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El espejismo de las mañanas o la intolerancia como estrategia de Estado

por El Consejero
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El espejismo de las mañanas o la intolerancia como estrategia de Estado

Cuando Claudia Sheinbaum asumió la presidencia, una de las mayores incógnitas era cómo gestionaría el pesado legado de las conferencias de prensa matutinas ¿Mantendría el mazo de la polarización o colgaría los guantes en pos de una vana tregua nacional?

A casi dos años de distancia, la respuesta es nítida: la “mañanera” no solo sobrevivió, sino que se ha transformado en el termómetro más preciso de la frustración gubernamental. El micrófono, antes usado como un ariete de demolición política, hoy se utiliza como un escudo defensivo cada vez más agrietado.

Al principio de su administración, la presidenta intentó proyectar una imagen de rigor técnico y pasmosa calma. Se nos prometió un giro hacia los datos, una narrativa respaldada por la frialdad de las cifras y no por los arrebatos del carisma. Sin embargo, el choque con la realidad ha sido brutal. Gobernar un país no es lo mismo que administrar una campaña, y el desgaste de una gestión que no termina de arrancar ha comenzado a pasar factura en el estrado.

La serenidad científica ha mutado en una preocupante intolerancia ante la crítica. Es precisamente en la confrontación diaria donde el guion se rompe. Cuando los periodistas cuestionan los persistentes problemas de seguridad, el estancamiento económico o las fisuras en el sistema de salud, la respuesta oficial ya no es el argumento, sino la descalificación o el suspiro de fastidio.

La frustración de constatar que el país real no obedece a los decretos de Palacio se traduce en un endurecimiento del discurso. Quien pregunta con rigor ya no es un interlocutor, sino un adversario que “intenta manchar” el plumaje de la administración.

Ante la terca tónica de los hechos, el comportamiento mediático de la mandataria se ha volcado hacia el maquillaje coreográfico. En la mañanera se ha vuelto habitual ver gráficas con lecturas selectivas, otros datos institucionalizados y narrativas alternativas de la percepción.

Este empeño por construir una realidad paralela revela una paradoja central: entre más se intenta controlar la narrativa, más se evidencia la pérdida de control sobre los problemas estructurales del país.

La intolerancia que se observa en las mañanas no es una muestra de fuerza, sino un síntoma de vulnerabilidad. Es el reflejo de un gobierno que se sabe observado, que se descubre rebasado en áreas clave y que, a falta de resultados tangibles, opta por culpar al mensajero.

A final de cuentas, las conferencias matutinas están dejando de ser un ejercicio de rendición de cuentas para convertirse en un manual de resistencia psicológica al dato duro. Intentar convencer a los mexicanos de que el país avanza con paso firme, mientras la cotidianidad dicta lo contrario, es una apuesta de alto riesgo.

La terca realidad siempre termina por imponerse, y no habrá pantalla, gráfica modificada ni gesto de intolerancia en el atril que pueda maquillarla por mucho tiempo.

No vaya a ser que, en una de esas, adopta la estrategia de inauguración del mundial, y empieza a dar conferencias matutinas solamente en lugares donde el público esté a su favor y la prensa a modo.

La contención justa y necesaria

Las mesas de diálogo con el gobierno federal se justificaban solo para demostrar disposición del gobierno a negociar, sabiendo que la CNTE se mantendría intransigente en sus exigencias de aumento salarial de 100 por ciento, la abrogación de la Ley del ISSSTE con la consecuente desaparición de las Afores y que vuelvan a ser las dirigencias sindicales y los estados los que definan las plazas y la movilidad.

Pidiendo imposibles, era evidente desde hace meses que lo que busca la Coordinadora era la oportunidad de acusar represión en su contra.

El plan de juego, estaba en la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX.

No pudieron impedir la ceremonia ni el partido de inauguración del Mundial. Tampoco bloquear el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, ni siquiera el Fanfest del Zócalo capitalino. Los asistentes al Estadio Azteca llegaron, con algunas dificultades, pero no hubo nadie que tuviera boleto que no pudiera ingresar debido a las manifestaciones.

En avenida Taxqueña hubo presencia de las madres buscadoras, de algunos integrantes del Bloque negro; de los normalistas de Ayotzinapa en la caseta de la autopista a Cuernavaca. Nada se supo de los transportistas y de los extrabajadores de la antigua Mexicana de Aviación.

Vallas, cierre de vialidades, camiones atravesados y bloques de policías, algunos desde semanas antes. Una conferencia de prensa en medios donde el secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez Camacho, explicó que los policías solo usarían escudos y extintores, no habría armas ni toletes.

No se puede hablar de una contención desproporcionada por parte de la policía capitalina ante manifestaciones cuyo éxito estaría en cualquier hecho que pudieran presentar como represión y, sobre todo, tener mártires.

No fue así. Fue la justa y necesaria. Hubo saldo blanco, no hubo detenciones arbitrarias, los encapsulamientos funcionaron, hubo daños a las cercas y objetos arrojados a las vías del Tren Ligero que suspendieron su paso. La noticia fue el triunfo de la selección mexicana sin hechos que ensombrecieran el festejo, en un momento en que el mundo tenía puesta la vista en México.

