Por Tatiana García
En México existen dos generaciones que parecen enfrentar problemas completamente distintos.
Por un lado, miles de jóvenes terminan sus estudios y descubren que conseguir su primer empleo requiere experiencia que aún no han tenido oportunidad de adquirir. Por el otro, profesionistas con décadas de trayectoria enfrentan un mercado que exige nuevas habilidades digitales, adaptación constante y, en muchos casos, superar prejuicios asociados a la edad.
Aunque las circunstancias son diferentes, el desafío es el mismo: mantenerse empleables.
Los indicadores laborales muestran una realidad que va más allá de la tasa de desempleo. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, en mayo de 2026 la tasa de desocupación fue de 2.8%. Sin embargo, 55.2% de la población ocupada trabajaba en la informalidad, lo que significa que más de la mitad de quienes sí tienen un empleo lo hacen sin acceso pleno a seguridad social o prestaciones laborales. Esto demuestra que el reto no es únicamente encontrar trabajo, sino acceder a empleos de calidad y con oportunidades de desarrollo.
Para los jóvenes, el principal obstáculo continúa siendo la transición entre la educación y el mundo laboral. Las empresas demandan experiencia, competencias digitales y habilidades como liderazgo, comunicación, pensamiento crítico y resolución de problemas. La preparación académica sigue siendo fundamental, pero ya no garantiza una inserción laboral exitosa si no está acompañada de experiencia práctica y aprendizaje continuo.
Es justamente en ese primer contacto con el mercado laboral donde el currículum cobra especial relevancia. Más que un requisito administrativo, es una herramienta para hacer visible aquello que una persona puede aportar: conocimientos, habilidades, experiencia y potencial. El curriculum ofrece una oportunidad para recordar que este documento también debe evolucionar al ritmo del mercado laboral.
Mientras tanto, la realidad de los adultos es distinta, pero igualmente desafiante. La acelerada transformación tecnológica, la automatización y la incorporación de inteligencia artificial han cambiado las reglas del mercado laboral. Hoy, la experiencia sigue siendo un activo invaluable, pero necesita complementarse con actualización constante. La capacitación ya no es una ventaja competitiva; se ha convertido en una condición para permanecer vigente.
Esta situación cobra mayor relevancia si consideramos que, según el INEGI, la Población Económicamente Activa supera los 62 millones de personas. Cada año se incorporan miles de jóvenes al mercado laboral, mientras millones de trabajadores experimentados buscan mantenerse productivos durante más tiempo debido al aumento en la esperanza de vida y a la necesidad de prolongar su vida laboral.
Por eso, hablar de empleabilidad implica mirar más allá de la responsabilidad individual. También depende de las decisiones que tomen empresas, universidades y gobiernos. Las instituciones educativas deben formar perfiles acordes con las necesidades actuales del mercado; las organizaciones tienen el reto de impulsar programas de capacitación y desarrollo para todas las edades; y las políticas públicas deben facilitar tanto el acceso al primer empleo como la reinserción y actualización profesional.
México enfrenta una oportunidad histórica con fenómenos como el nearshoring, la digitalización y el crecimiento de industrias de alto valor agregado. Sin embargo, ninguna estrategia de crecimiento será suficiente si el país no cuenta con personas preparadas para responder a estas nuevas demandas.
El verdadero desafío no es elegir entre impulsar el talento joven o proteger la experiencia de quienes llevan años construyendo su carrera. La competitividad de México dependerá de su capacidad para integrar ambas generaciones en una misma estrategia de desarrollo.
México no enfrenta una falta de talento, sino una falta de conexión entre el talento y las oportunidades. Los jóvenes necesitan una puerta de entrada; los profesionales con experiencia, una oportunidad para seguir vigentes. La solución está en construir una estrategia de empleabilidad que una educación, capacitación y empresa. Aprovechar a ambas generaciones no es sólo una cuestión laboral: es una condición para que el país pueda convertir su talento en productividad, innovación y crecimiento.