El jueves de la semana pasada, autoridades federales y policía estatal de Guanajuato aseguraron 59 millones de litros de combustible ilegal en un cateo realizado en una planta ubicada en el municipio de San José de Iturbide, asegurándose diez tanques de almacenamiento, tres unidades de carga, contenedores y documentación. Se trata del mayor aseguramiento en una sola acción de hidrocarburo ilegal en la historia de México.
Para dar una dimensión, los mega aseguramientos del buque en el puerto de Altamira y de ferrotanques en Coahuila del año pasado, sumaron 25 millones de litros y, lo que es más, los 59 millones de litros asegurados en San José de Iturbide son más que los 46 millones 102 mil litros de hidrocarburos asegurados en todo el sexenio de AMLO.
De noviembre del 2025 a la fecha, la policía estatal ha asegurado al menos siete pipas con hidrocarburo ilegal en Celaya, principalmente en el eje carretero que enlaza a Salamanca y Querétaro, estado limítrofe con San José de Iturbide y Celaya. De acuerdo al secretario Omar García Harfuch, fue el aseguramiento de una de estas pipas en junio pasado la que derivó en esta investigación, totalmente diferente de los decomisos de contrabando de combustible de Ensenada, Altamira y Coahuila, todos cercanos a la frontera.
En este caso, logísticamente sería complicado el contrabando, pues San José de Iturbide se encuentra casi mil kilómetros de la frontera con Estados Unidos. Por otra parte, es poco probable que su origen esté en las tomas ilegales en ductos, pues los 59 millones de litros robados implicarían prácticamente ductos alternos, lo cual no se encontró en la planta.
Otra explicación, ligada con las pipas aseguradas, es que San José de Iturbide se encuentra a menos de 2 horas de Salamanca, donde opera la refinería Antonio M. Amor desde 1950, y la cual ha registrado bajas en su producción atribuibles a mantenimientos y paros programados ¿Acaso esta refinería será de donde proviene este combustible ilegal? ¿Cuántos trabajadores involucrados y hasta qué nivel? Para lo que hemos visto en el combate al robo de combustible en este sexenio, ya no sorprendería que la sustracción sea directa de la refinería a la pipa, y de ahí, al centro de almacenamiento.
De acuerdo al diario Reforma, el lugar asegurado se trata de una planta de Grupo SIMSA, de la familia Issa Tafich, dedicados al almacenamiento, transporte y venta de gasolina y diesel, y se trata de una de las principales terminales de almacenamiento y reparto en México. De ser así, probablemente empiece a registrarse escasez de gasolina y diesel en el Bajío, o una mayor demanda para Pemex y, por qué no, una mayor producción de la refinería de Salamanca.
Canadá y el riesgo de depender de un solo mercado
Canadá está intentando reducir su dependencia económica de Estados Unidos después de que la relación comercial con Donald Trump entró en una etapa de confrontación. Ottawa ha decidido acelerar la búsqueda de nuevos mercados y estrechar sus vínculos con Europa, al punto de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, planteó la posibilidad de convertir a Canadá en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea, una figura que todavía tendría que definirse jurídicamente. La propuesta contempla una relación mucho más estrecha en comercio, energía, minerales críticos, tecnología, inteligencia artificial y defensa.
La idea va más allá de los aranceles. Estados Unidos es, por mucho, el principal mercado para las exportaciones canadienses y la integración entre las dos economías es tan profunda que la ruptura resulta prácticamente inviable. Pero esa misma dependencia le ha dado a Washington una capacidad considerable para presionar a Ottawa. Carney no está buscando sustituir a Estados Unidos, sino construir alternativas que reduzcan el costo de depender de un solo socio.
Europa aparece entonces como una de las principales alternativas. Canadá quiere ampliar el comercio y la inversión, pero también integrar sus cadenas de suministro con las europeas, participar en proyectos de defensa y aprovechar su posición en minerales críticos, energía y tecnología. Von der Leyen ha llevado la propuesta un paso más allá al hablar de una relación que permita a Canadá ampliar su acceso al mercado y a algunos programas europeos sin convertirse en miembro pleno de la Unión.
