La inflación en México bajó a 4.11% anual en mayo, su nivel más bajo en meses. Aunque los precios crecen más despacio, el analista Manuel Herrejón advierte que las familias aún no sienten alivio: la vida sigue cara y el reto ahora es recuperar poder adquisitivo.
La inflación en México volvió a desacelerarse durante la primera quincena de mayo y se ubicó en 4.11% anual, su nivel más bajo en los últimos meses, de acuerdo con cifras del INEGI. El dato generó una lectura positiva en mercados y especialistas, al mostrar una moderación gradual en el ritmo de crecimiento de los precios después de varios años de presión inflacionaria.
El Índice Nacional de Precios al Consumidor registró incluso una disminución quincenal de 0.16%, impulsada principalmente por la reducción estacional en tarifas eléctricas y algunos productos agropecuarios. Sin embargo, la inflación subyacente, la que refleja de mejor manera las presiones estructurales de la economía, permaneció en 4.22%, todavía por encima del rango objetivo del Banco de México.
En ese contexto, el analista económico Manuel Herrejón Suárez advirtió que la desaceleración inflacionaria no necesariamente significa que las familias mexicanas sientan un alivio inmediato en su vida cotidiana. “La inflación baja, pero la vida no se siente más barata”, señaló en su más reciente análisis.
Manuel Herrejón sostuvo que existe una diferencia importante entre desaceleración inflacionaria y reducción de precios. “Cuando la inflación baja, no significa que los precios retroceden; significa que siguen subiendo, pero más despacio”, explicó.
Y es que, la percepción coincide con el comportamiento reciente de distintos productos y servicios. Aunque la inflación general mostró moderación, rubros como alimentos, servicios y mercancías continúan registrando aumentos relevantes. Productos como jitomate, chile poblano y papa siguen presionando el gasto familiar, mientras servicios vinculados con educación, vivienda y consumo cotidiano mantienen incrementos acumulados importantes.
Además, el contexto económico sigue mostrando señales mixtas, comentan los expertos. Mientras la inflación desacelera gradualmente, la economía mexicana reportó una contracción trimestral de 0.6% en el primer trimestre de 2026, reflejando menor dinamismo interno y un entorno internacional más incierto.
Para Manuel Herrejón, el principal reto económico comienza a trasladarse ahora hacia el desgaste financiero acumulado de hogares y empresas. “La gente aprendió a vivir gastando más para obtener prácticamente lo mismo. Y eso modifica hábitos, consumo y decisiones patrimoniales”, afirmó.
Asimismo, Herrejón Suárez consideró que millones de familias mexicanas continúan enfrentando presión financiera pese a la moderación de algunos indicadores macroeconómicos. El aumento acumulado de precios en años recientes redujo márgenes de ahorro, elevó dependencia del crédito y volvió más sensibles los presupuestos familiares frente a cualquier gasto extraordinario.
De acuerdo con datos del Banco de México, las tasas de interés continúan en niveles relativamente elevados pese a los recortes recientes, lo que mantiene presión sobre financiamiento, hipotecas y tarjetas de crédito. El banco central redujo recientemente su tasa de referencia a 6.50%, aunque analistas mantienen cautela sobre la velocidad de futuros ajustes ante persistencia inflacionaria.
Herrejón agregó que el debate económico no debería centrarse únicamente en celebrar una menor inflación, sino en recuperar capacidad adquisitiva real para familias y empresas. “Una economía puede estabilizar precios y, aun así, mantener agotada a su población”, sostuvo.
Igualmente señaló que parte de la resiliencia mostrada por la economía mexicana durante los últimos años se construyó a costa de mayores ajustes financieros dentro de los hogares. El consumo se sostuvo, el empleo resistió y el peso mantuvo fortaleza relativa frente al dólar, pero millones de personas absorbieron incrementos importantes en alimentos, servicios, transporte y costo financiero.
Por ello, advirtió que el siguiente desafío económico para México ya no es únicamente desacelerar inflación, sino reconstruir capacidad de maniobra financiera para la población.
“La inflación comienza a enfriarse, pero el desgaste acumulado sigue completamente vivo”, concluyó.