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El plan injerencista de Trump

por El Consejero
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El plan injerencista de Trump

La próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada para arrancar formalmente el primero de julio, se nos ha vendido tradicionalmente como un ejercicio técnico de ajuste comercial. Sin embargo, a días de iniciar, la realidad política y económica dicta una narrativa mucho más compleja y, ciertamente, más inquietante.

Como señala un reciente análisis de JP Morgan, la revisión del tratado amenaza con trascender su naturaleza original para convertirse en una palanca de presión política en manos de Washington. La firma financiera no se anda con rodeos: anticipa que Estados Unidos utilizará el acuerdo como un mecanismo para forzar avances en objetivos estratégicos que poco tienen que ver con el intercambio de bienes, como la seguridad, el control de la migración y la compleja relación de México con China.

Este enfoque no debería sorprendernos, pero sí alertarnos. Estamos ante un escenario donde el comercio, que representa un flujo de 1.5 billones de dólares anuales, se utiliza como una ficha de cambio. La tesis de JP Morgan sugiere que, si bien la ruptura del tratado es poco probable, dada la profunda integración de las cadenas de suministro en sectores como el automotriz y manufacturero, la incertidumbre se ha instalado como una constante.

Para México, el desafío es mayúsculo. No solo debemos navegar una negociación comercial técnica sobre reglas de origen o contenidos regionales; debemos gestionar una agenda de seguridad y geopolítica bajo el escrutinio de un gobierno estadounidense que no oculta su disposición a usar el T-MEC como “palanca”.

Esta dinámica coloca a nuestras decisiones de inversión, especialmente aquellas vinculadas al nearshoring, en una posición de vulnerabilidad. Si el T-MEC deja de ser visto como una garantía jurídica y se transforma en un instrumento de negociación estacional, la certidumbre se evapora.

La advertencia de JP Morgan es un llamado a la prudencia y, sobre todo, a la sofisticación diplomática. México no puede permitirse que la revisión del primero de julio se convierta en una moneda de cambio permanente para agendas ajenas al libre comercio. Si el tratado pasa de ser un marco de certidumbre a una herramienta de presión política, la competitividad de toda Norteamérica se verá comprometida.

Estamos frente a una prueba de fuego que definirá nuestra autonomía y nuestra capacidad de resiliencia frente al vecino del norte. La pregunta de fondo no es si el T-MEC sobrevivirá, sino qué tanto de nuestra soberanía en materia de políticas pública estaremos dispuestos a ceder en la mesa de negociación para mantener el acceso preferencial a nuestro mercado principal. Ojalá que nuestros negociadores tengan la sagacidad para no rendirse ante nuestros “socios”.

Cuba… al borde del precipicio

El régimen político cubano parece haber llegado a un punto en que las reformas dejaron de ser una opción para convertirse en una necesidad. El inédito paquete de reformas anunciado el fin de semana da fe de ello. Son 176 las medidas que aprobó de manera exprés la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Estas abarcan desde el sistema bancario hasta la reorganización de empresas estatales y privadas, pasando por el régimen fiscal, los salarios, el mercado cambiario, el turismo y la inversión extranjera. Desde la consolidación del modelo centralizado, Cuba no había intentado una reconfiguración económica de tal magnitud. Un giro que busca reposicionar a la isla dentro de una lógica de mercado después de años de crisis acumulada.

Décadas tarde, el problema no es únicamente la magnitud del cambio, sino su sincronía con la realidad. La Habana llega a esta apertura desde una posición de fragilidad estructural: escasez crónica de divisas, deterioro de la infraestructura energética, baja productividad y una dependencia profunda del turismo y las remesas. No es una economía que se esté reformando desde la estabilidad, sino desde la urgencia. Una diferencia que condiciona no solo el diseño de las políticas, sino su capacidad de ejecución.

Cuba no es el primer país que intenta reinsertarse de esta manera. China y Vietnam también implementaron modelos híbridos, donde la apertura fue gradual y sostenida en el tiempo. Sin embargo, estos procesos se apoyaron en condiciones que la isla no tiene hoy: capacidad de inversión interna, estabilidad energética, integración progresiva a cadenas globales de valor y, sobre todo, un entorno internacional menos restrictivo.

En el caso cubano, el contexto externo sigue marcado por la presión de Estados Unidos y un sistema de sanciones que limita el acceso pleno al financiamiento global y encarece cualquier intento de inversión, incluso para actores que no son estadounidenses.

El interés extranjero en invertir ahí está, pero es cauteloso. China, Rusia y fondos especializados en activos de alto riesgo observan con atención el desarrollo de las reformas. Hay visitas, diagnósticos, conversaciones y estudios de viabilidad, pero todavía no hay un flujo sostenido de inversión que pueda cambiar la estructura de la economía.

