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Sheinbaum: hacia una verdadera transformación

por El Consejero
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Sheinbaum: hacia una verdadera transformación

El Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum dejó una imagen muy distinta a la registrada el año pasado. No porque Andrés Manuel López Obrador haya sido mencionado menos o más veces, sino porque el centro de gravedad se trasladó por primera vez hacia otra parte.

La presidenta habló durante más de una hora de su gobierno, de sus resultados y de lo que viene, mientras las figuras más cercanas al expresidente, como sus hijos y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, así como Adán Augusto López, estuvieron ausentes.

Sería irresponsable convertir una ausencia en ruptura, pero en una época tan revuelta, las ausencias adquieren distintas interpretaciones, más cuando se ha magnificado una posible separación entre Palacio Nacional y Palenque.

Sheinbaum mostró que ya ocupa el centro de las decisiones. No presentó su gobierno como una administración que necesita la autorización política de su antecesor. Presentó resultados, decisiones y programas propios. La continuidad con la Cuarta Transformación estuvo presente, pero la voz fue la suya.

Son muchas las frases que dijo que se prestan para interpretaciones varias, de entre todas, una de las más destacables: “la autoridad política y moral se escribe todos los días”. Difícil asegurar si fue pensada como referencia a alguien en particular, sin embargo, recuerda la “autoridad moral” tantas veces invocada por López Obrador como una cualidad intrínseca. Sheinbaum pareció estar cambiando el paradigma: la autoridad de quien gobierna se demuestra todos los días.

Igualmente resulta interesante que hacia el final de su discurso la presidenta tuviera la necesidad de decir: “Que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”. La frase claramente fue una respuesta directa a las versiones sobre fracturas dentro de Morena, pero tiene una segunda lectura: Sheinbaum no reivindicó una unidad alrededor de López Obrador, reivindicó una unidad alrededor del proyecto, de sus principios y de la defensa del pueblo. Una diferencia pequeña en palabras, pero trascendental en política: el movimiento puede conservar al fundador como referente sin que éste tenga que participar en la toma de las decisiones.

México ya vivió una transición parecida, aunque en circunstancias completamente distintas. Cuando Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia en 1934, Plutarco Elías Calles seguía siendo el “Jefe Máximo”. Cárdenas no comenzó su gobierno anunciando una ruptura: primero construyó su propia fuerza, desplazó a los hombres del callismo y terminó por demostrar que la Revolución podía continuar sin que Calles siguiera siendo quien decidiera su rumbo.

En 1936, el Maximato había terminado. La comparación con Sheinbaum y López Obrador es forzada, pero sirve para recordar algo: la verdadera sucesión política ocurre cuando el heredero deja de necesitar la tutela de su fundador.

El caso de Sinaloa ayuda a entender por qué esta discusión ya no es solamente teórica: Rubén Rocha Moya intentó regresar a la gubernatura después de su licencia y Sheinbaum dejó claro que no estaba de acuerdo con esa decisión. Cuando le preguntaron si había conversado con López Obrador sobre el asunto, respondió simplemente: “No”.

Después aseguró que lo que sabía del expresidente era que estaba bien, escribiendo y preparando un nuevo libro. Ningún exabrupto; simplemente una delimitación de espacios. López Obrador conserva su lugar como referente histórico y político del movimiento; las decisiones del gobierno corresponden a ella.

No hay signos de que Sheinbaum quiera romper con su mentor ni con la Cuarta Transformación. Lo que comienza a hacer es algo políticamente distinto: separar a la 4T de la necesidad de tener un caudillo, algo para lo que requiere de un trabajo quirúrgico. No parece que lo esté haciendo mal: el segundo piso no consiste solamente en continuar la obra de AMLO, sino en lograr que el proyecto pueda seguir desarrollándose sin él.

Seguridad nacional e inversiones extranjeras

Para empezar por el principio, de acuerdo a la Ley de Seguridad Nacional, por ella se entienden se entienden las acciones destinadas a mantener la integridad, estabilidad y permanencia del Estado Mexicano, su protección frente a amenazas y riesgos; preservar la soberanía e independencia y la defensa del territorio; mantener el orden constitucional, el fortalecimiento de las instituciones y la unidad de las entidades que conforman los Estados Unidos Mexicanos; la defensa del Estado respecto de otros Estados o sujetos de derecho internacional, y la preservación de la democracia.

Ahora la parte polémica. El Ejecutivo envió al Senado una iniciativa de reforma a la Ley de Inversión Extranjera, para establecer que la inversión extranjera que pretenda participar directa o indirectamente con más de 49% del capital social de empresas mexicanas de ciertos sectores requerirá autorización de la Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras (CNIE), siempre que la empresa supere el umbral de activos que determine la propia Comisión y opere en actividades consideradas sensibles para la seguridad nacional.