El movimiento canadiense debería ser relevante para México por una razón evidente. Más del 80 por ciento de nuestras exportaciones de bienes tienen como destino la Unión Americana. La integración productiva es todavía más profunda: buena parte de las manufacturas mexicanas forma parte de las cadenas que cruzan varias veces la frontera antes de llegar al consumidor. La relación con Washington es, por tanto, uno de los principales activos de nuestra economía, pero también una concentración que puede convertirse en vulnerabilidad cuando la política comercial estadounidense cambia.
Hay una diferencia importante respecto a Canadá. México ya cuenta con una relación comercial relevante con Europa y este año firmó la modernización de su Acuerdo Global con la Unión Europea. También tiene vínculos comerciales con Asia y América Latina. El problema no es la ausencia de alternativas, sino la distancia que todavía existe entre tener acuerdos y conseguir que esas relaciones representen una parte mucho mayor de nuestras exportaciones, inversiones y cadenas productivas.
La experiencia canadiense plantea una cuestión que México debería considerar antes de que las circunstancias la conviertan en una urgencia. Diversificarse no significa alejarse de Estados Unidos ni poner en duda el valor del T-MEC. Significa procurar que la economía nacional tenga suficientes mercados, proveedores, inversionistas y cadenas productivas alternativos para que una decisión tomada en Washington no pueda afectar por sí sola una parte tan grande de nuestra actividad económica.
Canadá está intentando construir esas alternativas después de haber recibido la presión estadounidense. México todavía puede hacerlo mientras la relación con su principal socio comercial sigue siendo extraordinariamente estrecha. La diferencia está en diversificarse por estrategia o hacerlo por necesidad.
19S: la seguridad de un inmueble también es responsabilidad de quien lo habita
Cada 19 de septiembre México recuerda que los sismos pueden transformar una ciudad en minutos. Sin embargo, la verdadera lección de 1985 y 2017 no debería limitarse a participar en un simulacro. La prevención exige hacerse una pregunta incómoda: ¿qué sabemos sobre el inmueble que habitamos? Tener una escritura, pagar el mantenimiento o contratar un seguro no basta; la responsabilidad patrimonial incluye conocer la condición física y estructural de la propiedad.
En México solemos atender los inmuebles cuando el deterioro ya es visible; sin embargo, una grieta no siempre representa daño estructural ni la ausencia de señales garantiza que todo esté bien, por lo que, después de un sismo, la percepción individual no puede sustituir una evaluación profesional.
Observar posibles cambios, atender las indicaciones de Protección Civil, conocer la antigüedad y las intervenciones realizadas en el edificio, conservar la documentación técnica y solicitar una revisión ante cualquier duda son acciones elementales, pues haber resistido antes no garantiza nada: los edificios, como cualquier activo, envejecen y requieren seguimiento durante su vida útil.
La tecnología abre una nueva etapa en la prevención: mediante sensores, el monitoreo de la salud estructural convierte el movimiento de un edificio durante un sismo en información útil para su evaluación. Proyectos como University Tower, la torre residencial más alta de Reforma, incorporan estos sistemas desde su diseño, atendiendo las características del subsuelo de la CDMX y recordándonos que la seguridad de un inmueble debe revisarse y documentarse durante toda su vida útil.
Esta responsabilidad también tiene una dimensión económica y social, pues un inmueble representa el patrimonio de muchas familias y forma parte de la infraestructura de la ciudad. Descuidarlo puede comprometer vidas, disminuir su valor y elevar costos futuros; de ahí la importancia de contar con mantenimiento, documentación actualizada, protocolos y evaluaciones profesionales.
La prevención no comienza cuando suena la alerta sísmica ni termina cuando deja de moverse el suelo: exige conocer, cuidar y asumir responsabilidad permanente sobre nuestros inmuebles.
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