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Sinaloa, el principio del todo

por El Consejero
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Sinaloa, el principio del todo

La salida definitiva de Rubén Rocha Moya de la gubernatura de Sinaloa no representa un simple relevo administrativo, sino la implosión de un modelo político que apostó por la simulación y el encubrimiento.

El fallido intento de retorno del exmandatario desnuda la gravedad de una crisis donde el poder público local quedó atrapado bajo la sombra de investigaciones internacionales y pactos de impunidad. La crisis sinaloense dejó de ser un diferendo partidista para convertirse en una emergencia de Estado.

La licencia definitiva de Rocha Moya confirma que el costo político de su permanencia era ya insostenible para el propio régimen federal, evidenciando un vacío de gobernabilidad inédito en la historia reciente del estado.

El poder sin principios ni rendición de cuentas se convierte en una coartada para la impunidad, dejando a la ciudadanía a merced de la incertidumbre institucional. Lo que ocurre en Sinaloa es la radiografía de un sistema rebasado por sus propias sombras.

La ausencia de funcionarios de primer nivel y la salida de Rocha Moya exigen algo más que una sustitución de fichas en el Congreso local: requieren una limpia profunda y una fiscalización transparente que devuelva la legalidad a un estado rehén de la opacidad. La democracia mexicana no puede ni debe normalizar el vacío institucional ni la huida de sus representantes frente a la ley.

No se trata de un logro de la oposición o del periodismo nacional, mucho menos de la denuncia ciudadana. El promotor de esta exposición se llama Estados Unidos, a través de diversas instituciones, que han elaborado investigaciones y filtrado información que ha llevado a una forzosa ruptura entre Sheinbaum y López Obrador.

La última vez que presenciamos una escaramuza de esta índole surgió con el “ataque” o la denuncia de colusión o enriquecimiento inexplicable del junior del ex presidente (AKA José Ramón). La Casa Gris en The Woodlands era una primera bofetada contra el pueblo, que ya había dejado pasar los excesos del más pequeño de los hijos de López Obrador (Jesús Ernesto, AKA el “Chocoflan”), que lo mismo usaba unos tenis de diseñador, que acudía a conciertos y espectáculos en primera fila, burlándose del pueblo bueno y divirtiéndose a sus anchas, nunca mejor dicho.

Lo que sigue será un desenlace poco atractivo para los morbosos, que quisieran ver una persecusión espectacular, pues el objetivo es mucho más importante que la forma. Estados Unidos habrá de colocar a un personaje que defienda sus intereses, mientras limpia de corrupción al gobierno en turno… y de paso deja una buena lección para los funcionarios venideros.

De ahí el coqueteo con Omar García Harfuch o Marcelo Ebrard Casaubón, ambos provenientes de las mismas coladeras, pero con el honor un tanto intacto, hasta ahora.

PD: Y no. No nos tocará ver a ningún López Obrador en la cárcel… a menos que no se alineen.

La alerta de Mexicali

La noche del lunes, el Consulado de Estados Unidos en Tijuana emitió una alerta sobre amenazas potenciales en Mexicali, ordenando suspender actividades de gobierno en la capital bajacaliforniana, viajes de connacionales, evitar acercarse a edificios gubernamentales, seguir instrucciones de policías locales, estar al pendiente de las noticias y de lo que suceda en el entorno.

Al día siguiente, la Embajada de Canadá replicó la alerta. Abordada al respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo desconocer el motivo de la advertencia y, posteriormente, el Gabinete de Seguridad informó que no había identificado elementos que confirmen un riesgo específico o inminente para la población.

Lo cierto es que a los pocos minutos de emitida la alerta, las autoridades federales, estatales y municipales reforzaron la seguridad en Mexicali, no se sabe si solo de manera preventiva o con conocimiento de que pudiera ocurrir algo, particularmente con el grupo delictivo de los “Rusos”, al cual el 20 de agosto, fuerzas federales con apoyo de la DEA, le aseguraron 120 kilos de pastillas de fentanilo precisamente en Mexicali.

Encabezados por Juan José Ponce Félix, el “Ruso”, se trata de un grupo criminal del Cártel de Sinaloa el cual, con la fractura de la organización a raíz de la captura del “Mayo” Zambada, se mantuvieron aliados a la Mayiza.

Cabe señalar que los “rusos” controlan el tráfico de droga en la península de Baja California y Sonora, siendo estas entidades identificadas como los principales cruces de fentanilo hacia Estados Unidos. De ahí la importancia estratégica de los “rusos” para la Mayiza frente a los Chapitos.

Como contexto mayor, están las varias señales de que la gobernadora Marina del Pilar Ávila está siendo investigada por autoridades estadounidenses -filtración a prensa, revocación de visa, audios de negociaciones y hasta su divorcio-, lo cual sugiere que en la lista de “indictments” contra políticos mexicanos, después de Rubén Rocha Moya, en cualquier momento siga la mandataria bajacaliforniana y otros funcionarios estatales y municipales.

Y es que, así como Rocha Moya con el Cártel de Sinaloa, a Marina del Pilar y a su exesposo Carlos Torres se les ha vinculado con los “rusos” en delitos como tráfico de drogas, armas, lavado de dinero, extorsión y cohecho.

