Inicio » Pemex y Petrobras: el abrazo de los náufragos

Pemex y Petrobras: el abrazo de los náufragos

por El Consejero
0 comments 14 views
Pemex y Petrobras: el abrazo de los náufragos

La reciente firma del memorando de entendimiento entre Pemex y Petrobras ha sido presentada con la solemnidad de una alianza estratégica de alto nivel. Sin embargo, bajo el barniz de la diplomacia energética y la retórica de la “soberanía”, lo que subyace es una preocupante estampa de dos empresas estatales intentando navegar un mundo que, hace tiempo, les ha dejado de pertenecer.

El problema de fondo no es la colaboración en sí, sino la naturaleza de los socios: dos gigantes burocráticos, lastrados por sus estructuras estatales, buscando en el otro la eficiencia que ninguno posee por sí mismo. Mientras Petrobras, a pesar de sus complejidades, ha demostrado una capacidad técnica destacable en aguas profundas, Pemex se presenta hoy como una sombra de lo que fue. Lo que antaño fue el motor de la economía mexicana, el orgullo nacional que financió el desarrollo del país, hoy se ha convertido en un lastre insostenible para el erario público.

Es imperativo reconocer la imposibilidad de esta alianza bajo parámetros de mercado ¿Qué empresa petrolera privada, con criterios de rentabilidad y responsabilidad fiduciaria, buscaría hoy día asociarse con una petrolera que reporta pérdidas multimillonarias, cuya infraestructura operativa arrastra fallas constantes y que, a pesar de las inyecciones masivas de capital, se muestra incapaz de frenar el declive de su producción? La respuesta es evidente: ninguna. El hecho de que Pemex tenga que recurrir a otra empresa estatal para “fortalecer capacidades” es, en realidad, el reconocimiento implícito de su propia obsolescencia técnica y operativa.

La realidad es cruda: mientras el sector energético global avanza hacia la innovación, la eficiencia extrema y la diversificación, Pemex se mantiene atrapado en un modelo de gestión que antepone la política a la técnica. El “respaldo gubernamental”, lejos de ser un salvavidas, ha terminado por sofocar cualquier intento de modernización real, permitiendo que la ineficiencia se perpetúe bajo el escudo del nacionalismo.

La alianza con Petrobras puede traducirse, en el mejor de los casos, en un intercambio de experiencias técnicas. Pero no nos engañemos: no hay memorando de entendimiento ni cooperación regional que pueda suplir la urgente necesidad de una reestructuración profunda, técnica y financiera. Pemex no necesita más abrazos estatales que validen su modelo; necesita dejar de ser una herramienta política y recuperar, si es que aún está a tiempo, una eficiencia que la convirtió en el pilar de un país que hoy, con preocupación, observa cómo su “motor” se detiene.

Starmer y el desencanto británico

Dos años parecen insuficientes para resolver problemas estructurales; sin embargo, eso poco le importó al electorado británico y al propio partido laborista que favoreció que su líder aceptara abandonar el cargo. Estamos frente a un fenómeno que se está volviendo recurrente en muchas democracias.

Los ciudadanos cambian de gobierno con la esperanza de resolver problemas profundos, pero no tienen la paciencia que se requiere para concretarlos. La lección vuelve a ser la misma: cambiar gobernantes no necesariamente modifica la realidad.

Cuando el Partido Laborista obtuvo una victoria contundente en 2024, parecía haber cerrado un largo ciclo de gobiernos conservadores. Tras años de turbulencias políticas, escándalos, crisis económicas y el desgaste derivado del Brexit, millones de británicos votaron por Starmer como una figura capaz de devolver estabilidad y eficacia a la administración pública. Su triunfo fue interpretado como el inicio de una nueva era. Dos años después, henos aquí.

Las razones son las de siempre: el bajo crecimiento, la persistente crisis del costo de la vida, las dificultades del sistema de salud, los problemas de vivienda y la insatisfacción de la gestión migratoria. Sin embargo, detrás de esos factores existe un problema más profundo: una creciente distancia entre las expectativas ciudadanas y la capacidad de los gobiernos para satisfacerlas.

Durante décadas el Reino Unido fue presentado como uno de los modelos más exitosos de estabilidad institucional y prosperidad económica. Hoy enfrenta desafíos similares a los que afectan a gran parte de Europa, a saber: una población envejecida, servicios públicos bajo presión, baja productividad, dificultades para acceder a la vivienda y una creciente percepción de estancamiento que no está muy lejos de la realidad. Ninguno de esos problemas puede resolverse en un par de años, pero la política contemporánea cada vez es menos tolerante.

Existe una paradoja que ayuda a entender lo ocurrido: Starmer llegó al poder por el voto de castigo contra los conservadores, producto del desgaste acumulado durante 14 años. El voto laborista de 2024 fue, en buena medida, un voto de rechazo más que de adhesión. Starmer no logró enamorar al electorado y sin una conexión emocional, la luna de miel se vuelve una lucha constante desde el primer día.

Existen cazadores de tormentas que suelen capitalizarlas. Los principales beneficiarios pudieran no ser los laboristas sino al movimiento encabezado por Nigel Farage. Durante años Farage fue considerado una figura incómoda para el establishment británico. Sin embargo, su capacidad para conectar con las preocupaciones sobre inmigración, identidad nacional, soberanía y costo de la vida le ha ido permitiendo construir una narrativa que con frecuencia bordea los límites del populismo, cada vez más competitiva frente a las fuerzas políticas tradicionales.

