Por: Luis Luna Ávila, Director General de Grupo CSI
Para bancos, fintech y empresas que otorgan crédito, el reto ya no es solo atraer clientes, sino llevar cada solicitud hasta una resolución.
La presión no viene únicamente de la operación interna o del regulador, sino también del mercado. De acuerdo con el estudio “Why digital lending is the future for banks and SMEs” de Ernst & Young (EY) señala que 66% de las Pymes busca acceso a crédito más rápido y que, si no lo encuentra en la banca, recurrirá a otros proveedores. Esa expectativa cambió el terreno de competencia.
Otorgar crédito implica validar identidad, revisar documentos, consultar listas de control, analizar riesgo y dejar registro de cada paso. También exige que el usuario pueda completar el trámite sin detenerse a la mitad.
Cuando esas funciones dependen de herramientas separadas, áreas distintas o revisiones sucesivas, aparecen las demoras, los pasos duplicados y las solicitudes inconclusas.
Para la institución, eso significa pérdida de visibilidad sobre lo que ocurre en cada caso y menor capacidad para cumplir metas comerciales. Para el usuario, significa entrar a un trámite que inicia con claridad y después se vuelve incierto.
La respuesta tarda, la información vuelve a pedirse o el proceso se suspende sin una resolución. En muchos casos, la solicitud no termina en rechazo. Termina en abandono.
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