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Quizás no deberías estar aquí.

por Pep Torres
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El cantante y compositor Sixto Rodríguez tenía 27 años cuando publicó Cold Fact, en 1970, y 29 cuando apareció Coming from Reality, en 1971. En Estados Unidos, ambos discos se hundieron sin dejar una cifra de ventas digna de archivo. Y Sixto decidió abandonar su carrera como músico.

Volvió a Detroit, a trabajos de construcción, a una vida dura sin mucho espacio para la épica. Lo que no sabía era que, al otro lado del mundo, sus canciones habían encontrado una patria. En la Sudáfrica del apartheid, Cold Fact circuló como un objeto casi clandestino. Las estimaciones varían: de 60.000 copias a medio millón o más si se cuentan reediciones y copias informales. Mientras en Detroit Sixto pensaba que había fracasado como músico, una generación de sudafricanos creció con su música de la misma forma que otros crecieron con Michael Jackson o los Rolling Stones.

Como en un universo paralelo, decenas de miles de fans sudafricanos no sabían nada de Rodríguez. Muchos pensaban que había muerto. Algunos rumores lo situaban suicidándose sobre un escenario. A finales de los noventa, dos admiradores empezaron a buscarlo por el mundo. Cuando dieron con él, encontraron a un trabajador de la construcción de 55 años que ignoraba que era famoso.

En marzo de 1998 lo llevaron a Sudáfrica. Tocó seis conciertos con entradas agotadas ante más de 30.000 personas que no daban crédito a ver en vivo a su héroe durante décadas. El tampoco daba crédito a todo aquello. La escena era surrealista: un país descubriendo que su héroe estaba vivo; un músico descubriendo que su fracaso había sido, en la otra punta del mundo, un éxito sin precedentes.

La lectura fácil sería convertir la historia de Rodríguez en una fábula sobre la perseverancia. Pero quizá la lectura más útil es menos romántica. Su caso recuerda que el talento no existe en abstracto. Necesita un sistema que lo entienda, un público que lo descifre y un contexto donde aquello que en un lugar parece irrelevante pueda adquirir sentido. Talento es encaje.

Rodríguez no fue un mal músico en Detroit y un gran músico en Sudáfrica. Fue el mismo artista en dos ecosistemas distintos. Quizá una parte del talento no consiste solo en producir algo valioso, sino en encontrar el contexto donde ese valor puede ser reconocido. Rodríguez tardó más de veinte años en descubrir que había sido escuchado en el sitio equivocado.

Nota: La historia de Sixto Rodríguez fue llevada al cine en Searching for Sugar Man, documental ganador del Oscar en 2013, que reconstruye el misterio de un músico olvidado en Estados Unidos y convertido, sin saberlo, en leyenda en Sudáfrica.

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