El de Víctor Rodríguez Padilla en Pemex es ejemplo de que un excelente médico no necesariamente dirigirá bien un hospital. Fue la primera vez que la petrolera estatal tuvo al frente a un director general tan calificado: físico, maestro en Ingeniería Energética por la UNAM, doctor en Economía de la Energía por la Universidad Grenoble, Francia, y varios posdoctorados en Francia y Canadá.
No solo eso: Rodríguez Padilla estuvo a cargo de la plataforma energética de la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1994 -con quien tiene una estrecha relación-, y participó en la elaboración de la misma con Claudia Sheinbaum en la del 2000. Parecía más que idóneo para el cargo, sobre todo luego de tener a un ingeniero agrónomo.
Duró un año y siete meses como director general.
Desde el principio estuvo rodeado de gente de confianza de Luz Elena González, entre ellos su relevo, Juan Carlos Carpio Fragoso. Reflejo de que las cosas no marchaban bien, Pemex Exploración y Producción, la principal área sustantiva de la petrolera, tuvo tres cambios de titular en ese periodo. En mayo del año pasado, Ángel Cid Munguía regresó a la dirección a sustituir a Néstor Martínez Romero, para luego ser relevado por Octavio Barrera Torres en diciembre de 2025.
En abril de este año, más de dos meses después de ocurrido, a Rodríguez Padilla le tocó el ridículo de reconocer que el derrame detectado en el Golfo de México era de un ducto de una plataforma de Pemex, luego de versiones de que fue un buque de una compañía privada contratada en el sexenio de Peña, un barco fantasma que hizo una descarga en Coatzacoalcos, las chapopoteras naturales, la creación de un grupo institucional y un comité de científicos para analizar el caso. Inverosímil lo dicho por el titular de Pemex de que subalternos habían ocultado el derrame y su atención.
El miércoles 13, Standard & Poor’s redujo a negativa la perspectiva de las notas de Pemex y CFE, luego de que un día antes hiciera lo propio con la calificación de México, advirtiendo que el gobierno podría dar más fondos para cubrir futuras pérdidas financieras de Pemex, lo que ampliaría el déficit fiscal. Ese mismo día, un cable de Reuters informaba que el director de Pemex ya había presentado su renuncia dos veces y la presidenta se la había rechazado. Ya no había tiempo para simulaciones.
La empresa energética del futuro que esbozó Rodríguez Padilla tendrá que esperar ante la urgencia de administrar a la empresa en crisis, de cara a lograr la meta de que Pemex ya no requiera el apoyo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en 2027, lo que evitaría la degradación y que, por lo menos la calificadora no lo ve claro. Salió el experto en energía, y llegó el experto en finanzas y de toda confianza para los números de Luz Elena González y de Claudia Sheinbaum. Lo de menos es que lo único que sepa del petróleo es que se mide en barriles.
Quedan tres legados de la efímera administración de Víctor Rodríguez Padilla: primero, un plan de trabajo sensato y que ojalá se mantenga, de exploración focalizada, producción sustentable, recuperación de petroquímica, proyectos de energía limpia y, muy importante, la importancia de aumentar la producción de gas natural; segundo, el pragmatismo de señalar la necesidad de las inversiones mixtas; y tercero, convencer a la presidenta de tomar la decisión política de usar el fracking para extraer el gas shale. Nada que no hubiera aportado desde la academia.
No le alcanzó para más.
Fed: autonomía en juego
Hay relevos que representan más que un cambio físico. El de Kevin Warsh en la presidencia de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) es uno de esos. Nominado por Donald Trump, lo que está en juego es el inicio de una nueva etapa donde la independencia del banco central volverá a enfrentar uno de sus mayores desafíos políticos.
Durante años Trump se dedicó a socavar la autoridad de su predecesor, Jerome Powell, por negarse a reducir las tasas de interés al ritmo que él deseaba. Ahora tendrá frente a sí a un economista mucho más cercano a su visión política y económica. No hay duda de que la Casa Blanca lo habrá de presionar; lo interesante será saber hasta dónde llegará esa influencia.
Warsh asumió formalmente el cargo el viernes, por lo que prácticamente no tendrá margen de adaptación. Su primera prueba llegará durante la reunión de junio del Comité Federal de Mercado Abierto, el organismo que define las tasas de interés en Estados Unidos.
Ahí los mercados sopesarán cada palabra, cada voto y cada señal para intentar responder la gran incógnita detrás de su nombramiento: credenciales le sobran; la duda es si realmente actuará con autonomía institucional o si terminará alineándose con las presiones de Trump para acelerar reducciones de tasas.
La tensión será aún mayor porque Jerome Powell permanecerá temporalmente dentro del Board de la Fed como gobernador, una situación poco común que podría convertir la transición en un dolor de cabeza al coexistir dos visiones diametralmente opuestas sobre el papel del banco central.
