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Letty Chomer y el lujo que no se puede automatizar

por Mundo Ejecutivo
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Con 33 años de trayectoria en la industria, la empresaria mexicana compite en dos categorías del premio más influyente del turismo de lujo con una tesis a contracorriente: mientras la industria automatiza, ella vende criterio humano.

Virtuoso agrupa a las agencias de viajes de lujo más selectas del mundo. Pertenecer a esa red da acceso a hoteleros, operadores y proveedores de primer nivel en cada región del planeta. LCH Luxury Travel, casa mexicana fundada hace tres años, es una de las agencias del país que forma parte de ella.

Cada agosto, durante la Virtuoso Travel Week en Las Vegas, la red entrega sus Global Awards. Su peso está en el método: los ganadores los define el voto de los propios integrantes y no un jurado cerrado. Quien reconoce es quien compite en el mismo terreno.

Este año LCH aparece en dos de esas categorías. Letty Chomer, fundadora y CEO, figura por segunda ocasión consecutiva como finalista al Most Admired Advisor para Latinoamérica y el Caribe, la distinción al asesor más respetado por sus pares. La firma que dirige compite además por Best Agency Culture, que premia la mejor cultura organizacional del gremio.

La casa opera desde la Ciudad de México con más de 25 asesores y atiende a familias y clientes de alto poder adquisitivo.

De las lunas de miel al viaje familiar

Letty arrancó especializada en lunas de miel y sostuvo ese enfoque más de quince años, antes de abrirse al segmento familiar y de ocio. Ha recorrido más de 80 países, un kilometraje que hoy sustenta su oferta en África, Japón, Europa, Medio Oriente y América.

Su trayectoria tiene tres tiempos. Durante veinte años dirigió una agencia propia y sumó después otra década en el sector. Hace tres años emprendió LCH Luxury Travel desde cero, sola y acompañada únicamente por su hija, Mónica Shiver Chomer.

Dos episodios personales, cuenta, cambiaron su manera de trabajar: un cáncer en el sistema linfático que superó hace dos décadas y un accidente automovilístico que la mantuvo inmovilizada varios meses. De ahí salió lo que resume como “la inteligencia del corazón”, entender primero a la persona y después el itinerario. Formada en terapia familiar médica y en terapia floral de Bach, sostiene que un trayecto no se mide en estrellas ni en tarifas, sino en lo que deja en quien lo vive.

El acceso como ventaja competitiva

Las afiliaciones de LCH a Virtuoso, IHG Destined, Leading Hotels of the World y Small Luxury Hotels, entre más de quince programas preferentes, le permiten ofrecer mejoras de categoría de habitación, entradas anticipadas, salidas tardías y créditos de consumo dentro del hotel. Su presencia constante en ferias internacionales y el trato directo con hoteleros y operadores le abren la puerta a proveedores que no aparecen en ningún buscador. El acceso abre la puerta; la curaduría es la que decide qué hay del otro lado.

Una segunda vocación

Aquellos meses de tratamiento y recuperación le dejaron algo más que una lección personal. Chomer se volcó a la prevención y al acompañamiento emocional de pacientes con cáncer y sus familias: colaboró con Luz de Vida y Caritas Felices, y presidió Casa Shay A.C., institución dedicada a los pacientes del Hospital Infantil de México Federico Gómez. Ahí impulsó una ludoteca, la instalación de televisores en las habitaciones y eventos para acompañar a los niños durante su hospitalización. Hoy sigue trabajando con personas y familias que atraviesan un diagnóstico, con la misma convicción con la que arma un itinerario: primero la persona.

Donde se juega el negocio

En el turismo de lujo la diferencia rara vez está en el producto. Una suite se reserva en línea y un vuelo en primera clase se compra en tres clics. Lo que no se replica es el criterio: saber que una familia con una hija adolescente y un abuelo necesita otro ritmo de recorrido, anticipar que la habitación con la mejor vista no sirve si el vuelo aterriza de madrugada, tener a quién llamar cuando algo se cae a media noche del otro lado del mundo. Ese trabajo invisible es el que sostiene los márgenes del segmento y el que ninguna plataforma ha logrado sistematizar.

A sus 53 años, madre de tres hijas y abuela de cinco nietos, Chomer defiende una idea que corre a contracorriente: la curaduría humana es el verdadero lujo. Es la razón, dice, por la que sus clientes no la buscan para reservar un hotel, sino para que alguien entienda lo que necesitan antes de que ellos mismos sepan nombrarlo.

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