El Mundial 2026 abre la posibilidad de transformar la inversión y la atención mediática en proyectos comunitarios duraderos, con espacios seguros para niñas y niños, infraestructura participativa y un legado social que trascienda los estadios.
“El Mundial puede ser un catalizador de cambio, pero solo si logramos que las comunidades sean protagonistas y beneficiarias de lo que se construya alrededor del torneo”, afirma la directora global de desarrollo de love.fútbol. Para ella, el reto no está en la derrama económica ni en la infraestructura hotelera, sino en los espacios seguros que millones de niñas y niños aún no tienen para practicar deporte.
Con presencia en 17 países y 21 canchas activas en México, la organización impulsa un modelo de infraestructura comunitaria que busca dejar un legado tangible. “Nuestro enfoque es distinto: no se trata de imponer proyectos, sino de trabajar con las comunidades para que ellas mismas diseñen, construyan y mantengan los espacios. Eso genera pertenencia y sostenibilidad”, explica.
La participación comunitaria es uno de los pilares de love.fútbol. “Cuando los vecinos se involucran en el proceso, el resultado no es solo una cancha, sino un espacio de convivencia, de identidad y de orgullo colectivo. Eso asegura que el proyecto no se abandone después de unos años”, señala.
El contexto es urgente. En México, millones de jóvenes siguen jugando en calles o terrenos inseguros. “El Mundial nos da visibilidad, pero también nos obliga a preguntarnos qué quedará cuando termine. Si no hay inversión en infraestructura comunitaria, el evento será solo un espectáculo pasajero”, advierte.
La apuesta de love.fútbol también incluye equidad e inclusión. “El deporte es una herramienta poderosa para transformar dinámicas sociales. Hemos visto cómo una cancha puede convertirse en un espacio donde niñas y niños comparten, donde se rompen barreras de género y donde se fortalecen la salud mental y la cohesión social”, comenta.
En este sentido, las alianzas estratégicas son fundamentales. “El Mundial atrae patrocinadores y aliados. Lo que necesitamos es que esas alianzas se traduzcan en proyectos concretos que beneficien a las comunidades. No basta con campañas de marketing; se requiere compromiso real con el legado social”, enfatiza.
La medición de impacto es otro aspecto clave. “No hablamos solo de construir canchas. Medimos cómo cambia la vida de las personas: cuántos jóvenes tienen acceso a un espacio seguro, cómo mejora la percepción de seguridad en la comunidad, qué oportunidades se generan alrededor. Esos indicadores son los que muestran que una cancha transforma vidas”, explica.
De cara al futuro, la visión es clara: continuidad más allá del Mundial. “Nuestro objetivo es escalar el modelo en México y en otros países. Queremos que cada comunidad tenga acceso a un espacio digno para el deporte, y que ese espacio sea el inicio de un proceso de desarrollo social más amplio. El Mundial es solo un punto de partida”.
La propuesta de love.fútbol plantea un cambio de enfoque: ver el deporte no solo como espectáculo, sino como herramienta de inversión social. “El legado real no está en los estadios, sino en las comunidades. Si logramos que el Mundial deje espacios seguros y proyectos sostenibles, habremos transformado un evento deportivo en una oportunidad histórica”, concluye.
El mensaje es contundente: el Mundial 2026 puede ser recordado como un evento que generó ganancias económicas y atrajo millones de visitantes, pero también puede convertirse en un hito social si se aprovecha para construir infraestructura comunitaria que permanezca más allá de los partidos. “El fútbol tiene la capacidad de unir, pero lo que realmente cambia vidas es el acceso a espacios seguros y dignos. Esa es la verdadera victoria que debemos buscar”, subraya.
En un país donde la desigualdad limita el acceso al deporte, la propuesta de love.fútbol se convierte en un llamado a la acción. “No existe un legado si no se construye con las comunidades. Ellas deben ser el centro de cualquier proyecto. Solo así el Mundial dejará huella en la vida de quienes más lo necesitan”, afirma.
La directora global de desarrollo de love.fútbol insiste en que el Mundial no debe ser visto como un fin en sí mismo, sino como un medio para impulsar cambios estructurales. “El torneo pasará, los estadios se llenarán y los turistas se irán. Lo que quedará será lo que decidamos construir con las comunidades. Esa es la responsabilidad que tenemos hoy”, asegura.