La Reserva Federal ocupa un lugar peculiar dentro del sistema estadounidense. Formalmente es un banco central; en la práctica, es uno de los principales pilares del orden financiero mundial. De sus decisiones dependen el costo del crédito, las hipotecas, el comportamiento de Wall Street, la fortaleza del dólar, el acceso al financiamiento mundial y buena parte de la estabilidad económica global.
Estados Unidos sigue representando cerca de la cuarta parte del PIB mundial y el dólar participa todavía en aproximadamente el 58% de las reservas internacionales del planeta. Cuando la Fed sube tasas, el dinero se encarece prácticamente para todo el mundo.
Cuando las baja, los mercados celebran, pero también aumenta el riesgo de inflación y sobrecalentamiento financiero. Por eso, durante décadas, Washington construyó alrededor de la Fed una idea casi sagrada: la política monetaria debía mantenerse lo más lejos posible de los ciclos electorales.
Warsh llega en un momento complicado. Estados Unidos no logra declarar completamente derrotada la inflación. En 2022 los precios llegaron a dispararse por encima de 9%, el nivel más alto en cuarenta años. Aunque posteriormente la inflación se moderó, la Fed aún no consigue regresar cómodamente a su objetivo de 2%.
Paralelamente, las tasas de interés permanecen en niveles no vistos desde hace más de dos décadas y la deuda pública estadounidense ya supera los 36 billones de dólares. Cada movimiento de la Fed impacta directamente en el costo de financiar ese enorme endeudamiento.
La Fed se encuentra atrapada entre dos amenazas: inflación o desaceleración. Y en medio de ambas aparecerá, indiscutiblemente, la presión electoral.
Aunque esta discusión parece lejana para México, en realidad sus efectos pueden sentirse rápidamente en este lado de la frontera. La economía mexicana depende profundamente del comportamiento financiero estadounidense.
Cuando la Fed mantiene tasas altas, el dólar suele fortalecerse, aumentan las presiones sobre el peso y el Banco de México se ve obligado a sostener también tasas elevadas para evitar salidas de capital. Eso encarece créditos, hipotecas e inversión.
Al mismo tiempo, el 80% de las exportaciones mexicanas se dirigen a la Unión Americana, de modo que cualquier desaceleración económica provocada por la política monetaria de la Fed termina dando un coletazo a la manufactura, empleo y crecimiento en nuestro país.
Estados Unidos construyó buena parte de su liderazgo global sobre la fortaleza de sus instituciones. La Reserva Federal era una de las más respetadas precisamente porque operaba lejos de los impulsos electorales de corto plazo.
La llegada de Kevin Warsh no significa necesariamente el fin de esa independencia, pero sí abre una nueva etapa en donde la línea entre poder político y política monetaria puede empezar a difuminarse. Y tratándose del banco central más poderoso del planeta, los daños colaterales difícilmente se quedarán solo en Washington.
Alzas de ventas y precios en vivienda del Valle de México
En el primer trimestre de 2026, la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) registró un total de 6,864 unidades vendidas, lo cual representa un crecimiento anual del 1.2% en el número de ventas, de acuerdo al Informe de Coyuntura Inmobiliaria del 1T2026 de la multinacional de consultoría y valuación inmobiliaria, Tinsa México by Accumin.
El análisis de la demanda inmobiliaria muestra una distribución muy equitativa entre la capital y sus alrededores: el 44% de las ventas corresponden a la Ciudad de México, el 43% al Estado de México y, muy interesante, el 13% restante a Tizayuca, el único municipio de Hidalgo dentro de la ZMVM. Por zonas, el Norte se consolidó como el líder absoluto, concentrando el 39.3% de la absorción total con 2,698 unidades vendidas. Le siguió la zona Centro con una participación del 25.8% (1,774 unidades).
A nivel de municipios y alcaldías, la alcaldía Cuauhtémoc (zona Centro) ocupó el primer lugar en el ranking con 936 unidades desplazadas; seguida por los municipios de Zumpango (774 unidades), Tizayuca (721 unidades) y Tecámac (634 unidades).
Asimismo, por quinto trimestre consecutivo, el segmento Residencial se mantiene con un crecimiento constante en el número de unidades desplazadas con un 6.7%. El precio de venta experimentó un incremento sostenido con una variación anual del 8% respecto al primer trimestre de 2025; el precio promedio por metro cuadrado alcanzó los 53 mil 591 pesos.
Al evaluar la oferta y demanda inmobiliaria de la región, el reporte detecta una contracción en el stock disponible. Las unidades disponibles registraron una disminución anual del 18%, cerrando el trimestre con 986 proyectos de vivienda activos. Pese a esta reducción global del stock, el dinamismo constructivo no se detiene, pues en este periodo ingresaron 6,291 unidades nuevas al mercado metropolitano, provenientes de 97 proyectos nuevos.
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