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Un gobierno a la altura de Nuevo León

por Pedro Garcia
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Waldo Fernández González, Senador con licencia y miembro del partido de Morena

Pocas sociedades en México han construido una identidad tan profundamente ligada al trabajo como Nuevo León. Hombres y mujeres de todos los oficios y profesiones hicieron del esfuerzo cotidiano una forma de entender el desarrollo. Esa cultura de trabajo convirtió a nuestro estado en un referente nacional de industria, innovación y competitividad.

Precisamente por eso, gobernar Nuevo León exige mucho más que administrar una estructura pública. Exige entender el tamaño de la responsabilidad que implica conducir un estado que todos los días demuestra su capacidad para salir adelante. Exige, sobre todo, que las prioridades del gobierno coincidan con las prioridades de su gente.

Pero esa misma fortaleza convive con desafíos que no pueden seguir postergándose. La contaminación deteriora la calidad de vida de millones de personas. La movilidad y el transporte público consumen horas que las familias deberían dedicar a su trabajo, a sus hijos o a su descanso. La inseguridad demanda atención permanente. La deuda compromete cada vez más el futuro del estado. El acceso al agua continúa exigiendo decisiones de largo plazo.

Todos esos desafíos comparten una característica: no pueden esperar. La contaminación no se toma vacaciones. La inseguridad no hace pausas. El transporte público no mejora por sí solo. La deuda no se detiene. Los problemas de Nuevo León no aparecieron ayer. Tampoco pueden seguir esperando. Gobernar es una tarea de todos los días.

Si una sociedad como la nuestra ha sido capaz de construir todo lo que hoy distingue a Nuevo León gracias a su talento, su capacidad industrial y su cultura de trabajo, ¿qué podría alcanzar con un gobierno que estuviera a la altura de esa sociedad?

Desde la Cuarta Transformación hemos defendido una convicción: gobernar implica ejercer el poder con responsabilidad y ponerlo al servicio del pueblo. En un estado como Nuevo León, ese principio exige tener prioridades claras, dedicar toda la energía a conducir el estado y asumir plenamente la responsabilidad que la ciudadanía deposita en sus instituciones.

Un gobierno serio entiende que las decisiones importantes casi nunca son las más sencillas. Sabe distinguir entre lo urgente y lo importante. Tiene la capacidad de pensar más allá del aplauso del momento y concentrarse en las decisiones que definirán el rumbo de los próximos años. Esa diferencia es la que separa la administración de la conducción y la coyuntura de la visión de futuro.

El verdadero riesgo para Nuevo León no es carecer de talento, trabajo o capacidad para salir adelante. El verdadero riesgo sería acostumbrarnos a que la calidad de nuestros gobiernos esté por debajo de la calidad de nuestra sociedad.

Porque la grandeza de Nuevo León la construyen todos los días hombres y mujeres que salen de madrugada a trabajar, levantan un negocio, trabajan en una fábrica, conducen un taxi o un camión, enseñan en un salón de clases, investigan en una universidad, cuidan de sus familias y, desde cualquier oficio, hacen avanzar este estado.

Los problemas de Nuevo León necesitan gobierno. Eso es, precisamente, estar a la altura de Nuevo León.

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