La inauguración del VIII Seminario Internacional de Puentes en Mérida, organizado por la Asociación Mexicana de Ingeniería de Vías Terrestres, A.C. (AMIVTAC), sirvió como escenario para que el secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Jesús Antonio Esteva Medina, presentara lo que contempla hacer la actual administración en ese rubro carretero: la construcción y modernización de 402 puentes y distribuidores, de los cuales 177 ya están concluidos, sumando 107 kilómetros de longitud: más que el Periférico de la Ciudad de México, que mide 91 kilómetros.
No se trata solo de kilómetros de asfalto y acero, sino de conectividad, de comunidades que dejan de estar aisladas y de economías que encuentran nuevas rutas para prosperar.
El titular de la SICT no se limitó a enumerar obras. Su conferencia magistral repasó ochenta años de evolución en el diseño estructural de puentes en México, desde los marcos sismo-resistentes de los noventa hasta los diseños prefabricados actuales, y presentó proyectos emblemáticos como el Puente Nichupté en Cancún, el puente lagunar más extenso de América Latina—; el Rizo de Oro en Chiapas, primer arco metálico del país a inaugurarse el próximo mes; y el Coatzacoalcos III, que se encuentra en licitación para iniciarse también en noviembre.
Esteva hizo énfasis en diseños de puentes con duración de mil años y en el monitoreo tecnológico remoto de doce puentes atirantados. Es una señal de que la ingeniería mexicana está incorporando la resiliencia y la tecnología como ejes rectores.
Impresionada por lo expuesto por el funcionario público, Emanuela Stocchi, presidenta de la centenaria Asociación Mundial de la Carretera (PIARC), planteó los tres retos que definirán el futuro de la infraestructura: seguridad y fiabilidad mediante una gestión eficaz de los activos, innovación orientada a decisiones más inteligentes y sostenibilidad entendida como resiliencia ante fenómenos naturales.
Juan José Orozco y Orozco, presidente de la AMIVTAC, lo dijo con claridad: “un puente no termina cuando concluye su construcción; en realidad, es entonces cuando comienza a cumplir su propósito”. Su advertencia es pertinente: la tecnología fortalece el criterio del ingeniero, pero no lo sustituye.
Ningún sistema de monitoreo, por avanzado que sea, reemplaza la inspección oportuna y el mantenimiento preventivo. La conservación no es un gasto accesorio, sino la condición misma para que la inversión rinda frutos durante décadas. En un país donde con frecuencia se inaugura con bombo y se abandona con olvido, esta reflexión debería convertirse en política pública.
El desgaste en la relación IMSS-patrones
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) no es solamente la columna vertebral de la salud pública en México; es, en esencia, el termómetro más fiel del pacto socioeconómico del país. En este triángulo de responsabilidades donde convergen el Estado, los trabajadores y los empleadores, la tensión actual ha alcanzado un punto crítico.
La relación entre el Instituto y el sector patronal atraviesa una etapa de fricción agudizada por presiones recaudatorias, criterios de fiscalización más estrictos y un trasfondo de profunda crisis operativa.
Durante los últimos meses, el marco de las revisiones y auditorías del IMSS ha experimentado un endurecimiento notable. Decisiones jurídicas de gran calado, como los avales de la Suprema Corte a las revisiones de gabinete y solicitudes de contabilidad detallada, han dotado a la autoridad de herramientas incuestionables para combatir la evasión. Sin embargo, en el terreno de la realidad cotidiana para las empresas, en su mayoría PyMEs, estas facultades suelen traducirse en un laberinto burocrático de alta exigencia.
El cumplimiento de las cuotas obrero-patronales, la correcta integración del Salario Base de Cotización (SBC) y la sincronización milimétrica entre la contabilidad fiscal y los registros digitales se han convertido en un deporte de alto riesgo. Cuando el IMSS prioriza una fiscalización punitiva por encima de la facilitación, el mensaje implícito hacia el sector formal es lapidario: el cumplimiento se castiga con la carga de la prueba constante, mientras la economía informal opera al margen de toda supervisión.