En esa lógica, se presume que los golpes al grupo delictivo podrían ser motivo de venganza contra Marina del Pilar y su gobierno, al verse desprotegidos por las autoridades locales, sobre todo luego de que ha quedado claro que la gobernadora está dispuesta a hablar.

Y mientras tanto, tensa calma en Mexicali, y nadie, dicen, sabe por qué.

Morena: el liderazgo puesto a prueba

Durante los últimos años, Morena tuvo una ventaja que ningún otro partido podía presumir: un caudillo capaz de resolver diferencias, disciplinar grupos y establecer los límites de lo políticamente posible. Andrés Manuel López Obrador no solo creó un partido; fue su árbitro, su referente y, en buena medida, el elemento que permitió mantener amalgamadas a corrientes con intereses muy distintos.

Con la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia, esa etapa fue (o debiera haber sido) superada, pero no necesariamente terminó la influencia del expresidente. Episodios recientes –el comportamiento de Andrés Manuel López Beltrán, el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, las diferencias en la aplicación de la ley, las señales de distancia entre Palacio Nacional y el entorno de López Obrador– parecen formar parte de una misma historia: la disputa, todavía silenciosa, por definir quién tiene hoy la autoridad política dentro del movimiento.

Sheinbaum se enfrenta a una contradicción. Llegó al poder como heredera de un proyecto político que mantiene una enorme fortaleza electoral, pero para gobernarlo necesita construir una autoridad propia más allá de ser la jefa del Ejecutivo.

No puede depender permanentemente de la figura de su antecesor, porque hacerlo significaría admitir que el liderazgo cambió de sede, pero no de manos. Tampoco puede romper abiertamente con él sin arriesgar una fractura dentro de Morena.

Su desafío consiste en convertir el liderazgo que le da el cargo en una autoridad suficiente para ordenar al partido, contener a sus grupos y establecer reglas que sean aceptadas incluso por quienes durante años respondieron directamente al fundador del movimiento. Lo que estamos viendo podría ser la primera crisis de transición de Morena.

Por eso las elecciones de 2027 tendrán una importancia que va mucho más allá de la renovación de la Cámara de Diputados y de los gobiernos estatales que estarán en juego. Será el primer examen electoral de Sheinbaum sin López Obrador como árbitro indiscutible del movimiento.

Si Morena conserva su mayoría y mantiene su dominio territorial, la presidenta podrá demostrar que el proyecto ya tiene un nuevo centro de gravedad y que su liderazgo es suficiente para conducirlo. Pero si el partido pierde una cantidad significativa de espacios, aunque conserve el poder, comenzará otra etapa: gobernadores, legisladores y grupos internos tendrán incentivos para construir posiciones propias rumbo a 2030.

El resultado no tendría que ser una ruptura en lo inmediato, pero sí podría acelerar la fragmentación de un partido que hasta ahora ha tenido un mecanismo muy sencillo para resolver sus diferencias: la palabra del fundador.

El problema es que esa palabra ya no tiene el mismo peso institucional. López Obrador puede seguir siendo una referencia fundamental para una parte de Morena, pero ya no puede resolver desde Palacio Nacional una crisis, remover a un funcionario, definir una candidatura o cerrar una negociación.

Esa ausencia obliga a Morena a demostrar si puede administrar sus diferencias mediante reglas internas o si, sin una autoridad por encima de las corrientes, terminará reproduciendo las mismas disputas que durante años atribuyó a los partidos tradicionales. La manera en que se resuelvan los problemas de hoy será, por tanto, un anticipo de la capacidad que tendrá el movimiento para administrar los conflictos del futuro.

Sheinbaum se enfrenta a un desafío sucesivo que no se reduce a ganar elecciones. Tiene que demostrar que puede hacer algo que López Obrador nunca tuvo que hacer: construir un movimiento capaz de sobrevivir a su fundador y, al mismo tiempo, un Estado capaz de sobrevivir al movimiento.

El mercado laboral ya no busca solo experiencia

Ventas, logística y atención al cliente concentraron más de 4 de cada 10 vacantes publicadas en México durante el primer semestre de 2026, según un análisis de Computrabajo, el sitio líder de empleo en Latinoamérica, sobre casi 750 mil ofertas de empleo.

El sector comercial lideró con 23% del total, seguido de almacén/logística/transporte (10%) y atención al cliente (9%), lo que confirma que la operación comercial y logística sigue siendo el motor de la contratación en el país, muy por delante de sectores como contabilidad, salud o mantenimiento técnico.

El dato más relevante está en las habilidades que las empresas exigen junto a la experiencia: comunicación, organización, compromiso y capacidad de resolver problemas encabezan las competencias blandas más solicitadas, mientras que el cumplimiento de normas, el control de calidad y el manejo de Excel dominan entre las técnicas.

Lo anterior muestra que ya no basta con acreditar experiencia, la empleabilidad hoy depende de combinar conocimiento técnico con habilidades humanas, un cambio que las empresas deberían considerar tanto al reclutar como al diseñar sus programas de capacitación interna.

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