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La gran cita del fútbol como laboratorio vivo para 5G y conectividad diferenciada

por Mundo Ejecutivo
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Por José Luis De La Vega, Vicepresidente de Marketing y Comunicaciones, Ericsson Latinoamérica Norte

Parado frente al Estadio de la Ciudad de México, es imposible no sentir el peso de la historia. Aquí jugaron Pelé y Maradona; aquí se escribieron algunos de los momentos más icónicos del fútbol. En 2026, sesenta años después de su construcción, este estadio volverá a ser protagonista, convirtiéndose en el primero en albergar tres campeonatos mundiales. Pero esta vez, además del juego dentro de la cancha, habrá otra “final” decisiva: la de la conectividad. Lo que está en disputa ya no es solo quién gana el torneo, sino cómo lo vive cada persona que lo sigue, dentro y fuera del estadio.

En este contexto, el campeonato de fútbol se convierte en algo mucho más grande que un espectáculo deportivo: es un laboratorio vivo para probar el futuro de las redes móviles, la conectividad diferenciada y los nuevos modelos de negocio que 5G hace posibles.

Seamos honestos: ¿cuándo fue la última vez que alguien fue a un partido sin tomar fotos, grabar videos o compartir algo en redes sociales? Hoy, el fútbol se vive en dos planos simultáneos: el físico y el digital. Más de la mitad de los boletos deportivos a nivel global ya son digitales, y el teléfono dejó de ser un accesorio para convertirse en la llave de entrada a toda la experiencia: desde el acceso al estadio hasta los pagos, la movilidad, los contenidos y los recuerdos. En un torneo de esta magnitud, se espera que los aficionados permanezcan entre 10 y 16 días en las ciudades sede. No vienen solo a ver un partido; vienen a vivir un destino. Se mueven en grupos, exploran la ciudad, utilizan mapas y plataformas de transporte, reservan restaurantes y comparten contenido en redes sociales. La conectividad deja de ser un “nice to have” para convertirse en el tejido invisible que sostiene toda la experiencia de viaje y entretenimiento.

Hay un dato clave: cerca de dos tercios del tráfico de datos en eventos masivos ocurre fuera del estadio. La presión sobre la red no se limita a los 90 minutos ni a las tribunas; se extiende a las explanadas, al transporte público, a los hoteles y a las zonas turísticas. La ciudad entera se convierte, de facto, en un gran estadio conectado.

Puertas adentro, el reto se multiplica. Ya no se trata solo de miles de aficionados subiendo historias, sino también de medios profesionales que utilizan 5G para cámaras 4K, contenidos inmersivos, drones, producción remota y transmisión en vivo a múltiples pantallas. Todo esto exige enormes capacidades de subida, baja latencia y una calidad de servicio consistente. Y, por encima de cualquier otra demanda, hay un grupo de usuarios que no puede quedar jamás en segundo plano: los cuerpos de seguridad, las autoridades y los servicios médicos. Para ellos, la conectividad no es entretenimiento, sino misión crítica. Necesitan prioridad absoluta para coordinar accesos, responder emergencias, monitorear aglomeraciones y garantizar la seguridad de todos.

Esta realidad nos lleva a un cambio de paradigma. Durante años, el negocio móvil se sostuvo sobre un modelo simple: vender gigabytes. Más datos equivalían a más ingresos. Ese esquema ha llegado a su límite. Los usuarios esperan cada vez más de la red, mientras los operadores enfrentan altos costos de inversión y una fuerte presión sobre precios. Seguir compitiendo solo por volumen de datos es una carrera hacia abajo. Aquí es donde 5G abre una ventana completamente nueva: la conectividad diferenciada. Es pasar de vender “megas” a vender experiencias y resultados concretos. No es lo mismo recibir un mensaje de texto con un segundo de retraso que sufrir lag en una partida de gaming o perder tomas en una transmisión en vivo desde un estadio lleno. La conectividad diferenciada permite adaptar la red a cada caso: latencias específicas para gaming y experiencias inmersivas, capacidad de subida reforzada para creadores de contenido y medios, recursos reservados para grandes eventos o conciertos, y conectividad de misión crítica para salud, seguridad pública o industria. En vez de “X GB por mes”, el mensaje pasa a ser: “tu video no se corta”, “tu juego no se congela”, “tu transacción no falla”.

