Por: Dr. Francisco Suárez Hernández. Director de Asuntos Públicos y Relaciones Estratégicas FEMSA. Ex Presidente del Consejo del World Environment Center.
Correo electrónico: francisco.suarezh@gmail.com
Hay proyectos que comienzan con una idea, otros nacen de una inquietud y algunos se construyen durante años, a partir de experiencias, conversaciones, aprendizajes, preocupaciones y de la pregunta:
¿Qué planeta estamos dejando a las siguientes generaciones?
Estoy muy feliz de compartir que uno de esos sueños finalmente es una realidad.
Después de imaginarlo mucho tiempo y años de trabajo, reflexión, investigación, escritura y muchas conversaciones, he concluido y publicado mi primer libro:
Travesía hacia un mundo sostenible: Un llamado urgente a la acción para salvar el planeta.

Comienza una nueva etapa de una travesía que, en realidad, nos pertenece a todos.
Una de las ideas centrales del libro es precisamente:
La sostenibilidad no es un destino. Es un viaje continuo.
La sostenibilidad como métrica de la vida
Necesitamos ir mucho más allá.
La sostenibilidad debe convertirse en una métrica de nuestras decisiones y de nuestra propia existencia.
Cada elección tomada respecto a energía, residuos, movilidad, ciudades, empresas, comunidades y recursos naturales, deja huella.
La degradación del planeta es resultado de modelos de desarrollo, prácticas y omisiones acumuladas durante generaciones.
La sostenibilidad no es el objetivo final. Es un proceso permanente de responsabilidad, adaptación, aprendizaje y acción.
El planeta que recibimos es prestado
Comencé el libro desde un lugar profundamente personal: mi familia.
Con una idea que me ha acompañado durante mucho tiempo:
“Antes de nacer, le presté este planeta a mi padre, quien en su momento se lo encargó a mi abuelo. Ambos, científicos estudiosos e investigadores, cumplieron con el deber intergeneracional de vivir y trabajar para conservar el entorno, dejarlo como se recibió y mejorarlo.”
Realmente la Tierra, la recibimos temporalmente bajo nuestra responsabilidad. Y algún día tendremos que entregarla.
La familia, nuestro primer lugar para aprender valores como responsabilidad, respeto, solidaridad y sentido del límite. Quienes generan la urgencia de tomar acciones a favor del planeta.
Aprendemos en casa que los recursos tienen límites, que nuestras acciones tienen consecuencias, que tenemos responsabilidades hacia los demás.
La sostenibilidad comienza alrededor de una mesa familiar, en conversaciones entre generaciones y con el ejemplo.
Mis hijos: la razón más poderosa para actuar
Mi carta compromiso y una parte especialmente importante de este libro está dedicada con gratitud a mis hijos, Pancho, Alex y David.
Quienes contribuyeron incorporando una mirada intergeneracional y me inspiran para trabajar en favor del planeta.
Hablar de cambio climático, biodiversidad, agua, contaminación, energía o recursos naturales, puede perdernos fácilmente entre estadísticas, indicadores y escenarios.
Cuando pensamos en nuestros hijos y en las próximas generaciones, estos datos adquieren rostro.
¿Qué mundo les vamos a entregar?
¿Qué responderemos cuando nos pregunten qué hicimos cuando todavía teníamos oportunidad?
Mi hermano, Una travesía compartida
En esta historia familiar ocupa un lugar muy especial Luis, mi amigo de vida. Su participación representa algo muy significativo:
Recordar que las grandes travesías rara vez se recorren completamente solos.
Familia, amigos, compañeros de trabajo, maestros y quienes encontramos a lo largo del camino contribuyen a construir nuestra manera de entender el mundo.
El honor de un prólogo por José Antonio Fernández Carbajal
Quiero expresar también mi profundo agradecimiento a José Antonio Fernández Carbajal, Presidente del Consejo de FEMSA.
Por años he admirado en su liderazgo una idea fundamental: la generación simultánea de valor económico, social y ambiental, colocando siempre a las personas en el centro de las decisiones.
La disyuntiva entre crecimiento económico y sostenibilidad es falsa.
Las empresas relevantes a largo plazo, necesitan comprender que su desempeño va más allá de resultados financieros.
Generar valor económico es indispensable, y debe acompañarse de la creación de valor social y ambiental.
No son tres agendas diferentes. Son tres dimensiones de una misma responsabilidad.
Del sobregiro financiero al sobregiro planetario
Una preocupación urgente: vivimos bajo una lógica de sobregiro de los recursos naturales del planeta.
Entendemos perfectamente qué significa en el mundo financiero.
Ninguna familia, empresa o gobierno puede sostener indefinidamente un modelo basado en consumir más recursos de los que genera.
Consumimos recursos, transformamos ecosistemas, generamos residuos, emisiones y presionamos fuentes de agua como si nuestra cuenta ambiental fuera ilimitada.