El malestar de los empleadores no surge únicamente de las auditorías o del costo de las contribuciones, sino de una profunda desconexión institucional. Los patrones que de manera disciplinada sostienen las finanzas del IMSS enfrentan hoy la misma indignación que recorre los pasillos de los hospitales: la crisis de insumos, el rezago en la atención y las deficiencias estructurales.
Resulta insostenible exigir a los empleadores rigor absoluto en el entero de cuotas cuando el destino de esos recursos tropieza con farmacias vacías, plantillas médicas rebasadas y protestas recurrentes del propio personal de salud. Se debilita así la motivación histórica del empresariado formal ¿Qué incentivo real tiene un empleador para mantenerse en la formalidad y soportar auditorías implacables si el sistema de seguridad social al que alimenta colapsa en su misión básica de garantizar salud y bienestar?
La salud financiera del IMSS no puede, ni debe construirse sobre la asfixia del sector productivo formal, ni tampoco bajo la tolerancia de un déficit operativo crónico. Se requiere con urgencia replantear la dinámica de la institución con los patrones: pasar de la lógica de la confrontación fiscal a la de la corresponsabilidad transparente.
IA en el trabajo
La inteligencia artificial está dejando de ser una promesa de transformación para convertirse en una realidad que redefine la operación de las empresas y la manera en que las personas realizan su trabajo.
Su valor no radica únicamente en automatizar tareas o reducir tiempos, sino en ampliar las capacidades de los equipos, mejorar la calidad de los resultados y abrir nuevas posibilidades para resolver problemas.
Para los líderes empresariales, el desafío ya no consiste solamente en incorporar estas herramientas, sino en desarrollar las condiciones necesarias para aprovecharlas de manera estratégica.
El Indicador del Empleo de Computrabajo, el sitio de empleo líder en Latinoamérica, ofrece una perspectiva sobre esta transformación: 77% de los 772 trabajadores encuestados en México ha experimentado algún beneficio con el uso de la IA.
De ellos, 29% afirma ser más productivo, 25% señala que ahora puede realizar tareas que antes no podía y 23% reconoce una mejora en la calidad de su trabajo. Estos resultados reflejan que el impacto de esta tecnología ya se percibe en la actividad cotidiana; sin embargo, también evidencian que sus beneficios no son automáticos ni necesariamente iguales para todos.
El 23% que todavía no identifica un impacto claro representa una oportunidad para revisar cómo se implementan estas soluciones y qué tan preparados están los equipos para utilizarlas.
En este contexto, la adaptabilidad tecnológica se perfila como una de las competencias más relevantes para el futuro del trabajo. De acuerdo con la encuesta, 60% de los participantes considera que será la habilidad más importante durante los próximos años, mientras que 18% destaca la necesidad de adquirir nuevos conocimientos tecnológicos.
Para las organizaciones, estos datos plantean una reflexión fundamental: invertir en tecnología debe ir acompañado de una estrategia de capacitación continua. La transformación digital no puede depender exclusivamente de las herramientas disponibles; requiere personas capaces de aprender, experimentar y ajustar sus métodos de trabajo frente a nuevas exigencias.
No obstante, sería un error asumir que el desarrollo tecnológico resta importancia a las habilidades humanas. El pensamiento crítico, señalado por 12% de los encuestados, y la comunicación y colaboración, mencionadas por 10%, siguen siendo capacidades esenciales para interpretar información, evaluar resultados y tomar decisiones responsables.
La IA puede facilitar procesos y generar respuestas, pero el criterio profesional continúa siendo indispensable para determinar cuándo una solución es pertinente, identificar errores y comprender las implicaciones de cada decisión. Por ello, las empresas que obtengan mejores resultados serán aquellas que logren integrar las capacidades tecnológicas con la experiencia, el juicio y la creatividad de sus colaboradores.
En un entorno laboral en constante evolución, adaptarse ya no es solo una respuesta al cambio: es una condición para sostener el crecimiento y construir el futuro del trabajo.
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