La CNTE continúa en la Ciudad, y amaga con más marchas y manifestaciones, incluso con moverse a Guadalajara y Monterrey, que ya serán otras las responsabilidades y evaluaciones a las policías locales, no tan fogueadas como la de CDMX en tratar a los maestros disidentes.

Por lo pronto, la policía de la Ciudad de México, se alzó con un punto muy valioso, el principal, el de la inauguración del Mundial.

Cuba: la salida obligada

Hay procesos históricos que se anuncian con grandes discursos y otros que comienzan casi en silencio, a través de decisiones empresariales, movimientos de capital o cambios en su regulación. Cuba ha conocido ambos fenómenos: primero con el establecimiento del embargo estadounidense en los años sesenta y ahora con una nueva generación de sanciones impulsadas por Donald Trump.

Estas últimas han demostrado una eficacia que sorprende. Lentamente se empieza a desarticular el modelo de apertura limitada al capital internacional que el régimen cubano construyó tras la caída de la Unión Soviética.

Desde inicios de los años noventa el turismo y la inversión extranjera funcionaron como una válvula de escape para una economía asfixiada por la desaparición de la URSS. Cadenas hoteleras españolas y canadienses, empresas mineras y operadores internacionales encontraron en Cuba un espacio para hacer negocios bajo un régimen peculiar: convivir con un Estado socialista que, a través de conglomerados como GAESA, mantenía el control de los sectores estratégicos mientras permitía una participación acotada de capital extranjero.

Un modelo que nunca fue fácil, pero que sobrevivió durante más de tres décadas. Ni el embargo estadounidense ni los cambios políticos en Washington lograron desmontarlo. Hasta ahora.

En las últimas semanas, la reducción de operaciones de grupos como Meliá, Iberostar, Blue Diamond o Archipelago International, así como el repliegue de empresas vinculadas a los sectores financiero y minero, ha dibujado un escenario inédito. A ello se suma la decisión de Visa y Mastercard de suspender operaciones relacionadas con la isla, un movimiento especialmente significativo porque trasciende el ámbito turístico y alcanza el corazón mismo del sistema financiero.

Y, como parte de esta misma lógica, Washington ha decidido ampliar la presión directamente sobre la estructura económica del Estado cubano mediante nuevas sanciones a CUPET, la empresa estatal encargada del sector petrolero. El alcance de las medidas ya no se limita al turismo: abarca las finanzas, la energía y, en los hechos, algunos de los principales mecanismos de inserción de Cuba en la economía internacional.

Estas decisiones no deben analizarse de forma aislada. Más que una sucesión de sanciones dispersas, lo que emerge es un intento sistemático de incrementar el costo de sostener el actual modelo económico de Cuba.

Quizá ahí radique la verdadera novedad. Durante más de medio siglo el embargo ha sido criticado por su limitada capacidad para modificar el comportamiento del régimen de la isla. Pero las herramientas financieras y regulatorias desarrolladas por Estados Unidos en los últimos años –ensayadas en casos como Irán, Rusia o Venezuela– han convertido las sanciones en un instrumento mucho más sofisticado. El objetivo ya no es solo restringir el comercio; es incrementar el riesgo de tal manera que los actores privados se autoexcluyan y que el propio funcionamiento de la economía se vuelva más costoso.

Lo que estamos observando podría ser el cierre de un ciclo histórico. El modelo de integración limitada de Cuba con la economía global, nacido como respuesta a la crisis de los años noventa, parece haber entrado en una fase de agotamiento. La isla corre el riesgo de perder una parte importante de su inversión occidental y depender cada vez más de acuerdos estatales o alianzas estratégicas con un reducido grupo de socios internacionales.

La moraleja de esta historia es que en el siglo XXI, el poder económico ya no necesita prohibir para ser eficaz: le basta con alterar los incentivos. Y quizá el mayor éxito de la nueva estrategia de Donald Trump hacia Cuba no sea haber impuesto más sanciones, sino haber convencido a las empresas de que permanecer en la isla ya no compensa el riesgo.

Segunda mitad de año de diversión

Con la visita de turistas nacionales y extranjeros con motivo del Mundial de Fútbol a la Ciudad de México, a lo que se suma la temporada vacacional de verano, la capital del país ofrece una amplia oferta de atractivos culturales, arquitectónicos, arqueológicos, gastronómicos y de entretenimiento.

Entre estos últimos, está Six Flags México, el parque de diversiones más grande de América latina, el cual estará abierto todos los días desde la semana pasada hasta el 30 de agosto. Asimismo, arranca la temporada de festivales de la segunda mitad del año y, muy a tono con el Mundial, tendrá el Soccer Experience, en fechas seleccionadas, con experiencias interactivas y shows en vivo para hacer del parque un espacio vibrante lleno de pasión futbolera.

También en verano arranca el Héroes y Villanos Fest, con los personajes de DC Comics y, por primera vez, desde el 4 de septiembre empezará el Festival del Terror con una experiencia más intensa e inmersiva que no se puede perder, incluida la celebración del El Grito en Six Flags en la mejor tradición mexicana. Y para diciembre, llegará Christmas in the Park, una de las temporadas más emblemáticas del parque, y cerrará con el festejo del Año Nuevo en el parque.

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