El campeonato de fútbol ofrece un entorno único para experimentar con esta lógica en tiempo real. Es posible crear slices dedicados de red para seguridad y primeros respondedores, aislados de la congestión generada por los fans; definir perfiles premium temporales para aficionados en el estadio que, por partido o por zona, dispongan de mejor uplink y menor latencia para compartir contenido; y habilitar canales específicos para medios, con requisitos claros de ancho de banda y calidad de servicio para sus transmisiones. Detrás de todo esto hay tecnologías como el network slicing, la priorización avanzada y la orquestación dinámica, pero también hay un reto comercial: traducir capacidades técnicas en propuestas simples que el usuario entienda y valore. Un fan no compra “20 milisegundos de latencia”, compra “video que no se corta”. Un broadcaster no compra “X megabits por segundo”, compra “un feed que nunca se cae durante el partido”. Una autoridad no compra “prioridad de red”, compra “respuesta segura y coordinada ante incidentes”.

Este enfoque abre nuevas vías de monetización. En el ámbito de consumo, la conectividad diferenciada permite crear experiencias premium: paquetes de baja latencia para gaming en la nube o realidad aumentada, refuerzo temporal de uplink para streamers o periodistas móviles, o accesos prioritarios a la red durante un concierto o un partido. En el mundo empresarial, se conecta directamente con indicadores de negocio: redes privadas 5G para fábricas y puertos 4.0, con slices dedicados para robots, vehículos autónomos y sistemas de control; esquemas de prioridad para pagos, cámaras de seguridad y señalización en retail y estadios inteligentes; y servicios de misión crítica para salud y seguridad pública, con conectividad asegurada para ambulancias conectadas y videovigilancia. En el plano del ecosistema, las APIs de red permiten que terceros —desarrolladores, plataformas de logística, proveedores de videoconferencia— consuman estas capacidades como si fueran servicios en la nube, en modelos B2B2X donde el operador ya no depende solo del ARPU tradicional.

Para que todo esto funcione, los operadores necesitan algo más que hardware. Necesitan una plataforma de negocio sobre la red que conecte la configuración técnica con productos claros, empaquetados y gestionados con agilidad. Ahí es donde proveedores como Ericsson ayudamos a que la red hable el idioma del negocio.

Tal vez el impacto más importante de tratar un campeonato de fútbol como laboratorio vivo no se ve en los 90 minutos, sino en lo que viene después. La infraestructura 5G desplegada queda en las ciudades sede, las capacidades de slicing, automatización y APIs se pueden reutilizar en manufactura, logística, salud o transporte, y los aprendizajes sobre gestión de tráfico, seguridad y experiencia de usuario se transforman en nuevos modelos de negocio y mejores prácticas para toda la industria. Invertir hoy para que el torneo sea un éxito de conectividad significa, en realidad, acelerar el futuro digital de las ciudades y de los operadores móviles.

Desde Ericsson, nuestro compromiso es claro: construir las redes inteligentes que harán posible estos momentos inolvidables. El futuro del deporte es conectado. Cada gol, cada festejo y cada recuerdo que los aficionados compartan dependerá de redes robustas, seguras y bien diseñadas. Si hacemos bien nuestro trabajo, millones de personas no hablarán de la red; hablarán de la emoción del juego. Y ese, precisamente, es el mejor indicador de que la tecnología cumplió su función: estar ahí, sosteniendo la experiencia, sin interponerse entre el fan y el fútbol, y abriendo al mismo tiempo una nueva etapa de crecimiento para los operadores móviles a través de la conectividad diferenciada.

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