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México rompe paradigma laboral

por Mundo Ejecutivo
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Por Nora Ruvalcaba Gámez

Hay ideas que sobreviven por décadas, incluso cuando la realidad comienza a desmentirlas. Una de ellas sostuvo que la competitividad de México dependía de mantener bajos los salarios. Bajo esa lógica se construyó un modelo económico, se diseñaron políticas públicas y se tomaron decisiones empresariales. Parecía existir una verdad inobjetable: si los salarios crecían, la productividad disminuía y la inversión buscaría otros destinos.

Hoy, los datos invitan a revisar esa premisa.

El informe Perspectivas del Empleo 2026 de la OCDE ofrece una lectura valiosa para quienes dirigen empresas, invierten y toman decisiones estratégicas. México no sólo registra uno de los mayores incrementos de salarios reales entre las economías que integran la organización; también presenta un crecimiento de la productividad laboral muy por encima del promedio de la OCDE y mantiene uno de los mercados laborales con mejor desempeño del organismo.

Más que cifras aisladas, estos indicadores reflejan una transformación que merece atención. Entre 2023 y 2024, la productividad laboral en México creció 1.96%, tres veces más que el promedio de la OCDE. Al mismo tiempo, los salarios reales aumentaron 15.1% entre 2021 y el primer trimestre de 2026, ello en un contexto donde las horas trabajadas disminuyeron sin afectar la productividad.

Lo realmente significativo de esta combinación de factores es que desmonta una de las ideas más arraigadas sobre el mercado laboral: mejorar salarios implica sacrificar productividad y competitividad. La evidencia de la OCDE está demostrando que ambas pueden avanzar en la misma dirección cuando las empresas invierten en tecnología, innovación y desarrollo del talento.

Este cambio de paradigma no se agota en el mercado laboral; sus implicaciones alcanzan directamente la forma en que las empresas entienden la competitividad. Si durante décadas la principal preocupación fue contener los costos del trabajo, la siguiente etapa exigirá responder una pregunta distinta: ¿cómo generar más valor?

Bajo esa lógica también debe entenderse la reforma de ley que permitirá la reducción gradual de la jornada laboral de 40 horas semanales en 2030. La conversación ya no debe centrarse sólo en el número de horas trabajadas, sino en la capacidad para elevar la productividad mediante innovación, mejores procesos y desarrollo del talento. Ese es el verdadero reto para las empresas mexicanas.

Sin embargo, este reto se mantiene pendiente en el tintero. La productividad sigue siendo desigual entre sectores económicos, regiones y tamaños de empresa. A ello se suman desafíos estructurales como la informalidad, la adopción tecnológica y la necesidad de formar talento con las capacidades que demanda una economía cada vez más sofisticada.

Esa será la verdadera prueba del nuevo paradigma. Si México ha de consolidarse como una economía más competitiva, la conversación no puede limitarse al costo del trabajo. Debe centrarse en cómo acelerar la innovación, elevar la productividad y generar mayor valor desde las empresas. Ahí se definirá la capacidad del país para crecer de manera sostenida durante las próximas décadas.

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