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Esos incansables abuelos

por El Consejero
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Esos incansables abuelos

México conmemora el Día del Adulto Mayor, antes conocido como Día del Abuelo y, como cada año, abundarán las fotografías de nietos abrazando a sus abuelos y los mensajes sobre experiencia, cariño y sabiduría.

Tal vez sería hora de empezar a rendirles tributo también desde otro ángulo. No como una población que dejó de ser productiva, sino como una parte de la sociedad que todavía trabaja, cuida, aporta dinero, sostiene hogares y toma decisiones. Lamentablemente, buena parte de ese trabajo permanece invisible para la economía.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) son reveladores. La Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024 muestra que 63.4% de los hombres mayores de 50 años continúa realizando trabajo remunerado mientras que en las mujeres esa proporción es de 29.9%.

En pocas palabras, llegar a los 50, 60 e incluso 70 años está lejos de significar necesariamente el retiro. Para muchos mexicanos, dejar de trabajar no es una opción, sino un lujo que sus ingresos, sus pensiones o las necesidades de su familia no permiten.

La vida misma rebasa por mucho las estadísticas laborales. Cuidar nietos, preparar alimentos, administrar una casa, acompañar a un familiar, aportar parte del ingreso o resolver los problemas cotidianos de una familia también genera valor, aunque no exista un salario de por medio.

En México, donde varias generaciones todavía conviven bajo un mismo techo o dependen unas de otras, el adulto mayor puede ser el punto de equilibrio de toda una familia. Confundir ausencia de nómina con ausencia de productividad es uno de los errores más costosos de una sociedad que envejece.

Y México está envejeciendo. Quizá el debate no debería reducirse a cuánto dinero necesita el país para sostener a una población mayor, sino cuánto puede perder si no encuentra la manera de aprovechar su experiencia.

Un profesionista retirado conserva décadas de experiencia; un comerciante conoce el mercado como nadie; una mujer que durante años administró un hogar posee capacidades que rara vez se encuentran en las estadísticas laborales. Hay un capital humano acumulado que no desaparece el día en que por una u otra razón el adulto mayor se tiene que retirar.

La política no desaprovecha esa necesidad económica. La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores representa en 2026 un apoyo de 6 400 pesos bimestrales para cada persona de 65 años o más, y el programa contempla una cobertura superior a 14 millones de beneficiarios.

Nadie puede cuestionar la necesidad de una red de protección para quienes llegaron a la vejez sin ingresos suficientes para enfrentar la vejez; lo cuestionable es que una política social de esta magnitud pueda convertirse también en un instrumento de identificación partidista.

Morena entendió antes que muchos que entregar una transferencia periódica genera algo más que alivio económico: construye una relación directa entre gobierno y beneficiario que puede traducirse en un respaldo electoral.

México necesita dejar de considerar a sus adultos mayores como una carga presupuestal y tratarlos como parte de su capital social. Eso significa crear condiciones para que quienes quieran seguir trabajando puedan hacerlo, combatir la discriminación por edad, reconocer el trabajo de cuidados y facilitar que la experiencia se transmita a las nuevas generaciones. Una sociedad que obliga a retirarse a quien todavía tiene algo que aportar desperdicia conocimiento; una que abandona a quien ya no puede trabajar desperdicia dignidad.

Tal vez es hora de empezar a rendirles tributo a nuestros viejos desde otro ángulo ¡Feliz Día del Abuelo!

El valor de los profesionales mayores de 60 años

En un mercado laboral que cambia a gran velocidad, la edad no debería convertirse en un filtro para acceder a una oportunidad, sin embargo, para muchas personas mayores de 60 años, mantenerse laboralmente activas implica enfrentar una paradoja: cuentan con años de experiencia y conocimientos acumulados, pero todavía existen prejuicios relacionados con su capacidad para adaptarse a nuevas tecnologías o dinámicas de trabajo.

En este contexto, Computrabajo, el sitio de empleo líder en Latinoamérica, pone sobre la mesa una pregunta relevante para las organizaciones: ¿cuánto talento puede estar quedando fuera por mirar la edad antes que las capacidades?