En ese contexto México vuelve a aparecer como un canal pragmático. La presidenta, Claudia Sheinbaum, señaló que las reformas representan un cambio muy importante y dijo que están orientadas a ampliar la inversión y reactivar la relación con actores económicos externos, incluyendo a la diáspora cubana. Pero más allá del reconocimiento político, precisó que el comercio entre ambos países no está reiniciando en términos formales, sino que se mantiene bajo esquemas ya existentes.

En particular, explicó que el intercambio –incluido el energético– se canalizará a través de empresas privadas con los permisos correspondientes, sin que ello implique una renegociación estructural del tratado comercial.

México aparece así más como facilitador de una relación comercial que como promotor de un proyecto político. Mientras Cuba busca reconfigurar su economía desde adentro, México mantiene su relación con la isla dentro de márgenes institucionales y privados, combinando cooperación humanitaria con esquemas comerciales acotados, especialmente en un contexto en el que el suministro energético cubano ha dependido históricamente de terceros países sujetos a sanciones o restricciones.

Cuba está al borde del precipicio. No enfrenta únicamente el desafío de reformar su economía, sino de hacerlo en un mundo que ya cambió de velocidad, de escala y de reglas. Las reformas pueden lucir mucho en el papel, pero su impacto dependerá de factores que no se resuelven por decretos, así se gasten litros y litros de tinta. Se requiere confianza externa, infraestructura interna, estabilidad energética y oportunidad política. Ciertamente, Cuba abrió su economía. La incógnita es si esa decisión llegó antes de la recuperación o después del punto de no retorno.

La nube es real, sólida y cuesta

Lo que en el mundo digital llamamos la “nube”, y que pareciera realmente estar en el cielo o como algo inmaterial, en realidad se encuentra en estructuras físicas diseñadas y construidas para almacenar, procesar y distribuir datos o información, llamados centros de datos. En la actualidad, sólo en Estados Unidos hay alrededor de 5 mil que consumen 180 teravatios, es decir, 180,000,000 megawatts. En México se tienen unos 50, que consumen casi 280 megawatts, y se están construyendo para otros 205 megawatts.

Por su infraestructura, conectividad, clima y su reducida exposición a desastres naturales, Querétaro concentra el 72 por ciento de los centros de datos en México. De acuerdo a Adriana Rivera Cerecedo, directora ejecutiva de la Asociación Mexicana de Data Centers (MexDC), se están construyendo 205 megawatts, para lo que se necesitan 1.7 gigas para poder llegar a las metas anunciadas, puesto que para el periodo de 2026-2030 se tiene una inversión total anunciada de 82.5 mil millones de dólares.

Al tiempo que es un mercado muy atractivo, la industria enfrenta grandes retos en nuestro país, entre ellos, contar con la energía que consume puesto, que, a diferencia de otros países donde cotizas con empresas proveedoras de energía, en México deben invertir en ella bajo esquemas definidos por el gobierno, aunque, a diferencia de la asministración pasada, hay más apertura y planeación a mediano plazo por parte de la CFE.

Otro reto no menor, es corregir la falsa idea de que los centros de datos tienen un alto consumo de agua. En efecto, en un inicio, sus sistemas de enfriamiento requerían agua, sin embargo, la tecnología ha evolucionado de tal forma que actualmente la huella hídrica de operar un megawatt durante un año en un centro de datos equivale a producir 6.6 kilos de carne de puerco, 1.7 teléfonos celulares, 19 playeras. Hoy en día, los centros de datos consumen más agua por sus empleados que por su operación, sin embargo, ha prevalecido la falsa narrativa de un exagerado consumo de agua.

Ante ambos retos, los expertos del Colegio de Ingenieros Civiles de México han planteado soluciones. En el caso de la energía, una alternativa es el uso de la geotermia como una alternativa viable y ya estudiada en México, con potencial de aportar miles de megawatts, incluso mediante tecnologías avanzadas de aprovechamiento de recursos de menor temperatura. En cuanto al agua, y ahondando en lo que ya se ha avanzado tecnológicamente, la ingeniería tiene hoy soluciones para enfriar con eficiencia, para reutilizar, para reducir los consumos y para planear con responsabilidad.

La Asociación Mexicana de Data Centers ha urgido sobre la necesidad de que haya más proveedores para la industria como para construir y operar la infraestructura eléctrica que requieren, así como en la generación de talento y contar con talento provado para diseño, construcción, operación, proveeduría, comercial, alta dirección, pues se necesitan más expertos en centros de datos, que influencers que los usen.

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