El junio, mientras diversos estadios albergan los partidos del Mundial 2026, más de 100 mil trabajadores del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) operan turnos de ocho, doce y dieciséis horas en campos, refinerías y terminales marítimas a lo largo del país. Ellos siguen el torneo, si acaso, desde la pantalla de una sala de control.
México es sede de trece partidos mundialistas este verano entre Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, y la demanda eléctrica nacional podría registrar picos históricos cercanos a los 54 mil megawatts durante las transmisiones, de acuerdo con proyecciones del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE). Esa demanda puede escalar hasta 10% por encima de los niveles normales de un día de verano, sumando el calor, el uso de aire acondicionado y el consumo simultáneo de millones de hogares, comercios y pantallas encendidas al mismo tiempo.
El combustible que mueve esa electricidad tiene un origen preciso y una cadena operativa que arranca mucho antes de que encienda cualquier pantalla. Arranca en los pozos de los campos del Golfo de México, en los complejos de proceso de Veracruz y Tabasco, en las líneas de ductos que atraviesan el país y en las terminales marítimas que garantizan el abasto. Cada eslabón de esa cadena depende de trabajadores sindicalizados de Pemex que este verano operan bajo las mismas condiciones que en cualquier otro turno, con la diferencia de que la demanda al otro lado nunca ha sido tan alta ni tan simultánea.

Esta semana, mientras el país debate goles y resultados, el STPRM también sentó a sus representantes frente a la mesa de revisión salarial con Pemex. La negociación cubre el ingreso, la atención médica, el abasto de medicamentos y las condiciones de seguridad de los trabajadores que sostienen esa operación. Una fuerza laboral con certeza sobre su ingreso y su salud opera mejor, responde más rápido a contingencias y sostiene por más tiempo la producción que el país no puede permitirse interrumpir, menos en un verano de demanda sin precedentes.
El 22 de junio, días antes de que arrancara la mesa de negociación, el secretario general Ricardo Aldana Prieto entregó las primeras veinte viviendas del fraccionamiento Ampliación 17 de Enero en Ciudad Madero, Tamaulipas, resultado del cumplimiento del Contrato Colectivo de Trabajo. Antes de que cierre el año llegarán 97 más. “La vivienda es un derecho que cada trabajador se ha ganado con el sudor de su frente, con el riesgo que asume y con su lealtad a Pemex y a México”, dijo Aldana en ese acto. La frase se aplica igual en la mesa salarial que en la cancha de operaciones.
México celebra este verano que es anfitrión de uno de los torneos más grandes de la historia del futbol. Esa celebración tiene infraestructura debajo, y esa infraestructura tiene nombres y apellidos: los de los trabajadores que entran al turno de la madrugada en Reforma, Burgos, Veracruz o Campeche para que el país pueda ver el partido.