La experiencia profesional no es solo un dato que aparece en un currículum. Con los años se desarrollan habilidades que difícilmente pueden adquirirse de manera inmediata: tomar decisiones con perspectiva, resolver situaciones de crisis, gestionar equipos, negociar, manejar conflictos y mantener la calma bajo presión.

A esto se suman redes de contacto, conocimiento de la industria y una comprensión más profunda de los procesos y relaciones que hacen funcionar a una organización. Son competencias que pueden representar un valor diferencial, particularmente en posiciones de liderazgo y responsabilidad.

Pero reconocer el valor de este talento también exige dejar atrás la idea de que experiencia y transformación digital son conceptos opuestos. La capacidad de aprender no tiene una fecha de caducidad y los profesionales mayores de 60 años también pueden actualizar sus conocimientos, incorporar nuevas herramientas y desarrollar competencias digitales. Para las empresas, el reto está en evaluar esta disposición y las capacidades reales de cada candidato, en lugar de asumirlas a partir de su edad.

Además, incorporar talento senior puede contribuir a construir equipos verdaderamente multigeneracionales, ya que la combinación de experiencia, conocimiento acumulado y habilidades interpersonales con nuevas perspectivas y competencias digitales puede generar equipos más completos y capaces de responder a escenarios complejos.

La conversación sobre empleabilidad después de los 60 años, por ello, debería centrarse menos en lo que una persona ya no puede hacer y más en todo lo que todavía puede aportar. Para las organizaciones, combatir los sesgos de edad no solo representa un avance en materia de inclusión, también puede convertirse en una estrategia para aprovechar mejor el talento disponible.

En un mercado donde encontrar y retener personas con las capacidades adecuadas es cada vez más relevante, la experiencia no debería verse como un límite, sino como una ventaja competitiva que merece seguir teniendo un lugar en las empresas.

La ambigüedad en torno a Inzunza

Ante la insistencia de que solicitara licencia o de lo contrario lo echarían de la bancada, Enrique Inzunza decidió separarse del grupo parlamentario de Morena y quedar como senador independiente, lo que le ha generado críticas de sus correligionarios por aferrarse al fuero.

La situación sigue siendo incómoda para Morena. Al igual que con Rocha Moya, se desmarcan de Inzunza, pero las explicaciones son ambiguas: hablan de aferramiento al fuero, nadie alude a la acusación en Estados Unidos, menos a presumir vínculos con organizaciones criminales y, en el caso del senador, ni siquiera se sabe si tiene carpetas de investigación abiertas.

Por otra parte, si es que llega a presentarse al Senado, aún siendo independiente, Inzunza seguirá siendo un negativo para Morena, con la advertencia de legisladores de oposición de que se irán a la yugular del sinaloense en cuanto inicie el periodo de sesiones.

Al escándalo y el debate partidista, se suma un problema aritmético. Con la salida de Inzunza, el bloque de senadores de Morena, Verde y PT queda en 86, justo los votos que se necesitan para sacar una reforma constitucional. Es decir, basta que se ausente un senador del bloque o que decida votar en contra para impedir la reforma, lo cual encarece más lo que negocie el partido guinda con sus aliados.

Al solo haber retórica sin razones contundentes, menos hay bases legales para impedir que Inzunza se mantenga como senador o que Rocha Moya haya regresado a la gubernatura y, si quisiera, concluir de nuevo su licencia, ahora indefinida, lo cual es muy poco probable, mas no imposible.

Ya no respaldan a los indefendibles, pero deslindarse de Rocha Moya y de Inzunza no es suficiente para que el Ejecutivo y Morena eviten el desgaste político que les causan y que, todo indica, se irán acumulando con otros correligionarios acusados por Estados Unidos de estar relacionados con organizaciones criminales.

Mientras tanto, en México lo mejor que se encuentra es argumentar que es un ataque de la derecha y que aquí no se tienen pruebas contra ellos, si es que se les investigó.

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