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¿Fracking salado?

por El Consejero
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¿Fracking salado?

Finalmente, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que se evaluará explotar gas no convencional mediante fracturación hidráulica, o fracking, bajo dos condiciones: que sea solo aplicado a las cuencas Sabinas-Burro-Picachos, en Coahuila y Nuevo León, y Burgos, en Tamaulipas y que haya agua salada en el subsuelo del lugar, para que sea utilizada en la fracturación.

Era una decisión política y contemplada en el Plan Estratégico 2025-2035 de Pemex presentado hace un año, pero que necesitaba ser validada con argumentos científicos, para lo cual se nombró el comité que presentó sus resultados, alineados a lo esperado e incluso restrictivos.

Por una parte, se optó por las cuencas Salinas-Burro-Picachos y la de Burgos (un corredor de Coahuila-Nuevo León y Tamaulipas) no solo por su potencial claramente identificado, sino por su baja densidad poblacional, lo cual reduce posibles afectaciones y oposición a los proyectos, lo cual no es el caso de la Cuenca Tampico-Misantla (Tamaulipas-Veracruz), más poblada.

La condicionante del agua salada la planteó el director de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, José Antonio Hernández Espriú, quien explicó que el fracking requiere entre 50 mil y 70 mil metros cúbicos de agua por pozo, por lo que recomendó no utilizar el agua dulce de consumo humano, agricultura y ganadería. A ello se suma que, de encontrarse estos acuíferos salados, estén aislados de otros de agua dulce.

La realidad es que el consumo de agua para la fracturación se ha reducido considerablemente, y la estimación del académico de la UNAM, que pareciera alta, en realidad podría ser de alrededor de 2 litros por segundo anual, a lo que se suma que para el fracking su uso es temporal, posteriormente el uso de agua no es significativo.

Esperemos que previamente ya se hayan identificado depósitos del líquido salobre en las cuencas aprobadas, porque de lo contrario se habrá puesto una camisa de fuerza innecesaria a la extracción del gas shale, que de por sí seguirá enfrentando oposición de grupos ambientalistas.

La nueva batalla por la inversión

Desde la apertura económica iniciada en los años ochenta y posteriormente con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, México adoptó un modelo basado en la integración comercial y la atracción de capitales foráneos. Más recientemente, después de la pandemia, el nearshoring se convirtió en el gran concepto del debate económico. Sin embargo, mientras esta discusión ocupaba los titulares, comenzó una batalla mucho más silenciosa y, probablemente, más decisiva: la que libran los propios estados mexicanos para convencer a las empresas de instalarse en su territorio.

México recibió 40 mil 871 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa (IED) en 2025, una cifra que confirma el atractivo del país en medio de una reconfiguración de cadenas globales de suministro. Pero detrás de este número existe otra realidad: la inversión no se distribuye de forma uniforme. Una parte importante se concentra en entidades que durante años construyeron condiciones que hoy son altamente valoradas por las empresas.

La diferencia entre las entidades que están capturando nuevas inversiones y aquellas que buscan atraerlas no está únicamente en los incentivos fiscales o en la disponibilidad de terrenos. La competencia actual se gana con ecosistemas completos.

Nuevo León es un ejemplo de ello. Su fortaleza industrial, su red de proveedores y la relación entre empresas y universidades lo han convertido en uno de los polos manufactureros del país. Querétaro consolidó un clúster aeroespacial con decenas de empresas del sector y continúa avanzando hacia industrias de mayor valor agregado.

Jalisco fortaleció uno de los ecosistemas electrónicos y tecnológicos más importantes de México, con una creciente participación en sectores estratégicos como semiconductores. Coahuila mantiene uno de los corredores automotrices más relevantes, mientras Yucatán busca posicionarse como un nuevo nodo de conexión logística y tecnológica. Cada uno construyó una ventaja distinta. No todos compiten por las mismas industrias, pero sí por el mismo recurso: talento.

Estos casos muestran una transformación importante. Durante décadas, las empresas elegían una ubicación principalmente por costos laborales, cercanía geográfica o incentivos gubernamentales. Hoy evalúan factores mucho más complejos: disponibilidad de energía, acceso al agua, infraestructura carretera y aeroportuaria, seguridad, facilidad para hacer negocios, cadenas de proveeduría y, sobre todo, talento especializado.

Ahí se encuentra el verdadero desafío para muchas regiones. Un estado puede ofrecer un parque industrial, pero no necesariamente cuenta con ingenieros, técnicos, universidades o servicios urbanos que requieren una economía basada en tecnología e innovación. Puede tener terrenos disponibles, pero no suficiente energía. Puede anunciar ventajas fiscales, pero carecer de la infraestructura que una empresa necesita para operar durante las próximas décadas.

Por eso la batalla por las inversiones dejó de librarse únicamente entre países. También ocurre dentro de México. Los estados compiten entre sí para demostrar quién tiene mejores condiciones para recibir a las industrias que marcarán el futuro. El reto no es atraer una planta o un centro de distribución; es construir un ecosistema capaz de generar crecimiento sostenido.

El nearshoring representa una oportunidad histórica, pero no garantiza automáticamente el desarrollo. Las inversiones llegarán a los lugares que estén preparados para recibirlas. En el siglo XXI, las empresas no eligen únicamente un país; eligen ciudades, regiones y ecosistemas donde puedan encontrar talento, infraestructura y condiciones para crecer.

La pugna ya comenzó. Se trata de México compitiendo consigo mismo.

Valuación automática de inmuebles

Actualmente ya se puede estimar el valor de mercado de un inmueble de forma automática, instantánea y a escala, a través de modelos de valuación automática (AVM). La consultora inmobiliaria Tinsa México by Accumin ha traído a México Pulse Asset, un AVM basado en comprables reales de mercado, no una fórmula genérica.

El algoritmo de Pulse Asset busca los comparables más similares, inmuebles con características equivalentes al activo a valorar; cercanos, situados en el mismo entorno o zona de mercado; y recientes, lo más próximos posible en el tiempo. De esta forma permite conocer el valor de cada inmueble, detectar desviaciones con los avalúos y analizar el entorno geográfico para tomar decisiones.

Al poder realizar valuación de gran volumen de inmuebles, esta herramienta es de gran utilidad para la banca, desde poner valor al activo adjudicado hasta a nivel de preoriginación, donde ayuda al área de riesgos a dar la preaprobación de una garantía hipotecaria.

En cuanto a monitorización, estos algoritmos también se utilizan para reevaluar anualmente los portafolios que tienen los bancos en colateral y así cuadrar sus cálculos con la evolución que van teniendo los activos que están en la cartera del banco.

Pulse Asset no solo otorga un valor, el modelo hace transparente el margen de error. Así el usuario puede decidir, en función del riesgo, con qué grado de confianza usar cada valoración.

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