La naturaleza tiene balances. El planeta tiene límites.
Cuando retiramos más de lo que regeneramos, acumulamos una deuda que, tarde o temprano, alguien pagará.
Transferiremos esa deuda ambiental, a quienes no han participado en las decisiones: nuestros hijos y generaciones futuras.
De grandes acuerdos a pequeños gestos
Un mensaje clave en Travesía hacia un mundo sostenible, es que no debemos considerar nuestros actos individuales demasiado pequeños para importar.
Necesitamos políticas públicas, compromisos empresariales, innovación, financiamiento sostenible, transición energética, economía circular, conservación de la biodiversidad, infraestructura resiliente, mejores ciudades y cooperación internacional.
Pero también necesitamos algo mucho más cotidiano:
Millones de personas tomando mejores decisiones todos los días.
Cerrar una llave.
Separar residuos.
Reutilizar.
Consumir responsablemente.
Cuidar un árbol.
Utilizar energía eficientemente.
Cambiar nuestros patrones de movilidad cuando sea posible.
Educar con el ejemplo.
Participar en nuestra comunidad.
Exigir mejores políticas.
Transformar nuestras empresas.
Cuando pequeños actos aislados, se convierten en hábitos, construyen cultura y cuando esa cultura transforma instituciones, los gestos cotidianos pueden convertirse en acciones trascendentales, masivas.
Una responsabilidad de todos
El llamado del libro, está dirigido a que todos participen:
Sector privado, con capacidad de innovación, inversión y transformación a gran escala.
Sector público, construyendo políticas, incentivos e infraestructura que aceleren la transición.
Sector educativo, formando a quienes tomarán las decisiones del futuro.
Comunidad científica, necesitamos conocimiento para comprender los límites y las soluciones.
Organizaciones de la sociedad civil, movilizando comunidades y manteniendo vivas causas fundamentales.
Emprendedores, muchas de las soluciones que necesitamos todavía están por inventarse.
Medios de comunicación y las redes sociales, comunicar, de manera efectiva y creativa, ejemplos que inspiren para trabajar a favor del planeta.
Cada persona, porque todos consumimos, votamos, educamos, trabajamos y dejamos huella.
Compartimos un mismo planeta y también una responsabilidad.
Hoja de ruta hacia un futuro diferente
Este libro ofrece una hoja de ruta para imaginar y construir un futuro en elementos base: conciencia, acción y transformación.
Necesitamos construir sociedades capaces de generar oportunidades económicas, reducir desigualdades, fortalecer comunidades y, simultáneamente, regenerar y proteger los ecosistemas de los que dependemos.
Los tres pilares que atraviesan el libro:
valor económico, valor social y valor ambiental.
El desarrollo sostenible ocurre cuando avanzamos en los tres de manera simultánea.
Dejar un planeta mejor del que recibimos
La próxima semana tendré la enorme satisfacción de realizar el lanzamiento oficial del libro en la Ciudad de México.
Un momento muy especial, después de tanto imaginar este proyecto y más de cuatro años de convertir pensamientos, viajes, foros internacionales y culturas, en páginas.
Me entusiasma iniciar una conversación. Será un gusto contar con el apoyo de quienes asistan a esta nueva etapa, escucharlos, debatir y, sobre todo, compartir el mensaje central:
Tenemos la responsabilidad de dejar un planeta mejor del que recibimos.
Juntos, debemos traducirlo en acciones diarias, concretas y consistentes.
Si queremos revertir el deterioro ambiental, necesitamos pasar a la acción y generar una verdadera transformación cultural.
Nuestra propia travesía
Este libro me permitió recordar a mi padre, madre y a mis abuelos, ver mi propia historia, compartir nuevamente el camino con mi hermano Luis y, pensar profundamente en Pancho, Alex y David; en el mundo que les corresponderá vivir.
Cada generación recibe temporalmente el planeta y está obligada a entregarlo en mejores condiciones.
No podemos modificar las decisiones que se tomaron antes de nosotros.
Sí podemos decidir qué haremos hoy.
Es una invitación para el lector a pensar: ¿Quién nos prestó este planeta? ¿A quién tendremos que entregárselo? ¿Qué queremos que esa siguiente generación diga de nosotros?
Ojalá podamos decir que fuimos la generación que entendió finalmente que economía, sociedad y medio ambiente no iban separados.
Que dejamos de medir el progreso únicamente por lo que producíamos y comenzamos a medirlo por aquello que logramos conservar, regenerar y compartir.
Que entendimos la sostenibilidad como una forma de vivir.
Travesía hacia un mundo sostenible es mi primer libro, pero deseo que su mensaje trascienda sus páginas.
El verdadero objetivo no es terminar de leerlo.
Es comenzar a actuar.
La travesía ya empezó.
Y todos estamos invitados a formar parte de ella.
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