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Storytelling político: Los tres corazones rotos en la comunicación del gobierno mexicano

por Genaro Mejía
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Storytelling político: Los tres corazones rotos en la comunicación del gobierno mexicano

Aprobación récord, datos duros, voceros bien entrenados. Todo apunta a una narrativa exitosa. Entonces, ¿por qué la brecha entre el discurso y la realidad sigue creciendo? La respuesta está en tres principios que ningún gobierno — ni ninguna empresa — puede permitirse romper.

Por Genaro Mejía*

Imagina que una marca lanza una campaña brillante: narrativa impecable, datos duros, voceros bien entrenados. Los números de aprobación se van por las nubes. Pero con el tiempo, lo que dice y lo que hace no coinciden. Y la audiencia, tarde o temprano, lo nota.

Esa marca no es una empresa de tecnología. Es el gobierno mexicano.

No lo digo como crítica política. Lo digo como analista de comunicación, porque lo que estamos viviendo en México es un caso de estudio fascinante —y urgente— para cualquier organización que quiera entender cómo funciona la narrativa hoy.

Lo que Sheinbaum hace bien

Seré justo: la presidenta Claudia Sheinbaum ha construido un estilo comunicativo que rompe con sus antecesores. Ni la guerra declarada de Calderón, ni el silencio de Peña Nieto, ni el carisma incendiario de López Obrador.

Su registro es técnico, sereno, institucional. No monopoliza la voz del Estado: la distribuye. Eso, desde la lógica del storytelling estratégico, es inteligente: construye la narrativa de que hay un Estado que funciona, no una sola figura que lo sostiene todo.

Además, ancla sus mensajes en cifras de empleo, inflación y seguridad. Eso es data storytelling aplicado a la política: datos para la mente, un relato para el corazón. Y funciona: las encuestas la ubican consistentemente entre 71 y 79% de aprobación.

Pero ahí está la trampa.

Los tres corazones rotos

En la metodología que desarrollo en mi libro ¿Quién mató al Storytelling? Narrativas sin mentiras, a la que nombré la Estrategia del Pulpo, toda historia poderosa necesita tres principios que la sostengan, como los tres corazones del pulpo sostienen su vida: transparencia, coherencia y consistencia. Sin los tres latiendo al mismo tiempo, la narrativa colapsa.

  1. El primer corazón roto: la transparencia. Transparencia no es mostrar lo que conviene. Es también mostrar lo que duele. Cuando un gobierno selecciona indicadores positivos y omite los pendientes —desabasto, cifras de violencia que no cuadran con organismos independientes, promesas de inversión que no llegan—, está haciendo lo que hace cualquier marca que usa el storytelling para embellecer la realidad: fabricar una historia a medias. Y las historias a medias, más temprano que tarde, se caen.
  2. El segundo corazón roto: la coherencia. Una narrativa coherente es aquella donde lo que se dice y lo que se hace son la misma cosa. Cuando hay una brecha entre el discurso y la realidad, la audiencia no necesita que nadie se la señale: la vive. Y en ese momento, la confianza se quiebra.
  3. El tercer corazón roto: la consistencia. Todos los gobiernos tienen la tentación de ajustar el relato según quién escucha: una cosa para los mercados, otra para las bases, otra para los medios críticos. El resultado es una narrativa que no le pertenece a nadie y no conecta con nadie de forma profunda.

La lección que ninguna institución quiere escuchar

El error más común es creer que comunicar mejor significa más voceros, más contenido, más espacios mediáticos. Que si el mensaje no llega es porque falta volumen. Pero el problema nunca es el volumen. Es la autenticidad.

La ciudadanía de hoy es hiperconectada, hiperinformada e hipercrítica. Tiene en la mano un teléfono con el que verifica, contrasta y difunde cualquier contradicción en segundos. No se le puede contar una historia falsa indefinidamente.

El storytelling político no muere porque la gente haya dejado de creer en las historias. Muere porque los gobiernos siguen contando historias diseñadas para convencer, en lugar de historias diseñadas para conectar. La diferencia es enorme: una busca adhesión; la otra, confianza. La adhesión se fabrica. La confianza solo se gana con los tres corazones latiendo juntos, de forma sostenida y sin excepciones.

Cuando uno se rompe, los otros dos no alcanzan a sostener el peso de la historia.

Y los tres corazones rotos, tarde o temprano, apagan todo.


Genaro Mejía es periodista de negocios, estratega en comunicación, speaker y autor del libro ¿Quién mató al Storytelling? Narrativas sin mentiras. Es cofundador de StoryShake Studio y LinkedIn Top Voices Latam. Newsletter: Bar Emprende.

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