su presencia permanente y reduciendo el margen territorial para una solución de dos Estados. El gobierno de Benjamín Netanyahu fortalece así una estrategia de hechos consumados: modificar la realidad sobre el terreno antes de cualquier negociación futura.

Los acontecimientos convergen en una paradoja descomunal. La pregunta es inevitable: ¿puede la reconstrucción de Gaza frenar la escalada si, al mismo tiempo, se consolidan cambios estructurales en Cisjordania? Difícilmente. La paz no depende solo de la inversión económica; depende de soberanía, reconocimiento y viabilidad territorial. Una solución tan elemental no resolvería el conflicto, incluso podría consolidarlo.

Bajo esta óptica no es casual que Donald Trump conformara un organismo paralelo. La Unión Europea y la ONU han sostenido durante décadas que los asentamientos en territorio ocupado contravienen el derecho internacional. Si los nuevos mecanismos financieros y políticos operan al margen de esas instituciones, no las eliminan, pero sí las desplazan. Se robustece así una diplomacia de coaliciones selectivas en lugar de consensos que éticamente tendrían que ser universales.

Hay un elemento económico que muy poco ha sido discutido: la reconstrucción generará contratos, inversión extranjera y desarrollo inmobiliario, transformando una tragedia en un mercado emergente. Paralelamente, el registro de tierras redefine activos territoriales con impacto estratégico a largo plazo. Infraestructura y propiedad son, en última instancia, instrumentos de poder.

Bajo estas condiciones, la pregunta no es si habrá dinero para reconstruir, sino qué mapa político emergerá después. Si Gaza se convierte en un experimento económico mientras Cisjordania se integra progresivamente al Estado israelí, la solución de dos Estados quedará como un cuento de lo que pudo ser. Cuando la geografía cambia antes que la política, la historia se inclina hacia la irreversibilidad.

La pinza se está empezando a cerrar. No estamos ante el final de una escalada, sino ante su mutación. El conflicto empieza a dejar de ser bélico para convertirse más en una pugna de rediseño territorial en la que el pueblo palestino dejará de ser dueño de su destino, una silenciosa forma de desplazamiento político cuya legitimidad será profundamente cuestionada.

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