Entre los sectores que caerán en este supuesto se encuentran infraestructuras estratégicas físicas, virtuales o sensibles; relacionadas con energía, transporte, sanidad, comunicaciones, minería, tratamiento o almacenamiento de datos -incluidos personales-, sistemas digitales, aeroespacial y de defensa; tecnologías críticas como inteligencia artificial, robótica, semiconductores, ciberseguridad, tecnologías cuánticas y nucleares, nanotecnología y biotecnología; seguridad alimentaria, acceso a información sensible, más otras actividades que determine la Comisión.

Cabe señalar que hoy en día la CNIE puede impedir las adquisiciones argumentando seguridad nacional, pero no hay parámetros determinados para ello. Actualmente, la Comisión está conformada por las secretarías de Economía, Hacienda, Gobernación, Relaciones Exteriores, Medio Ambiente, Energía, Comunicaciones, Trabajo y Turismo, y con la reforma se sumarían las secretarías de Defensa, Marina y Seguridad; y con voz pero sin voto, FGR, SAT, UIF y CNI, invitados para cuando se analicen temas de seguridad nacional.

Hay muchos ejemplos de la seguridad nacional como limitante a las inversiones extranjeras a nivel internacional, incluso más drásticas que un tope porcentual. El más inmediato, son las medidas que ha adoptado Estados Unidos en el caso de la red social TikTok, a la cual exigió la reestructuración de sus operaciones ese país para evitar su prohibición, o los impedimentos que existen a la venta e importación de equipos de telecomunicaciones de marcas Huawei y ZTE, ambos casos por motivos de seguridad nacional. En estos momentos, Estados Unidos y Canadá enfrentan una guerra arancelaria que inició por propuestas estadounidenses que limitaban los intereses nacionales canadienses, entre ellos el idioma francés.

Como se puede ver hay un amplio espectro de sectores que están incluidos en el concepto de seguridad nacional, como los referidos en la iniciativa de reforma, por lo que la preocupación no debería ser simplificarlo erróneamente como un “filtro militar” -se trata del voto de tres dependencias de un total de 13-, sino en que en el escenario internacional actual, no exista una evaluación en materia de seguridad nacional para la inversión extranjera en los sectores referidos, empezando por infraestructuras críticas, ciberseguridad o datos personales, y que urge tenerlo.

El negocio que viene: el crédito para una población que vive más

El sistema financiero mexicano todavía tiene mucho que aprender sobre las generaciones que están prolongando su vida útil y activa. Así lo muestran las cifras de Círculo de Crédito, Sociedad de Información Crediticia con más de 20 años, a junio de 2026, donde la Generación X concentra el 27.95% de los créditos activos, mientras que los Baby Boomers representan el 8.04%.

Estas cifras adquieren mayor relevancia cuando se observa el cambio demográfico: este año México tendrá alrededor de 17.8 millones de personas de 60 años o más y para 2070 podrían ser 48.4 millones. Para las empresas financieras, esto significa que la llamada economía plateada dejará de ser un nicho para convertirse en un mercado estratégico, con una demanda creciente de crédito, seguros, vivienda, movilidad, ahorro y otros servicios.

Esto abre una oportunidad si se entiende que hablar de adultos mayores no significa hablar de un consumidor homogéneo. Los propios datos muestran diferencias importantes por generaciones y por género. En la Generación X, por ejemplo, las mujeres representan el 22.43% de la participación crediticia frente al 11.58% de los hombres, mientras que ellos presentan mayores saldos y montos promedio; entre los Baby Boomers, el monto promedio de los hombres alcanza 26,652 pesos.

Para el sector financiero, esta diversidad representa una oportunidad para sofisticar la segmentación y dejar de diseñar productos únicamente a partir de la edad. El verdadero negocio estará en comprender capacidades, proyectos, comportamiento e historial financiero para ofrecer soluciones que acompañen las distintas etapas de una vida que, afortunadamente, cada vez es más larga.

La longevidad está cambiando las reglas del mercado y las empresas que lo entiendan antes tendrán una ventaja competitiva. La inclusión financiera ya no puede medirse solamente por cuántas personas acceden al crédito, sino también por qué tan bien pueden utilizarlo, proteger su identidad, construir un historial y tomar decisiones informadas.

La economía plateada representa una oportunidad para innovar y desarrollar nuevos modelos de negocio alrededor de una población que seguirá creciendo y que no quiere dejar de participar en la economía. México tendrá más personas mayores, pero también más años de consumo, inversión, movilidad y proyectos. La pregunta para las empresas no es si este mercado crecerá, sino quién estará preparado para atenderlo.

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