Las respuestas simples suelen resultar especialmente atractivas cuando los problemas son complejos. Cuando los sectores de la población sienten que los gobiernos no son capaces de escuchar sus preocupaciones o son incapaces de mejorar sus condiciones de vida, aumenta la disposición a apoyar proyectos políticos que prometen transformaciones rápidas y profundas, algo que comienza a manifestarse con fuerza en el Reino Unido.

La renuncia de Starmer no debe interpretarse únicamente como el fracaso de un dirigente. Es un reflejo de una sociedad que ya no está dispuesta a esperar a un sistema político que encuentra cada vez más difícil cumplir con esas expectativas. La verdadera incógnita no es quién ocupará el número 10 de Downing Street en los próximos meses, sino si este nuevo personaje logrará convencer a sus conciudadanos de que existe una ruta clara hacia un futuro mejor.

La historia reciente del Reino Unido demuestra que la alternancia ya no garantiza legitimidad. Recuperar la confianza ciudadana se está volviendo mucho más difícil que ganar una elección.

¿Qué transportistas se manifiestan?

Lo que ya ha sido una constante en este sexenio, y aprovechando que se juega el México vs Chequia en la Ciudad de México, una asociación de transportistas anunció para este miércoles una movilización en todo el país para bloquear carreteras y marchar al Zócalo capitalino. Se trata de la Alianza Mexicana de Organización de Transportistas A.C. (AMOTAC), una de las principales organizadoras de manifestaciones de transportistas en México.

Si bien la convocatoria de la AMOTAC refiere movilizaciones en las 32 entidades, suelen concentrarse en unas cuantas, particularmente Estado de México, Puebla, Querétaro, Guerrero y Veracruz, suficientes para causar congestiones viales y caos logístico. También, hay que decirlo, dicha asociación ha cancelado de último momento sus protestas, argumentando que han llegado a acuerdos con las autoridades, sin dar más detalles.

Y es que en cada pliego petitorio de la AMOTAC se repite casi lo mismo desde hace años, por lo que podrían estar en paro permanente: seguridad en carreteras, alto a las extorsiones, acabar con el rezago de trámites en la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT).

Extraña ver que en su reciente lista de demandas no hay mención alguna a la pérdida de visa a Estados Unidos de alrededor de 20 mil transportistas mexicanos entre abril de 2025 y de 2026, por la exigencia de mayor dominio del inglés, lo cual genera desempleo y un mayor déficit de conductores para el sector exportador y, en cambio, sí exigen reformar el inexistente artículo 133 Bis 3-A de la Ley Nacional de Aguas, por supuestamente criminalizar al transportista por el traslado de agua.

Y es inexistente porque la citada ley se integra solo de 124 artículos. No se sabe si por error o intencionalmente, pero en realidad se trata del artículo 123 Bis 3, el cual refiere las sanciones y penas para quien “dolosamente traslade aguas nacionales con fines de lucro, a sabiendas de que dichas aguas fueron extraídas de manera ilegal”, es decir, el uso de pipas en el llamado huachicol de agua, un delito en que incurren varias agrupaciones de transportistas y, en algunos casos, hasta organizaciones criminales del narcotráfico. Basta de ejemplo las reacciones de piperos por la Operación Caudal en el Edomex en 2025, o el reportaje de la revista Proceso sobre el control en la distribución del agua en Los Cabos por parte de los Chapitos.

Así que este jueves veremos si hay caos, u otra vez un arreglo en términos desconocidos entre la AMOTAC, muy preocupados en que no toquen a los piperos, y las autoridades.

El primer asesor financiero suele estar en casa

En la conversación sobre inclusión financiera suele ponerse el foco en la banca, las fintech o las políticas públicas. Sin embargo, el primer contacto de una persona con el dinero ocurre mucho antes de abrir una cuenta bancaria o solicitar un crédito. En la mayoría de los hogares, el padre representa una de las primeras figuras que modelan la relación de los hijos con las finanzas.

Su forma de administrar el ingreso familiar, ahorrar, utilizar el crédito, planear gastos o cumplir con sus obligaciones económicas transmite lecciones que difícilmente se aprenden en un salón de clases. Más que discursos, son las decisiones cotidianas las que terminan construyendo hábitos financieros que pueden acompañar a una persona durante toda su vida.

La evidencia confirma que la educación financiera comienza en la infancia y que el ejemplo pesa más que la teoría. Los niños que crecen en hogares donde el ahorro forma parte de la rutina y el dinero se aborda con naturalidad tienen mayores probabilidades de convertirse en adultos que presupuestan, mantienen un fondo de emergencia y utilizan el crédito con responsabilidad.

En ese proceso, la figura paterna suele marcar la pauta sobre el valor del trabajo, la disciplina financiera, la diferencia entre necesidades y deseos y la importancia de cumplir con los compromisos de pago. No es casualidad que muchas de las fortalezas que posteriormente reflejan los usuarios del sistema financiero tengan su origen en los hábitos adquiridos dentro del hogar.

Para un país que busca ampliar la inclusión financiera y fortalecer la calidad de su cartera crediticia, la educación financiera debe comenzar mucho antes del primer producto bancario. Los expertos de la Sociedad de Información Crediticia, Círculo de Crédito, consideran que los hábitos que se forman desde la infancia tienen un impacto directo en la capacidad de las personas para construir un historial crediticio saludable, acceder a mejores oportunidades de financiamiento y desarrollar patrimonio.

Al final, la solidez del sistema financiero también depende de millones de decisiones que se toman todos los días alrededor de la mesa familiar, donde el padre continúa siendo una de las primeras referencias en la formación de ciudadanos financieramente responsables.

Síguenos en Google Noticias para mantenerte informado

You may also like

Leave a Comment